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Reducción de daños

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17-06-2020

Hace unos diez años, un grupo de profesionales sanitarios que trabajaba en un servicio de atención a usuarios de drogas me explicó el concepto de reducción de daños. Recuerdo que en aquel momento tenía ciertas reticencias a aceptarlo, pero con el tiempo me he convertido en una defensora de esta idea.

El equipo sanitario al que me he referido -médicos, enfermeras y asistentes sociales-  aceptaba que los usuarios fueran consumidores de drogas activos. Pero procuraba que dejaran de asumir riesgos en su adicción y, por ejemplo, entre otras iniciativas, promovían la entrega de material no contaminado para inyectarse heroína o cocaína. El objetivo era muy claro: evitar el contagio del sida, que en aquel momento estaba en cifras muy elevadas, para lo cual invitaban a los usuarios a que no compartieran jeringuillas y las utilizaran una sola vez. Ahí estaba la reducción de daños.

El mismo equipo sanitario era partidario de repartir jeringuillas en prisiones para conseguir que los reclusos no se contagiaran de esta y otras enfermedades.

Después de estas intervenciones plantearon la necesidad de instalar una sala de venopunción en el mismo servicio. Me pareció una idea fuera de lugar porque entendía este recurso sanitario como una especie de invitación a los usuarios de drogas a que siguieran inyectándose su dosis. Pero poco después comprendí que las salas de venopunción sirven para que disminuyan las muertes por sobredosis porque están atendidas por personal sanitario que procura que los usuarios se inyecten la dosis adecuada y lo hagan en condiciones higiénicas, sin riesgos.

En España hay algo más de 74.000 consumidores de opiáceos usuarios de drogas activos, según el European Monitoring Centre for Drug Addiction, 2018. Solo hay  salas de venopunción en dos comunidades, Cataluña y País Vasco, porque algunas las han cerrado. Había oposición de los vecinos. Pero está claro que son un buen recurso y que los responsables municipales son quienes tienen que encontrar el lugar adecuado para instalarlas.

Este es el concepto de reducción de daños que no veía con buenos ojos al principio, pero hoy soy una de sus defensoras. Es una idea secundaria -en el sentido de que no es primaria- y me gusta reflexionar y compartir estas propuestas. Permite observar a los usuarios de drogas desde otro punto de vista y prevenir las enfermedades que suelen ir asociadas al consumo y la dependencia a las drogas. 

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