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Críticos y criterios
Los festivales de Francia
Jordi Maluquer
El verano, a pesar de la crisis, se sigue poblando de pequeños festivales que mantienen viva la llama de la música fuera de las temporadas musicales. Para ceñirnos un poco vamos a echar un vistazo sobre festivales del país vecino que aportan una programación operística sea teatralizada o en versión de concierto, los más.
Aix-en-Provence, el de más tradición operística que suele presentar viejos títulos con interesantes nuevas visiones y buenos repartos nos ofrece este año diversas delicadezas: ocho representaciones a partir del 8 de julio de La Finta Giardinera de Mozart dirigida por Andreas Spering en el marco adecuado del Domaine de Grand Saint-Jean; una adaptación de Didier Puntos de L’enfant et les sortilèges de Ravel también ocho veces a partir del 6 de julio; la primera ópera de Rossini, La cambiale di matrimonio, a cargo de los alumnos de la Academia barroca europea de Ambronnay, se representa el 21 dirigida por Leonardo García Alarcón; y William Christie, en una producción de Andreas Homoki, presenta una obra de Marc Antoine Charpentier, David et Jonathas, con seis representaciones, a partir del 6 de julio, en el acreditado Théâtre de l’Archevêché.
Dos estrenos ponen de relieve los nuevos aires del festival de Aix-en-Provence: Written on Skin, de George Benjamin, dirigida por su autor y basada en un cuento provenzal del siglo xii, cuatro representaciones a partir del 7, y la ilustración musical de Une Situation Huey P. Newton que trata del diálogo entre los fundadores del movimiento Black Panters en 1966. Corona la oferta unas Nozze di Figaro con Patricia Petibon y Anna Maria Panzarella dirigida por Jérémie Rhorer con diez representaciones.
El gigante, en cuanto a número de conciertos, como ya hemos mentado en años anteriores, es el Festival de Montpellier. Durante diecinueve días, del 9 al 27 de julio, se dan conciertos u óperas de gran formato por la noche; conciertos de cámara y proyecciones audiovisuales por la tarde y conciertos de artistas revelación por las mañanas, con añadidos de jazz, conciertos de madrugada, conciertos por barrios y en poblaciones cercanas. Todo en un total de 118 actuaciones. Por primera vez, después de veintiséis ediciones, no dirige el festival su fundador el compositor René Koering y lo hace Jean Pierre Le Pavec, director hasta hace poco de un festival de características muy diferentes, el de Saint-Denis. Su presencia se nota en que la única ópera escenificada que se representa es la archiprogramada Nozze di Figaro, sin duda buscando la complicidad del público más tradicional que no obstante siempre llenaba la gran instalación de Le Corum- Opéra Berlioz con novedades como fueron, Les hauts d’Hurlevent de Bernard Herrmann o L’Oresteïa de Xenakis. No hay que olvidar que el festival tiene el patrocinio de France-Musique, con lo que asegura una gran difusión radiofónica y entonces la mayor parte de los títulos operísticos se dan en versión de concierto.
Las ofertas de este año en Montpellier son Thérése de Massenet y Una vida para el Zar de Glinka. La obra de Caravaggio, con sus personajes y sus temas, inspira tres conciertos del festival: el primero, El caravagismo español con el subtítulo Claroscuro (Músicas profanas y sagradas a la época de Velázquez y Zurbarán) a cargo de La Chapelle Royale que dirige Albert Recasens. El italiano, titulado Monteverdi, un Caravage de la musique, a cargo del Concerto Soave que dirige Jean-Marc Aymes y el Caravagisme français, subtitulado El amor vencedor, por el conjunto Doulce Mémorie que dirige Denis Raisin Dodre.
Ambronnay, Beaune y Orange son otros tres festivales también interesantes.
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