El llanto

Claudia ya tiene un mes y medio. Poco a poco hemos ido haciendo plantes. Al principio estábamos acobardados. Cómo podía ser fuerte alguien tan diminuto. Primero dimos una vuelta a la manzana con ella, después llegamos a un parque y nos tomamos unas bravas mientras dormía, una noche salimos con el cochecito para cenar fuera en una terracita, hasta san Juan. Celebramos la verbena en Calella con la familia, cogimos el coche, anclamos el capazo, e hicimos su maleta con bodies, pezonera, biberones, pañales, chupetes, toallitas, arrullos. Habíamos normalizado el hecho de ser padres.

Lo que más nos preocupa es el llanto. Parece que está mal visto. El bebé se pone a llorar y si tardas más de 5 minutos en consolarlo, las personas que van en el autobús te miran como preguntando cómo es que si sois sus padres no lográis consolarla. Dan ganas de responder si tienen alguna solución mágica. Estas escenas me llevan a pensar en el llanto. Lo que les pasa a los pasajeros del autobús es que les molesta el llanto. Que alguien llore, bebé o adulto, parece que incomoda. Sin embargo es una manera de comunicarse con los otros o con uno mismo.

Dicen que los bebés lloran por hambre, calor, frío, pañal sucio, dolor (cólicos o otros), sueño. Apostaría que Claudia también llora por aburrimiento (la ilusión que le hace que le pasee me dice eso), por cansancio o porque se siente sola en este mundo nuevo (papá y mamá están aquí, no paro de repetirle).

De mayores dejamos de llorar por estar sucios, o tener hambre, o tener sueño (alguno lo hay que se pone de igual o peor humor que los bebés por esas causas). En cambio, las causas sin remedio fácil como la soledad, la rabia, la frustración, la nostalgia, la impotencia e incluso el dolor y el cansancio… puede que nos hagan llorar a nosotros también.

Y es que en medio de un nacimiento recupero esta cita “Como dijo alguien, el ser humano ha emergido de la nada para asomarse a la conciencia de su propia muerte, y somos libres de interpretar este hecho como una maldición o un privilegio. En todo caso es un destino difícil de sobrellevar, y en eso todos los seres humanos hemos estado de acuerdo desde el origen de los tiempos. Es por eso que necesitamos integrarnos con los demás a través del afecto y sobre todo el amor para reconfortarnos de la angustia. Espero que esto no suene como una interpretación pesimista de esta aventura inmensa que es la vida porque no se trata de esto”.

Salir después de 9 meses en un vientre, a oscuras, comprimida, con el sonido del latido, desnuda y calentita a otro mundo en el que hace frío y calor, ve luces raras, la vestimos, ruidos estrepitosos, pérdida de la compresión y contacto. Cómo no va a llorar, si nosotros aún lo hacemos aunque sea de escondidas o a solas.

Lucia Montobbio, periodista y mediadora

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