Blog  

Últimas publicaciones

Hace días que estoy pensando que en la pandemia en la que todos vivimos desde hace un año hay grandes dosis de desconcierto. Es un desconcierto profundo que va más allá de las medidas adecuadas que debemos tomar para protegernos del covid. Aunque existe también porque por las redes sociales, los periódicos, las emisoras de radio y televisión circulan todo tipo de informaciones que difunden quienes se consideran y autodefinen como científicos. Claro está que los hay serios y consecuentes, pero hay otros muchos que se presentan como expertos y no se reprimen al juzgar las medidas que defiende el ministerio de Sanidad o los departamentos de Salud de las comunidades autónomas sin ningún tipo de recato. Estamos rodeados de virólogos, epidemiólogos, estadísticos, físicos, matemáticos, periodistas, tertulianos…que cuestionan todas las decisiones que se toman y recomiendan otras de su propia cosecha. Leer más
Salvo aquellos que como Thoreau hayan tenido la feliz posibilidad de haberse ido a vivir a los bosques, los demás estamos atados a la tecnología. Lo que antes fue una elección ahora resulta imprescindible para la vida diaria, y si no era poco convivir con las amenazas a la privacidad o los excesos de vigilancia, ahora nos enfrentamos a la opacidad de los algoritmos. Que como además forman parte de la inteligencia artificial parecen algo arcano, difícil de entender y que se concretará en el futuro. Nada más lejos de la realidad. Las IAs ya están tomando decisiones como programas que, orientados por el programador hacia un fin, persiguen un objetivo. En las anteriores revoluciones industriales esa conquista fue maravillosa, y ajena a la ética, pues si por un lado de la máquina metías metal y por el otro salían tornillos, qué maldad podía encerrarse en la fabricación. Hoy es bien distinto, porque las IAs están ayudando a gobiernos, fuerzas y cuerpos de seguridad o científicos a tomar decisiones que nos afectan, y mucho. Leer más
Al país le hace falta, en efecto, mucho aire: lo pide el edificio constitucional, que muestra algún desgaste en los forjados; la coalición de gobierno, que debería dejar los sueños secos, húmedos y gaseosos para el doctor Freud; la ladrante e irrespirable oposición, que aún no acepta (igual que Trump) un resultado electoral que la invita a acomodarse en los bancos de la derecha: ventílenlos, que esta será su casa por tanto tiempo como sigan sus dislates y extravíos. Debe orearse la barrica del poder judicial y procurar que este no se pase de añejo para que no pierda nobleza y se avinagre. Debe tomar aire y tiempo el periodismo, abjurar del politiqueo y abrazarse a la verdad, así que ventilémonos todos, ¡si hasta la liga de fútbol quiere el señor Florentino Pérez ventilar! ¡Ah! Y no olvidemos hacerlo en casa, porque el virus sigue vivo por más que las vacunas nos den ánimo, protección y esperanza. Abrir las ventanas, las mentes y los corazones. Abrirnos. Ventilar. Ventilemos. Leer más
La semana pasada el Tribunal Administrativo de París condenó al Estado francés por incumplir sus promesas en materia de lucha contra el cambio climático, imponiéndole el pago de un euro a cada una de las cuatro oenegés demandantes. Simbolismos aparte, el Tribunal se da un plazo de dos meses para estudiar de qué forma fuerza al Gobierno a tomar las medidas oportunas para reaccionar y cumplir con sus compromisos previos. Dos son las posibilidades que baraja: sanciones económicas o una lista de objetivos que obligará a satisfacer en plazos prefijados, opción preferida por unos demandantes respaldados por 2,3 millones de firmas. Leer más
Uno de los poemas más célebres de Paul Celan (1920-1970) es el que aquí ofrecemos, "Todesfugue", cuando se ha cumplido el centenario del nacimiento del autor. Escrito originariamente en rumano ("Tangoul Morţii", es decir, "Tango de la muerte"), Celan lo reescribió luego en alemán. Su ruptura con el idioma y sus reiteraciones obsesivas hacen de este "poema alucinante", como escribió Valente, "uno de los textos que con más terrible luminosidad y belleza da testimonio de la historia de su tiempo, de un tiempo que fue el nuestro". Lo damos en la espléndida versión de Jaime Siles, con la que se abre el "Pliego" del actual número de El Ciervo. Leer más
