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Yo no entiendo de arte. Cuestión de prioridades
Àngels Freixanet
Cuando a una persona se le pregunta acerca de la opinión que tiene de un cuadro o de una escultura, una de las respuestas más socorridas es la de “yo no entiendo de arte”. Eso nos lleva a la constatación de que el arte no suele formar parte de la vida, tal como pretenden los artistas comprometidos, y que el común de los mortales expresa su parecer ante temas y situaciones normales en lo cotidiano, pero siente temor o indiferencia ante el hecho artístico.
Todo es cuestión de prioridades. Bien es verdad que hay cosas que se nos imponen en nuestra trayectoria natural y que asumen una importancia capital como factores de supervivencia inmediata. Pero, aparte de estas necesidades primordiales, creo que no es verdad que el arte sea un lujo, una actividad encomiable, aunque superflua, un entretenimiento propio de personas que han alcanzado un estado superior.
No se trata de “entender”, sino de “sentir”, de admitir que forma parte de nuestras posibilidades de participar y comprender lo que nos rodea. Una cosa es analizar las formas desde el punto de vista del estudioso, interpretar un cierto sentido a través de unas determinadas circunstancias históricas o conocer la implicación del artista habida cuenta de su biografía. Otra muy diferente y, según mi opinión, al alcance de una buena mayoría, degustar la obra y participar de ella mediante una conexión a nivel de sensibilidad.
Creo que muchas personas pueden entender de arte y de muchos otros temas solo con mantener un interés y educar un mínimo su sensibilidad. Tendríamos que liberarnos del miedo a las nuevas experiencias, que es pura cobardía, o a hacer el ridículo, que es pura soberbia. Ante una obra de arte, hay que dejarse llevar, sin prejuicios, hacer que surja la emoción. Otra cosa sería buscar los aspectos técnicos, históricos, significativos, que siempre están a nuestro alcance mediante el estudio o las explicaciones de los expertos. De todos modos, esto último no es necesario para admitir al arte en nuestra vida, enriqueciéndola con él y levantando la mirada hacia otros objetivos que no están a ras de suelo.
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