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Publicaciones de Mariola Cubells

Al poco de sentarse le sonó el teléfono, contestó, pronunció con un sollozo el nombre de la que supuse que era su amiga y se arrancó a contarle en voz baja sus penas de amor. No paró de llorar durante la hora y media larga que duró el viaje en AVE de Valencia a Madrid. Era un llanto contenido, que sofocaba con las manos, un llanto en voz baja. La chica estaba sentada detrás de mi asiento y yo la veía a través del cristal de la ventanilla. Íbamos casi solas en el vagón. Estuvo hablando largo rato por teléfono, siempre con la misma persona, a trompicones, como siempre sucede en el AVE. Cada vez que se cortaba ella miraba por la ventana y seguía llorando, hasta que volvía a conectar con su amiga. Yo ya no pude dejar de escucharla. Se explicaba tan bien, era tan universal, tan reconocible lo que contaba... Leer más
Regresaba en el AVE de Madrid a mi casa, en Valencia, como casi todas las semanas. En esa hora y media larga suelo leer, repasar artículos, responder whasp, resolver entuertos… Estaba de verdad exhausta tras un día intenso de trabajo, en ese Madrid caótico y amable al tiempo, pero siempre agotador. Llevaba en el bolso un libro corto, Ellas pisaron la luna se llama, de Belén Gopegui que tenía pendiente de lectura. Y el ordenador, que arrastraba conmigo para acabar una crónica sobre un escabroso asunto televisivo: la supuesta violación de una concursante de GH Revolution, en 2017. Leer más
No entendí que los Oscars premiaran Green Book, esa peli meliflua mil veces vista (o como la han llamado ya, con sarcasmo, Paseando a Miss Daisy 2). Tampoco entendí que estuviera nominada junto a otras obras ramplonas como Bohemian Rapsody, directamente absurdas como Black Panter, aburridas y grandilocuentes como La Favorita o previsibles como Ha nacido una estrella. Y por supuesto no entendí que no saliera vencedora Roma, la más rotunda, la más completa, la más alejada de lo convencional, la más convincente de todas las que estaban en esa carrera. Leer más
"¡Qué diferente podría haber sido todo, qué minúsculas las causas y qué devastadoras las consecuencias!". La frase pertenece al libro Tiene que ser aquí, de Maggie O'Farell, que es una de esas lecturas que nunca te cansarías de recomendar. Una historia de amor hermosa, perfectamente contada, repleta de personajes conmovedores. Hace ya varias años descubrí el motivo por el que yo nunca escribiría ficción: determinada literatura, alta, grande, majestuosa, esos autores perfectos que han narrado historias igual de perfectas. Una literatura que me llevaba a esta reflexión: ¿soy capaz de escribir así de bien, de contar algo tan bien, de dedicarle mi tiempo, mi esfuerzo, mi energía a un párrafo? Leer más
Hay libros que llegan a una como agua de mayo. Para una fatalista histórica como yo, que hace suya la frase de Dante, Abandonad toda esperanza, leer la obra de Rebecca Solnit, una escritora, periodista, activista, una de las 25 visionarias que están cambiando el mundo, es un bálsamo y una espoleta al mismo tiempo. En Esperanza en la oscuridad Solnit me recuerda lo que siempre me dice mi marido, que es también a su modo un visionario: los cambios casi nunca son sencillos, las victorias nunca son totales, la vida no suele ser lineal, los triunfos sociales, que suponen un avance, pueden tardar siglos y generalmente no los disfrutan quienes los disputaron. Leer más