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Categoría de las publicaciones / Anna Caballé

La función principal de la carta ha sido siempre la comunicación. Alguien tiene algo que decir a otra persona y ese es el motivo para establecer una correa de transmisión gracias a la cual la distancia geográfica o mental ha logrado superarse. Hasta la llegada del teléfono las cartas iban y venían constantemente, de una calle a otra de la misma ciudad, de una ciudad a otra, de un país a otro, de uno a otro imperio… Eran el único modo eficaz de ponerse en contacto y, como ahora ocurre con el correo electrónico, la gente ocupaba una parte significativa de su tiempo (que podía ser de toda una mañana o una tarde) para mantener al día el correo. En la medida en que las cartas tienen un destinatario concreto, indicado bien en los mismos pliegues del papel (procedimiento habitual cuando la carta se entregaba en mano) bien en el sobre, su contenido dependerá de a quien se dirigen. Leer más