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Religión
El Dios Presente
José Antonio González Casanova
Kairós , Barcelona, 2009
Estamos ante un libro insólito, lleno de fulguraciones, que se lee con gran fruición, casi sin poder detenerse hasta el final. Sería muy difícil adivinar la profesión de su autor quien no la conociera. Porque aparecen una profusión de temas tanto metafísicos, teológicos, cristológicos y eclesiales como políticos, éticos y sociales, incluso astrológicos, tratados con gran incisión, soltura, inteligencia y libertad interior. Para ser obra de un teólogo, habría demasiadas herejías; para ser obra de un político, sería demasiado ilustrado. Podría ser obra de un catedrático, pero seguiría siendo difícil adivinar de qué disciplina: ¿de filosofía? ¿de política? ¿de sociología? ¿de derecho? Finalmente habríamos acertado, porque José Antonio González Casanova ha ocupado la cátedra de Derecho Constitucional durante varias décadas en la Universidad Central de Barcelona y participó activamente en la redacción de la actual Constitución española. Tras leer este libro uno tiene la satisfacción de saber que personas de tal amplitud de miras han sido algunas de las que han puesto las bases legislativas de nuestro estado. Como en los mejores tiempos de la época clásica, no hemos perdido del todo la tradición de que los legisladores sean sabios, y de que los sabios consulten los oráculos, entendiendo por oracular la capacidad de interpretar el lenguaje misterioso y cifrado de la realidad por donde Dios asoma.
El libro está compuesto por capítulos breves distribuidos en diez apartados, cada uno de los cuales comienza con confesiones o recuerdos autobiográficos. Esta combinación entre reflexión y narración constituye una de las claves de la amenidad del libro. Entre los muchos autores citados o evocados, hay una referencia continua a Alfonso Carlos Comín, compañero desde la adolescencia. Con él se abrieron a la conciencia social y se comprometieron en política en los años duros de la lucha antifranquista, en aquella difícil frontera de confesarse cristianos en la militancia comunista y confesarse comunistas en la militancia cristiana. El respeto, incluso la fascinación del autor por esta figura es remarcable, cuyos ojos percibía encendidos de espíritu.
Pero lo que más llama la atención de estas páginas es que están impregnadas de una infrecuente familiaridad con lo divino. Esto ya queda reflejado en el título: El Dios Presente. Ante otras confesiones creyentes que han lamentado la ausencia de Dios en nuestra época, González Casanova apunta en otra dirección. Repetidas frases muestran su captación de la presencia del Misterio en el corazón de la vida. Así es concebido Dios por el autor: como el reverso luminoso de la misma realidad que vivimos. Para encontrar a Dios no hay otro camino que vivir con plenitud y profundidad cada instante, cada situación, cada relación. Para ello, hay que participar de la mirada iluminada, abierta y empática que tiene González Casanova hacia todo. “Al ser más que nunca lo que somos, nos vemos como claros en el bosque del ser, en la selva del mundo. Ciegos al mundo y llenos de luz, pasamos entre los hermanos sin distinguirlos en nada y por nada, como idénticos a nosotros compartiendo la misma luz”.
Pero todo ello no se queda en una fácil y evanescente mística. El autor se compromete en su libro tomando partido por los desfavorecidos, los marginados, los oprimidos. En el acto de presentación, González Casanova resumió muy bien su postura ética y existencial: “Se nos formó en una cultura de la culpa. Hoy en día hemos de desarrollar una cultura de la responsabilidad”. En definitiva, estas páginas son un alegato a la vida y una llamada a vivirla intensamente. Javier Melloni
Si la memoria es nuestra identidad, la fe en Dios, su confesión, ha sido el origen creador de la mía (p. 337)
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Julio-Agosto 2010
nº 712-713
| Qué nos falta para sentirnos europeos |
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