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Clásicos
Correspondencia

Paul Celan y Nelly Sachs
Trotta , Madrid, 2007

La publicación de esta correspondencia completa entre el poeta en lengua alemana más influyente de la segunda mitad del siglo xx, según George Steiner, y la premio Nobel berlinesa del año 1966 se remonta al año 1993, en la lengua de origen. La vierte ahora al español Antonio Bueno Tubía para la editorial que en 1999 dio a luz la traducción de las obras completas del poeta de origen rumano, que ya van por la quinta edición.
El libro lo conforman 126 cartas profusamente anotadas en un apéndice que también integra un posfacio editorial, una cronología de la trayectoria vital de ambos poetas y un par de índices comentados: de las obras y de los nombres que se mencionan en las cartas. El carteo, que incluye también algún telegrama y notas de la agenda de Paul Celan correspondientes a los tres encuentros en persona, se extiende entre los años 54 y el 69 (quizá el 70), y es en el 60 muy copiosa.
Destaca en primer lugar la alta consideración que tiene el uno del otro. En los comienzos de la relación epistolar, Celan desempeña el rol de poeta consagrado mientras que Sachs es una figura marginal. Él le envía a ella mensajes constantes de aliento y ella le dedica expresiones tan elocuentes como “prodigioso poeta”, “querido hermano” e incluso “Hölderlin de nuestro tiempo”. Su afecto, desprovisto de implicaciones sexuales, llega a tanto que, en la carta 50, Nelly Sachs decide dar a Eric Celan (hijo del poeta) una parte de cierta indemnización y en la 70 se ofrece a socorrerlo económicamente, si su ayuda fuera menester.
Se puede trazar una línea borrosa entre cartas de contenido personal y literario. En lo personal, las cartas se destinan a felicitarse el año nuevo y a enviarse ánimos y palabras de consuelo. Cabe recordar que Nelly Sachs estuvo internada en diversas instituciones psiquiátricas durante largos períodos. Ello la lleva a pedir en la carta 61 al poeta nacionalizado francés: “Es mejor que Gisèle [mujer del poeta] y Eric, tus dos seres más queridos, no vengan esta vez en mi tiempo de oscuridad”. Temporadas que son recurrentes: en la carta 104, datada en 1967, dice haber superado tres años de oscuridad. Por su parte, Celan hace partícipe a su interlocutora de sus altibajos anímicos. (El poeta sufrió depresiones recurrentes desde 1962 y, como se sabe, se suicidó en las aguas del Sena.)
En el plano literario, las cartas sirven para enviarse poemas o para pedir colaboraciones en revistas. También para celebrar o lamentar la marcha de los proyectos personales, en particular libros propios o traducidos. O para intercambiar elogios y poner de relieve la afinidad espiritual. Episodio de especial interés es la acusación de plagio formulada por Claire Goll a Celan, a quien atribuye la copia de poemas de su difunto esposo, Yvan Goll. Otro de los comentarios recurrentes es la pervivencia del antisemitismo que, después de la Segunda Guerra, aún colea.
Este libro de tono apremiante y apasionado da testimonio de la altura intelectual de dos poetas que superaron diferencias esenciales (ella es creyente; él, ateo y blasfemo) para establecer puentes no solo literarios, sino también personales. Porque no todo ha de ser literatura y, si se ha de creer a Celan, es más difícil montar en bicicleta que escribir poemas.

Andrés González Castro

Te envío algo de ayuda contra las pequeñas dudas que a uno a veces le sobrevienen; es un trozo de corteza de plátano. Se coge entre los dedos índice y pulgar, se aprieta con fuerza y se piensa en algo bueno.” (p. 42)

 
Marzo-abril  2014
nº 746

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