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Religión
Espiritualidad cristiana (temas de la tradición)

Lawrence S. Cunningham y Keith J. Egan
Sal Terrae , Santander, 2004

¿Qué es la espiritualidad cristiana? Ahí es nada querer explicar al hombre de hoy, que tiende a confundir espiritualidad con autoayuda, un concepto tan amplio y tan rico como este. La palabra “espiritualidad” –según nos dicen Cunningham y Egan– fue usada por primera vez en el siglo xvii. Era un término negativo cuando se aplicaba a la experiencia religiosa. Servía para describir formas elitistas y subjetivas de prácticas religiosas. Hoy se aplica indiscriminadamente a todo lo que se refiere al “espíritu”, haciendo así honor a la raíz semántica de la palabra, que proviene del sustantivo latino spiritus. Pero ¿cuál es el verdadero alcance de la expresión espiritualidad cristiana? Es evidente –apuntan los autores del libro– que la respuesta a esta pregunta tiene que girar en torno al adjetivo “cristiano”. En otras palabras: la espiritualidad cristiana ha de tener algo que ver con Jesucristo. Y es igualmente evidente –advierten los autores– que en dos milenios de historia del cristianismo ha habido –y sigue habiendo– modos enormemente diferentes de abordar la figura de Jesús. Por lo tanto, es más preciso hablar de espiritualidades cristianas que de espiritualidad cristiana. No hay una sola. Poco a poco, partiendo de teólogos tan contemporáneos como Gustavo Gutiérrez (padre fundador de la teología de la liberación) o del canadiense Walter Príncipe, el libro de Cunningham y Egan va introduciendo al lector en la experiencia cristiana y en cómo esta se articula en torno a Jesús. El libro resulta apasionante. El primer capítulo está dedicado a esclarecer los contornos de la espiritualidad cristiana, la cual nos será presentada como una manera de vivir y no como una mera filosofía abstracta o un código de creencias. No en balde los primeros cristianos eran llamados discípulos y también “seguidores del camino”, que viene a ser lo mismo. La palabra discípulo se emplea 260 veces en el Nuevo Testamento. De ellas, casi 70 va unida al verbo “seguir”. Los discípulos eran los seguidores de Jesús. Asimismo (leemos en el libro), la llamada evangélica de Jesús atraviesa los límites sociales, por ejemplo, “recaudadores de impuestos y pecadores”, como también los sexuales (Lucas 8, 2). La pureza ritual y la obediencia no eran criterios primarios. Ahora bien, la respuesta a la llamada de Jesús exigía un cambio de vida radical. Y permitía a los discípulos participar en su ministerio. Así como formar parte de la comunidad de seguidores. El libro de Cunningham y Egan agradará a quienes estén interesados en la espiritualidad cristiana pero también a los que estén interesados en el concepto mismo de espiritualidad. Pero que nadie espere poder encontrar una única espiritualidad del Nuevo Testamento. Al contrario. Y eso está bien. Cunningham y Egan nos ofrecen una visión de conjunto de los caminos por los que los cristianos se han acercado a Dios en la oración y en la praxis a lo largo de la historia. Su texto (y ésa es otra de su virtudes) no pretende ser un estudio sistemático de la espiritualidad, pero sí orientador. Al final de cada capítulo se nos brinda una espléndida bibliografía y unos cuantos ejercicios para completar el estudio. Un cuadro completo, pero deliberadamente sucinto, de la espiritualidad cristiana.

Jaume Reixach

"Nuestra forma de orar dice mucho sobre la teología de nuestra oración. El musulmán piadoso se arrodilla e inclina la cabeza hasta el suelo como signo de sometimiento (Islam significa literalmente ‘sometimiento’) a Dios, del mismo modo que Buda se sienta sonriente con los ojos casi cerrados como señal de que ha descubierto la verdad dentro de sí mismo (Buda significa ‘iluminado’). En estos gestos aprendemos mucha teología. (p. 100)"

 
Marzo-abril  2014
nº 746

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