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Poesía
A LOMOS DE SALAMANDRA

Mateo Rello
La Garúa , Santa Coloma de Gramenet, 2009

En la encrucijada de corrientes de la poesía contemporánea, durante la última década se ha perfilado con nitidez una concepción del verso como vía o herramienta de conciencia y crítica de la sociedad. Extinguido el realismo social histórico por inanición estética en los años 60, su reaparición tres décadas más tarde como movimiento poético con solvencia artística se debe, principalmente, a una doble metamorfosis. A una renuncia implícita a la facilidad como textura de los versos, por una parte, mediante la absorción de recursos retóricos de vanguardia y la paralela pérdida del valor de la comunicación en favor de los valores de la ruptura literaria. Y por otra parte, a la sustitución de objetivos temáticos, de la denuncia de la dictadura en la posguerra se ha pasado a señalar un conjunto indefinido de malestares, que van desde el repudio –en general más irónico y mordaz que directo– del capital, de la mentira y del consumo, y desde la aversión al hecho de que aún existan marginados y continúe la explotación de los más débiles –“siempre contra los mismos / hombres de pecho de lata”–, hasta –en los autores más audaces– la construcción de una nueva conciencia crítica del sujeto. Algunos poetas ya se han convertido en referencia de esta corriente: Fernando Beltrán (1956), Jorge Riechmann (1962), Antonio Orihuela (1965) o Antonio Méndez Rubio (1967). A esta lista, a partir de A lomos de salamandra, hay que añadir el nombre de Mateo Rello (1968).
En la escritura de A lomos de salamandra, libro de evidente poesía social, se advierte la doble metamorfosis del género. Rello aplica a la materia crítica la despersonalización heredada de las vanguardias, a través de monólogos dramáticos y de un lirismo apócrifo, o heterónimo. No son procesos literarios novedosos, pero aún resultan útiles para el propósito del poeta: crear una genealogía de la revuelta social contra el poder que no sea descriptiva, y desvincular los sentimientos colectivos del sujeto romántico, de modo que en esta distancia se potencie la fabulación alegórica frente a la política. Apócrifos, por otra parte, que crean sus propios personajes, en una simbiosis pessoana y brechtiana que está también en las esencias de la nueva conciencia crítica. Por la otra parte, el objetivo temático se divide en paralelo a los recursos retóricos utilizados: el reconocimiento de pertenencia a una tradición de revuelta y revolución se consolida mediante retablos de monólogos bien trabados, en especial la sección dedicada a Barcelona, que es un retrato –desde dentro de las vivencias– de un siglo de actividad revolucionaria en la ciudad. Si esta primera parte se presenta con rotundidad formal y temática, la segunda parte, que apela a los “Complementarios” machadianos, se muestra más dispersa, divagadora y contradictoria, como corresponde al cruce de conciencias apócrifas que sufren la historia, cada una a su modo: “Ser los demás era un sabor”.
Una de los aspectos de A lomos de salamandra, como emblema de una renovada conciencia crítica, es el esfuerzo por restituir un concepto de uso corriente en el realismo social: el “nosotros”. Y con él, reconocer su herencia –“De vosotros... / nos llegó todo eso: / trabajos de la rabia y trabajos de amor, / la primera persona del plural”– y restituir su objetivo utópico –“la voluntad también / de construir una cierta unidad. Y un sentido / de lo jamás realizado”. Esta necesidad de reconstruir el “nosotros”, moneda devaluada hace sólo unas décadas, es en sí misma un diagnóstico poético de fragmentación social, una resistencia al individualismo que se encuentra en la raíz poética de la obra de Mateo Rello.

José Ángel Cilleruelo

No tengo casa. Tierra,
la que me cubre los zapatos y es mi patria (p. 71)


 
Julio-Agosto  2010
nº 712-713

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