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- La casa de la alegría, Edith Wharton
- Lecciones de ilusión, Pablo d'Ors
- Victimas del terrorismo. Nueva justicia, sanción y ética / Justicia de las víctimas. Terrorismo, memoria, reconciliación, Antonio Beristain / Reyes Mate
- El infinito viajar, Claudio Magris
- El Islam, el fundamentalismo y la tradición al Islam tradicional, J. E. B. Lumbard (ed.)
- Poesía. Como llama en el diamante (1954-2004), NManuel Montero
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Historia
El infinito viajar
Claudio Magris
Anagrama , Barcelona, 2008
La crónicas viajeras de Claudio Magris tienen siempre un sabor peculiar. Porque no se nos da más de lo que ya estamos esperando. Cuando viajamos queremos experimentar la sorpresa del paisaje y el éxtasis de la iluminación interior. En estos viejos viajes magrianos, publicados en su momento por el Corriere della Sera, queda sepultado lo que en su día pudo ser una novedad. Ahora ya nada de todo lo que se nos dice en ellos nos causa ninguna conmoción: lo sabemos hace tiempo, lo hemos vivido en la propia carne sin movernos de casa. Los telediarios, la prensa, nos han hecho llegar hasta nosotros todo lo que Claudio Magris nos dijo. Porque no nos lo está diciendo ahora, sino que ya lo había dicho mucho antes. Lo sabemos. Quien haya seguido su espléndido Danubio o su Microcosmos, quedará del todo defraudado con este viajar infinito, porque no hay comparación posible. En ningún sentido. Aunque lo que más decepciona es que se nos dé alimentos en conserva cuando se ofrecen como frescos.
Hay que descubrirse de nuevo ante la impecable manera de expresión de Magris, ante su elaborada escritura, su trabajo literario correcto, su análisis constante de lo que está viendo y escuchando, pero no encontramos en estas previsibles crónicas la sorpresa que quisiéramos ni, mucho menos, el éxtasis anhelado. ¿Por qué? Seguramente es el contenido, no puede ser otra cosa. Claudio Magris se ha prodigado mucho en su lucha por una Europa centroeuropea de tronco colosal –su famosa Mitteleuropa–, que una a todos los estados que forman parte de ella. Pero parece no tolerar la diversidad de sus débiles extremidades, con sus pequeñas naciones y sus pueblos desperdigados, aquellos que forman culturas ancestrales y que disponen de tesoros enormes como la lengua, el baile, el patrimonio de la tradición y de la fe. En estas crónicas se vislumbra con demasiada nitidez esa carencia por lo mucho que representa la periferia y la marginación sociopolítica de esos núcleos que Magris ve y visita pero deja de ofrecerles el calor humano que tanto necesitan. Magris se pierde en su valoración personal hacia aspectos que no necesitan que se les valore. Es lo que le ocurre con los nacionalismos, con ciertos nacionalismos, porque al fin y al cabo no existe otra cosa en Europa que naciones limítrofes formando estados construídos muy a menudo a espaldas de esas mismas naciones.
En el prefacio del libro, escrito por el autor, se mencionan esos defectos, así que Magris es consciente de lo que escribió hace tiempo, y aún así vuelve a publicarlo. Este magnífico prefacio es la mejor crónica de este infinito viajar. Dice Magris que los prefacios siempre son sospechosos, y éste no se escapa. Gracias, sin embargo, al prefacio, Magris conecta con la actualidad. Ha hecho bien en incluirlo, pues nos aclara más cuál es su opinión respecto de lo que ocurre hoy en Europa. Ahí sí que Magris es el gran Magris, porque se muestra sin maquillajes. Denuncia formas de amor y de vida que a él le disgustan y pasa por alto otras que impiden que este amor y esta vida se desarrollen con naturalidad.
El verbo viajar es “infinitivo”, como lo es vivir y pensar, preguntar y observar. Y escribir. También lo es opinar: es lo que hace Magris: más que viajar, opina. Y opinar es siempre arriesgado. Y molesto. Y muy aburrido. Opinar sin oponentes es también inútil. Lo que ocurre, pues, es que este Viajar infinito no es, de ninguna de las maneras, un libro de viajes: es un libro de historia y de análisis, de política; es decir, un libro de opinión. Joan Guasp
Los mejores hijos de estas tierras son aquellos que han sabido superar el nacionalismo forjándose, aun en la laceración, un sentimiento de pertenencia común (p. 159).
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Marzo-abril 2013
nº 741
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| Novedades |
| QUÉ DEBE HACER EL PAPA FRANCISCO |
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