Los aforismos de otoño de Dionisia García

José Ángel Cilleruelo
Poeta y crítico literario
‘Elige el otoño para tu viaje.” Así empieza Ideario de otoño (1994), el libro publicado en 1994 que reúne los aforismos de Dionisia García. Forman dos amplios conjuntos: el Libro primero contiene 407 aforismos escritos antes del otoño de 1986; y el Libro segundo 472 hasta el otoño de 1990. Desde entonces, la autora ha seguido escribiendo esas “anotaciones breves, surgidas en un instante. Huidizas si son invocadas, y frágiles a cualquier roce”. Unos cuantos aforismos inéditos –huidizos y frágiles– completan estas páginas.
Dionisia García ha elegido el otoño para sus aforismos. Da dos razones: el “decadente esplendor” de los árboles y el inicio de las aulas. “Es tiempo de comienzo” –afirma. La doble metáfora del otoño explica bien la esencia de los aforismos: como las hojas se desprenden del tronco que las sostuvo, así los aforismos caen del conocimiento sistemático que se imparte en las aulas. Son paradojas, observaciones, preguntas, constataciones… pensadas al margen del tronco del saber.
Que la vida esté en marcha es fundamental para la aforística de Dionisia García, como para el recogedor de virutas es esencial que el ebanista haya empezado a trabajar la madera. Sus frases se desprenden del curso de las cosas; traten de la vida personal o de la vida colectiva, siempre suponen pequeñas glosas –tiernas, escépticas, lúcidas– a los acontecimientos.
La mayor parte de sus aforismos responden a esta actividad de otoño, hay otros sin embargo, que son simples imágenes. Uno sólo dice: “Un encaje blanco hueso sobre la consola”. No sé si son mejores unos u otros, los destellos del pensamiento o el fruto de las imágenes solitarias; unos suscitan bien una sonrisa irónica, bien un rictus de queja, los otros simplemente nos hacen entornar los ojos y recordar; porque, como sugiere el aforismo 187, “Qué somos sino memoria”.



DE IDEARIO DE OTOÑO (LIBRO PRIMERO)
Los extremos sacrifican la idea.
La alegría de la vida es la alegría de la vida. Lo demás son componendas.
El rigor no merma la libertad, la fortalece.
Actuar con naturalidad no es meritorio, la misma palabra lo dice.
La permanencia de lo perfecto hastía, por eso la naturaleza es sabia.
Cuando alguien desee perdurar, que no construya en vida su monolito.
Algunos conocidos, terroristas de la intimidad.
Los atenienses no eran ni más guapos ni más altos. Observaban el mundo y lo decían. Ahora lo manipulamos.
En la infancia, la lectura de la Ilíada se reducía a la anécdota del caballo.
Una guerra, como referencia, atrasa el devenir de las épocas.
El silencio cumple misiones tan importantes como las palabras.
Los muebles crujen porque los árboles viven en ellos. Dicen.
Cuando escribas, cuando ames, cuando interpretes, imagina que es la última vez, y acrecentarás la emoción.
La noche nos disculpa. Comenzamos a ser reos con la luz.
La suerte del agua es escapar.
Trabajo en mis creencias, como en el mejor oficio.
Los juncos, cerca del camino, se balanceaban. El sonido, al entrechocar, de difícil descripción. Cosas del campo.
A la maestra de veinte años que nos hablaba del rey de Argos, en la escuela rural, dedico mi memoria.
Las muñecas lucían dientes de cartón, y pelucas de seda. Ahora dan miedo.
Si las ideas envejecen, dejarlas morir en paz.
¿Qué pasaría si el pueblo se negara a presenciar las bodas reales?
Era otoño. Las nubes parecían cabalgar en la tarde, y volé con ellas.

DE IDEARIO DE OTOÑO (LIBRO SEGUNDO)
Necesita la gente referencias, los espejos lo saben.
A pesar de nuestra condición precaria, nos empeñamos en ser futuristas.
Es increíble que no nos sorprenda el vuelo de un pájaro.
Desengañémonos, la convivencia es dificilísima pero, ¿y la soledad?
Somos ricos en despertares. Imposible recordarlos todos.
Somos tan vulnerables que si pasan y nos rozan acusamos con extrañeza el incidente, y esperamos disculpas. Fundados, sin embargo, en la fraternidad.
Quienes conocieron tarde el mar, quedan marcados por su hondura.
Morir debe ser fácil, lo peor son los preámbulos.
La muerte es inquilina con aspiraciones de dueña.
Parte de la emoción hacia lo desconocido está en el tránsito.
Si con los años no hemos alcanzado ciertas dosis de ternura, mejor abandonar el campo.
El universo nos mantiene entretenidos, sin embargo, es posible que salgamos de él con sensación de no haber entrado.
Escribir bien no consiste en decir, sino en llevarlo a cabo de la mejor manera.
En estos tiempos los artistas se representan en primer término, en lugar de ir la obra por delante.
¿Quién dio el primer beso?
Lo desconcertante del mundo es que nos ignora.

DE VOCES DETENIDAS (INÉDITO)
Pensar no es creerse cierto sino estar capacitado para perseguir certezas.
Si la fama no es otra cosa que “ser olvidados un poco después”, ¿por qué gastar la vida en un empeño inútil?
Seguro que Homero era el muchacho de su barrio cantando siempre la misma historia.
La guerra debería ser impedimento para seguir hablando de otras cosas.
La experiencia, en sí, es mero soporte, en la medida que profundicemos en ella, seremos compensados.
Nada de cuanto pensamos ha perdido la palabra, pero ¿qué haríamos sin ella?
Mantener el equilibrio ante una muerte próxima es privilegio de mentes ordenadas.
La mejor estratagema es esperar sentado.
Lo malo no es sólo dejar este mundo, sino tener que comunicarlo.
¿Quién recuerda la última noche de juventud?
Qué obsesión de estadística, cuando sólo importa que somos uno.

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