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Categoría de las publicaciones / Carles Padró

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8-04-2019
En una entrevista reciente de La Vanguardia al exministro Josep Piqué, éste afirmaba que debido a razones de peso económico, demográfico y comercial "el estrecho de Malaca –donde se unen los océanos Pacífico e Índico– es hoy el centro del mundo". Tal aseveración debería como mínimo hacer reflexionar a cualquier ciudadano europeo, acostumbrado a ver su continente en el centro de todos los mapas. Y es que da la impresión de que esta Europa anda algo perdida. Su condición de faro indiscutible de la Humanidad a lo largo de los siglos ha sido siempre el aval para hacer valer –cuando no imponer– su concepción del mundo, pero desde que la Globalización lo cambió casi todo, el Viejo Continente parece a veces exactamente eso; una vieja gloria cargada de reconocimientos que reivindica su legado ante una audiencia joven y digitalizada que piensa más en el 5G que en los derechos y libertades ganados gracias a la Revolución Francesa. Leer más
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30-07-2018
​Ahora que estamos en pleno período vacacional, hablemos de cosas serias. Es decir, de fútbol y del Mundial que acaba de finalizar. Porque, al parecer, todo el mundo se ha puesto de acuerdo en que ha sido un éxito rotundo de organización. Nadie ha tenido problemas (excepto las cuatro activistas de Pussy Riot que saltaron al césped durante la final), la seguridad ha parecido estar garantizada en todo momento y Rusia ha proyectado al mundo una imagen de país serio y fiable. Un país serio, fiable y moderno, no un viejo lobo expansionista que envenena a sus enemigos por las calles de Londres como piensan algunos. Leer más
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19-04-2018
Uno de los problemas que más corroe las entrañas de España es el frentismo visceral. Facha o rojo, casta o pueblo, del Barça o del Madrid, monárquico o republicano, patriota o separatista… La cuestión es dejar claro por qué escudo luchamos y de paso liberar tensiones, acto nada baladí en un país tan fatalmente sobrado a veces de testosterona. Estamos tan acostumbrados a militar en una idea, que casi sin darnos cuenta etiquetamos al otro como enemigo. Mala cosa, porque el frentismo es un "estás conmigo o contra mí" que imposibilita hacer de las diferencias y los matices, virtud de nuestra sociedad. Leer más
Pongamos que Oprah y Trump se enfrentan en las elecciones de 2020. Donald Trump y Oprah Winfrey; un empresario que forjó su imagen pública en la televisión contra una presentadora de televisión metida a empresaria y a unas cuántas cosas más, entre ellas la filantropía, que el diccionario de la Rae define como Amor al género humano. Si la profecía se cumple y estas dos estrellas televisivas –y multimillonarias- compiten por ocupar la Casa Blanca, habremos conseguido sublimar la fusión de la realidad con la ficción y entronizar al personaje en detrimento de la persona. Suena apocalíptico, pero llevamos tiempo esforzándonos mucho para que así suceda. Hay múltiples y diversas razones para explicar el fenómeno, pero el éxito de la Cultura Light -como la llamaba uno de mis maestros, Ramón Massó, a quién deseo buen viaje y dedico estas líneas- resulta clave para entender por qué. Leer más
Si la palabra de 2016 en inglés según el prestigioso Diccionario Oxford fue "post-truth", la de este año -aunque sean dos- debería ser "fake news". Si así fuera (y si no también), sería la constatación de un drama que se masca desde hace tiempo: que informarse y buscar la verdad de los hechos empieza a ser una tarea más que complicada. Porque las "fake news" o noticias falsas han venido para quedarse. Para quedarse y para difuminar un poco más la delgada línea que a veces separa la realidad de la ficción, cosa que nos aboca a la confusión absoluta y a una institucionalización abierta y descarada de la desinformación que sin duda engendrará sociedades menos libres. Cierto que lo de la desinformación no es algo nuevo, pero a diferencia de antes ahora crece y se reproduce a toda velocidad gracias a la decadencia de los medios tradicionales, a las grandes plataformas tecnológicas como Facebook o Google y al bajo coste de producción de las también llamadas "alternative facts", término que encierra un mayúsculo e indisimulado cinismo. Porque no me dirán que llamar hechos alternativos a falsedades o directamente mentiras no es de un cinismo desatado y sinvergüenza. Leer más