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Cómo será Europa en 2051
Una Europa ampliada
Jacques Attali
La Europa de 2051 sabrá, de nuevo, fascinar al mundo. Habrá logrado salir con dignidad del bloqueo en el que está hoy por la crisis de las deudas soberanas. Si se ha debilitado por sus divisiones, Europa se ha visto también a lo largo de su historia reforzada cuando, enfrentada a una crisis, ha buscado la solución en el progreso hacia más integración.
La unión europea tomó forma al principio en el mundo de las ideas, cuando las mismas olas intelectuales impulsaban el espíritu de todo continente: el Renacimiento o las Luces, o incluso cuando su unificación fue soñada por Erasmo o Víctor Hugo. Tras la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en una realidad económica, con la construcción de un mercado único y luego la adopción de una moneda común.
Cien años después del Tratado de París que fundó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, Europa hará un nuevo paso adelante hacia una unión más estrecha. La Europa de 2051 estará dotada, gracias a una iniciativa ciudadana, de un verdadero gobierno político y económico, que se basará sobre un nuevo modelo institucional. El Parlamento europeo verá como sus miembros son escogidos con sufragio universal en el marco de una circunscripción única con listas transnacionales. Esta primera asamblea formará, con un Senado de naciones, un Congreso de la Unión, que tendrá la responsabilidad de escoger a un Presidente de la Unión, quien, más adelante, podrá a su vez ser votado en sufragio universal.
Por supuesto, la Europa de 2051 deberá enfrentarse a numerosos desafíos. La demografía será uno –quizá el más importante, debido a sus ramificaciones económicas, políticas y sociales. En pleno siglo xxi, cerca del 27 por ciento de la población europea tendrá más de 65 años, lo que llevará la ratio de dependencia demográfica de los mayores de 65 años al 47 por ciento, cuando hoy es del 24. La transición energética será otro reto para Europa, que deberá responder a las necesidades de una población que superará los 505 millones en 2050, cuando los recursos fósiles sufrirán un declive inexorable y el impacto ambiental de nuestro consumo energético ya no dejará dudas. A estos dos desafíos inevitables se añadirán seguro otros, más difíciles de prever. De la capacidad de Europa de superarlos dependerá su lugar en la economía y el alcance de su voz.
Unida, Europa dispondrá de todos los instrumentos indispensables para superar los obstáculos que podrían encontrarse en su camino. Ya es hoy una gran potencia, la más rica del mundo, con menos deuda y paro que Estados Unidos. Dotada con instituciones federales, Europa podrá reanudar un crecimiento constante. A las cuatro libertades que existían ya en el mercado único, y que se ocupan de bienes, servicios, capitales y personas, se le añadirá una quinta: la libre circulación del conocimiento, que permitirá al continente reconvertirse en un centro de saber e innovación.
Europa habrá igualmente sabido evitar el declive de su población gracias a una política de inmigración e integración inteligente. Será una potencia militar, pero también un espacio abierto al mundo: más allá de la federación que reúne los Estados de la zona euro, constituirá una zona de Estado de derecho cuyas fronteras se extenderán hasta Rusia y Turquía, es decir, hasta Irak, que ya no existirá, y China. Tendrá además un nuevo acuerdo con África.
El nuevo proceso de unificación de Europa será observado por las otras potencias. La construcción europea presenta ciertas características, que hacen poco probable una réplica a escala internacional de las nuevas instituciones europeas. De todos modos, el continente europeo ha podido, tras haber visto nacer el Estado-nación, superar el concepto tradicional de soberanía para construir un edificio común original.
Europa podrá convertirse en un laboratorio de la gobernabilidad mundial.
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