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Religión
Eclesiología. La sacramentalidad de la comunidad cristiana
Salvador Pié-Ninot
Sígueme , Salamanca, 2007
El título quizá pueda desanimar al lector interesado pero no especialista. La perspectiva de leerse tantas páginas –aunque estén excelentemente editadas– sobre un tema tan frecuente y repetitivo en buena parte del actual discurso eclesiástico como es la Iglesia, puede abrumar. Además el autor, fiel a su condición de profesor de teología tanto en Roma como en Barcelona, ya desde el principio confiesa que su libro es de algún modo académico.
Pero mi impresión como lector ha sido otra. Me ha parecido un libro apasionante. De lectura no siempre fácil aunque en ocasiones muy sugerente, incluso diría divertida (especialmente en las numerosas notas que incluye sobre cuestiones concretas). Porque el autor, además de profesor de teología, es un cristiano muy atento, cercano, a las vicisitudes que las comunidades cristianas han vivido en los años recientes sobre el cómo vivir en la Iglesia –o en sus zonas fronterizas– la fe en Jesucristo, su presencia en una sociedad cambiante, las turbulencias entre el obedecer o ser libres. Y todo ello está muy presente en este libro.
Hasta el extremo diría, si el autor y amigo no se siente malinterpretado, que su libro casi parece una relativación de la Iglesia. Relativizar para valorar. La Iglesia, objeto del libro, no es el objeto de la fe cristiana. Creemos, en la medida de nuestras fuerzas, en Dios, en Jesús, en su Espíritu. No en la Iglesia, esta es –insiste Pié una y otra vez– el sacramento de una doble relación: la de la filiación con Dios y la de la fraternidad con todos los humanos. Sacramento significa signo, camino, revelación. Pero sacramento no significa propiedad, autoridad, sino ayuda. Y aquí está el problema: ¿lo es actualmente? Para algunos sí, seguramente los más sencillos, que se encuentran acogidos en las comunidades pobres. Para otros no, probablemente los que tenemos ya nuestra seguridad que se confronta con otra seguridad: la de la autoridad eclesiástica que más que sacramento parece constituirse en ordeno y mando. Que no fue ni el estilo ni la práctica de Jesús de Nazaret.
El libro de Pié ofrece evidentemente mucho más de lo que hasta aquí he comentado. Por ejemplo, la diversa concepción sobre la Iglesia durante el primer milenio de la historia del cristianismo y la del segundo milenio. Más espiritual y comunitaria la del primero, más jurídica y autoritaria la del segundo. Con el intento de conciliación del Vaticano II. Claro está que lo que manda en la práctica eclesiástica es el Derecho Canónico –con el que Pié es sinceramente crítico– y el desafío actual es revivir lo que significa la Iglesia como signo y camino de relación filial con Dios y fraternal con las mujeres y hombres que nos acompañan en esta dura tarea cotidiana.
Un ejempo concreto, y muy notable, son las páginas que dedica al ministerio petrino, es decir, al Papa. Un problema básico para la vida de la Iglesia católica, en los últimos siglos excesivamente centrada –casi reducida– al poder y magisterio papal, y también decisivo para el camino ecuménico de relación y anhelo de comunión entre las diversas Iglesias cristianas. Pié lo presenta con competencia y hondura. Uno piensa que algo que parece complicado e incluso polémico, halla en estas páginas pistas de avance que pueden ayudar a la reflexión y a la acción. Es una excelente aportación. Joaquim Gomis
Eje transversal de toda esta eclesiología es la necesidad de que la comunión se exprese como sinoladidad intraeclesial, que significa caminar en común. Es el fruto de una Iglesia-comunión. Su base radica en el sacerdocio común de todo el pueblo de Dios, que reviste diversas formas de expresión sinodal. (p. 14)
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Marzo-abril 2013
nº 741
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| QUÉ DEBE HACER EL PAPA FRANCISCO |
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