El silencio
Una profesora. Entusiasmo y orden
   
 
Maria Gomis Bofill

 

A mediados de los 90, a punto de finalizar mis estudios de Filología Inglesa, hice el CAP (Curso de Aptitud Pedagógica). Consistía en una serie de clases teóricas y unas prácticas. De las sesiones teóricas recuerdo sólo una. La impartió un profesor de instituto de mediana edad, que se presentó en el aula advirtiéndonos de que no iba a dedicar las dos horas a hablarnos de metodología o darnos recetas porque, dijo, “todo lo que necesitáis saber se resume en dos palabras: entusiasmo y orden”.
Este recuerdo me ha acompañado a lo largo de mis diez años como docente. Entusiasmo para contagiar a los alumnos las ganas de aprender, para llevarlos a donde tú quieres. Y orden, imprescindible para emprender ese viaje. El silencio es el elemento básico que hace posible el orden: silencio para empezar la clase, silencio para escuchar las instrucciones o propuestas del profesor, para escuchar las aportaciones de los compañeros, o sus preguntas, silencio para poder trabajar en equipo.
¿Cómo conseguir que al entrar el profe los alumnos se percaten de su presencia y callen? La cosa tiene su miga. A veces la tuya es ya la tercera clase que tienen, o tal vez la última de la tarde. Y, no nos engañemos, entre clase y clase lo que ellos quieren es salir al pasillo, comentar el partido del domingo o los planes para el fin de semana y llegas tú empeñada en “aguarles la fiesta”. Hay multitud de técnicas para lograr nuestro primer propósito. Yo personalmente utilizo un timbre de recepción de hotel. A mis alumnos de 11-12 años (con los que hacemos “aprendizaje cooperativo”) les chifla y a mi me va de fábula. Me gusta sorprenderles, me divierte. Así que me presento en clase de 1º ESO con mi cesta de la compra con ruedas y dentro los libros de texto, el CD y algún que otro recurso (los fly swatters o matamoscas, memory games o crosswords) por si algo falla, los alumnos están especialmente inquietos o cansados y hay que echar mano del plan B. No sé si es la campana o la curiosidad por saber “qué-demonios-habrá-traído-la-teacher-hoy” pero cuando entro en el aula la expectación es, yo diría, grande. ¿Cómo mantener un clima de silencio a lo largo de los restantes 50 minutos? Estando muy atenta a cómo responde el grupo y dispuesta a cambiar de actividad en función del cansancio, los nervios o la lluvia. Busco la implicación de los propios alumnos. En cada clase de cooperative learning hay seis equipos de cuatro alumnos. Pues bien, cada alumno tiene un rol. Así, en cada clase hay seis language controlers (que insisten en que el equipo hable inglés), seis question commanders (interlocutores con el profesor), seis materials monitors (encargados del material) y seis fantásticos quiet captains que son los aliados perfectos del profe para lograr que haya un clima no de silencio absoluto pero sí ciertas garantías de silencio.
50 minutos de trabajo cooperativo son como hacer música: un diálogo en el que el silencio es muy importante. Dice el maestro Barenboim: “Tocar en una orquesta de manera inteligente significa que tienes que dar el máximo de ti, porque, si no, no aportas suficiente contribución a la colectividad, pero al mismo tiempo tienes que escuchar y oír a los otros instrumentos”.
Entusiasmo ordenado, una combinación perfecta.

 

 

 

Febrero  2009
nº 695

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