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- La Gran Vía es New York, Raúl Guerra Garrido

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Narrativa
La Gran Vía es New York

Raúl Guerra Garrido
Alianza , Madrid, 2004

En el siglo xix se llevaría a término el proyecto de esa arteria que cruza Madrid este-oeste: la Gran Vía. Resultó ser con el tiempo la calle más viva de la ciudad. Que, como ocurre en otras urbes con una calle principal, ha cambiado numerosas veces de nombre sin que haya dejado de ser nunca la Gran Vía. Nombre que prevalece y prevalecerá porque es el que mejor la califica. Ninguna calle de Madrid tiene tanta vida y personalidad. Raúl Guerra Garrido, Premio Nadal 1976, autor de novelas y libros de viajes, no sólo la ha transitado muchas veces sino que ha recogido en las páginas de este libro la multitud de historias que se viven en sus bares, cines, oficinas, bancos, librerías, burdeles, cafés –¡oh, los cafés de la Gran Via!–, y cuanto encontramos de variopinto, castizo o moderno en el trayecto que se inicia en Alcalá, con el edificio del Ave Fénix. Ese bullir incesante de gente que va y viene, que sube y baja, da pie a Guerra Garrido para narrarnos 90 historias: fantasía, cuento, realidad, que forman ese mosaico multicolor. Casos reales, como el del matador Fortuna, que lidió en plena Gran Vía un toro huido de la plaza de Puerta Alegre; como el de un grupo de ultras que asaltó los locales de La Codorniz, única revista de humor crítico consentida por el régimen: “La revista más audaz para el lector más inteligente”. ¿Recuerdan? Cito, como ejemplo, sólo dos de los hechos históricos y reales que narra el autor. Aunque reales son también esas otras historias cuyos protagonistas anónimos son, sin duda, personajes que existieron o existen. El listo que en el café promete contratos de trabajo a cambio del adelanto de una cantidad; el hábil ratero que tan amablemente invita a un Cointreau sin hielo a la señora que acaba de sufrir un tirón, mientras él le sustrae el bolso; la prostituta que sale malparada de su cliente; los punkies que andan por las aceras; la viuda que besa la moneda que ha pedido avergonzada; el artista que fantasea en los salones del hotel; el chulo que no perdona, los travestis... Situaciones escabrosas, románticas, crueles, tiernas, protagonizadas o sufridas todas ellas por personas desgraciadas o felices, arraigadas o vagabundas, en general, solas. Solas en medio del barullo. Cada caso despierta nuestra curiosidad. Mucha observación y mucha fantasía se necesita para captar como un buen fotógrafo ese mundo. Y, sobre todo, es extraordinario lo bien que maneja el lenguaje Raúl Guerra Garrido. Un lenguaje muy madrileño diría yo (claro está que no soy de Madrid), un lenguaje que marca y define cada tipo. Sin olvidar esos intermedios que el autor llama “Texturas urbanas”, que nos envuelven con sus neones, frases, anuncios, pintadas... Un ejemplo: “¿Cómo sabrá un avión donde tiene que aterrizar?/ Ibex, Mibrel, Ft.Se / Jesús te quiere, deja de pecar / Musculación y fitness / Esa empresa colabora a destruir empleo, no entres / Sistemas de seguridad, pasen sin llamar”. Y así sigue una página entera. No es surrealismo, cuando paseamos, mirando y leyendo acá y allá, cualquiera de nosotros ¿no nos sentimos casi engullidos por la ciudad? “La Gran Vía es New York”. Esta frase del escritor Ilya Erhenburg da título al libro. Un acierto. Una calle es una ciudad. O si me apuran una calle como la Gran Vía es un mundo.

Rosario Bofill

"Encerrado en un escaparate la vida que ante uno desfila no es la de los viandantes sino la propia, no cuenta la calle sino la memoria. De niño geografía e historia no se confunden, se identifican. Cada día posee su acontecimiento particular y unas horas y rutas fijas por donde lo atraviesas. Si la Gran Vía estaba engalanada con banderitas era jueves. (p. 273)"

 
Marzo-abril  2014
nº 746

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