Me muero de frío, en Barcelona, no es una expresión para enfatizar sobre bajas temperaturas. Es un relato literal de la muerte de dos personas la noche del 10 al 11 de enero y de a los pocos días la tercera muerte. Que no distraigan nuestra opinión con la idea de que hay personas que no quieren ir a un albergue. Dos educadores de calle de la Fundación Arrels lo cuentan con claridad y comentan los errores en torno a esta cuestión. Leer más
​Unidad, reencuentro y reconstrucción fueron tres ideas fuerza del discurso inaugural del presidente Biden. La reconciliación —así la llamamos aquí en momentos también de especial gravedad e incertidumbre— será el objetivo de su mandato. La nuestra funcionó y sería bueno que aquellos que hoy la ponen en duda (que no son los que la protagonizaron sino los que se beneficiaron de ella) tomen nota de adónde llevan los desgarros: al desastre y a la obligada y a menudo dolorosa necesidad de recoser. Leer más
Hace unas pocas semanas, un artículo de Josep M. Lozano en La Vanguardia me hizo pensar. "¿Hablar de vocación?". Lo titulaba entre interrogantes, pero la intención estaba clara. Lo recomiendo. ¿Oyen hablar muchos jóvenes de vocación? Lo dudo. En mis clases de Ética empresarial durante años en la universidad, cuando llegábamos al tema quinto sobre el trabajo, hablaba y proponía lecturas a los estudiantes sobre la vocación. Parecía difícil. A muchos de nosotros, los más mayores, nos suena a palabra religiosa. A los más jóvenes ni les suena la palabra. No creo que supieran responder sobre su significado, más allá de lo que alguno haya leído. Unos años más tarde, al entrar los estudiantes en la universidad se puso de moda hablarles sobre la marca. Su tarea como estudiantes era construir su "marca" (sic). La marca era la señal de identificación que en el mercado les hacía diferentes, que aportaba "valor añadido" (sic). Leer más
Mi madre supo que estaba enferma el viernes 16 de octubre, entre las diez y las once de la mañana. La violencia, entonces, se apoderó de mí, y creí enloquecer. Salí de la oficina con mi hermano al teléfono, él solo lloraba y gritaba, imagen que, con toda probabilidad, inventé después. Nunca aprenderé que hay personas que, sencillamente, elevan la voz. Podría enumerar sin mucho esfuerzo a las personas que llamé desde el autobús. A día de hoy, continúo hablando con ellas diariamente, yéndome a dormir leyendo sus mensajes. Escucho sus voces. Pero solo una viene, me pone la mano sobre la cara y me dice que es hora de cerrar los ojos. Ahora, no antes, me pregunto si verdaderamente he leído algo desde entonces, con autenticidad; si he sido capaz de hacer que una frase se encuentre con mi amor enrabietado y solitario y entender su sentido. Ahora, no antes, me pregunto si he escrito más allá de estos tres versos pesados y morosos: «[…] dime / si tendré el rostro de / mi madre al enfermar». Ahora, no antes, me pregunto por qué leía el 16 de octubre en el metro «Una mujer» (2020) de Annie Ernaux, por qué resuena en mí su lectura y qué significa que cada palabra se sienta como un golpe en la boca del estómago. Leer más
Al poco de sentarse le sonó el teléfono, contestó, pronunció con un sollozo el nombre de la que supuse que era su amiga y se arrancó a contarle en voz baja sus penas de amor. No paró de llorar durante la hora y media larga que duró el viaje en AVE de Valencia a Madrid. Era un llanto contenido, que sofocaba con las manos, un llanto en voz baja. La chica estaba sentada detrás de mi asiento y yo la veía a través del cristal de la ventanilla. Íbamos casi solas en el vagón. Estuvo hablando largo rato por teléfono, siempre con la misma persona, a trompicones, como siempre sucede en el AVE. Cada vez que se cortaba ella miraba por la ventana y seguía llorando, hasta que volvía a conectar con su amiga. Yo ya no pude dejar de escucharla. Se explicaba tan bien, era tan universal, tan reconocible lo que contaba... Leer más