Aforística
Juan Gil-Albert, dulce pero inexorable
   
 
José Ángel Cilleruelo
Poeta y crítico literario

 

Con los achaques le llega al hombre, por primera vez, el verdadero sabor de sus palabras.
No siempre por ser muy exigente se es más justo; pero sí en ocasiones.
Lo espinoso atrae al poeta verdadero. ¿Qué es lo espinoso?, lo que tiene espinas. ¿Y qué es lo que tiene espinas?, el rosal. Causas finales.
La poesía parte de una certidumbre entrevista para hacer de ella una verdad permanente.
Entendámoslo como una metáfora: el hombre habrá de volver al estado de naturaleza una vez haya sustituido el instinto por la sensibilidad.
Debajo de cada fanático hay un incrédulo escondido y muerto de miedo.
Cada cual aprende aquello que ya sabe; todo otro saber es impuesto, decorativo y, en general, de orden práctico.
Me atraen, conmoviéndome, las obras y los caracteres cuyo júbilo está sustentado por una subterránea emoción a cenizas.
Adoptar el punto de vista opuesto de aquel al que somos inclinados por naturaleza; este puede ser un camino atractivo y fértil. (No el mío).
El mundo no vale la pena vivirse si no logramos convertirnos, por ambición, en algo que valga la pena de ser vivido.
La felicidad que respiran ciertas gentes es de tan mal gusto que uno, al verlas, preferiría ser un desgraciado.
Lo que quieren los hombres no es hacerse mejores, lo que quieren es, que eso que ellos son, sea lo mejor; esa es la única aspiración de toda medianía.
La metáfora es un artilugio de caza con la ayuda del cual puede el poeta matar de un tiro dos pájaros y, a veces, tres.
Hay criaturas que, al morir, se convierten para nosotros en seres más intensos de lo que fueron en vida.
Las canas son la galanura del hombre otoñal, el último incentivo de su naturaleza.
Hay un gran arte que caldea los corazones, otro, quizás el más grande, que nos hiela los huesos.
En realidad la vida no es nada; no es, posiblemente ni “la nada”, tal como se la siente hoy de profusa y real; pero es, entre todo lo demás, lo único que cuenta.
Un espíritu exigente, y poco preocupado por la moral, considerará más grave el incurrir en erratas que el cometer errores.
Toda fidelidad corre el riesgo de convertirse en manantial de farsantería.
La misión del arte es renovar, perpetuamente, el encanto de la Creación, su enigma.
Cuando la cama no es para nosotros lugar de descanso, sino de malestar o desazón, es que estamos maduros para la muerte.
El cine ha profanado las grandes pasiones: las ha puesto al alcance de la mediocridad.
No es pena lo que siento ante la muerte, sino estupor.
Pensar es ir restando consistencia a las cosas.
Los que sin estar preparados para el ateísmo se convierten en ateos, van a dar, en realidad, en zafios.
En amor el que juega más alto perece antes.
Quien recoge como fruto de su elaboración vital un fracaso rotundo, ¿es estéril o más bien fallido? Tal vez su savia es viciosa y su floración corrompida: esa es la realidad ingrata que tendrá que aceptar.
Habría que ser dulces pero inexorables.
Vivir al margen hoy es una manera eficaz de tomar parte en la vida, incluso en la vida de los demás; es, tal vez, la única manera de vivir –de laborar por la vida–, que inspira confianza.
Hay momentos en que nos damos cuenta de lo áspero que es el no poder comulgar con nuestros semejantes.
Vulgarizar, emplebeyecer, he ahí el único rostro para algunos, de la felicidad posible.
Encuentros de un día. ¡Qué puros sois en ocasiones! Luego hay que regresar a lo cotidiano cuyo manoseo todo lo empaña, todo lo enturbia.
Reconocer sus propios límites entraña, también, un talento y no de los más frecuentes.
Es cierto: las hormigas siempre tenían mucho que comer; pero la cigarra, a su vez, siempre tenía algo que cantar.
Mucho hay en la vida para ver y admirar, poco a lo que querer.
Sé sincero: de todo cuanto has visto, qué es lo que amas más: la delicada sombra de los árboles.
Hay que estar contra todo, pero cuerdamente, sin adoptar grandes actitudes irritadas.
No creer en nada puede enloquecer; pero una creencia definitiva amodorra.
Hemos perdido la inocencia sin haberla sustituido por el respeto.
Ocurre que buscamos cosas sencillas pero, a través de tales laberintos, que rara vez damos con ellas.
Sometemos los caprichos, no las pasiones.
Si te amo, te deseo; si te deseo, te amo: fijar esa ecuación es dejar bien sentada la vida.
Ser distinto a los demás; no por vanidad: la excepción no como rareza: como fidelidad.
Estropear la felicidad humana: he ahí el único pecado del mundo.

 

 

 

enero  2006
nº 658

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