Cinco estrellas de Eduardo Chillida

Antonio Beristain
Querida Pili, querida familia, hermanos en Cristo:
En estos momentos de dolor, pero también de recogimiento, sensibilidad y escucha interior; en estos momentos de Dios, unas palabras acerca de por qué y para qué nos hemos reunido, en torno a Eduardo, en este templo que él frecuentaba contigo, vuestros hijos y nietos, y al que regaló esa cruz de alabastro que preside el baptisterio.
Anteayer, cuando Eduardo entró en el cielo, lógicamente, Pili, abrazó a tu padre. Y éste le dijo: “Ya pronostiqué cuando mi hija empezó su amistad contigo: hija mía, Eduardo, es un hombre impar. Si te casas con él, no viviréis un matrimonio como cualquier otro.”
Así ha sido. A ti, a tu familia, a muchísimas personas, en todo el mundo, la obra y la vida de Eduardo nos han brindado de manera extraordinaria luz, música, armonía, gozo, amor. Por eso estamos aquí, a darle gracias a Dios.
No hemos venido para rezar por Eduardo. Él ya ha llegado a su Leku [lugar], Raum [espacio], “La fonte que mana y corre”. En cambio, sí hemos venido para rezar con él, con los más íntimos, con todos. Queremos, a pesar de la tristeza, apoyados en la cruz de fe-​resurrección, festejar esta liturgia de gratitud, esta eucaristía.
Deseamos agradecer a Dios porque nos ha regalado la posibilidad de convivir con Eduardo que, con su hacer limpio y altruista, ha abrillantado cinco estrellas: arte, verdad, mística, profecía, fraternidad. Damos gracias a Dios porque Eduardo ha creado un arte singular, transcendente-​inmanente. Transforma el acero corten, el hormigón, y la piedra en espíritu, presencia invisible de energía ilimitada, belleza evocante del más allá. Recordemos el Elogio del horizonte, Lo profundo es el aire.
Damos gracias por Eduardo. Él nos ha desvelado la verdad. Ha sido zahorí de estudio y saber universitario. Lo patentizan sus Preguntas, condensados diálogos de Platón, “Fragen” de los jesuitas Von Spee y Teilhard de Chardin. Con sobrados motivos recibió el doctorado honoris causa de varias universidades.
Gracias a Dios por Eduardo. El nos ha acercado la mística, la poesía de San Juan de la Cruz, su fe ilustrada y jubilosa, como las Cantatas de Bach.
Damos gracias por Eduardo. Él ha luchado como profeta, sin violencia. No sólo en pro de la abolición de la pena de muerte. También en pro del distanciamiento, la no colaboración con personas e instituciones que perturban gravemente la convivencia. Su compromiso privado y público en favor de la paz, fruto de la justicia y la libertad.
Gracias a Dios por Eduardo. Él ha practicado la fraternidad, el altruismo excéntrico, el vivir para los demás, que aconsejaban sus admirados Ignacio de Loyola y Pedro Arrupe. Por eso, el mimetismo de Zabalaga con el espacio abierto de la mar, maestra de Eduardo. Por eso, en el aeropuerto de Bilbao permanece su abrazo de bienvenida a todos.
Termino. Agur Jesusen Ama, eskerrik asko [“Adiós madre de Jesús”, gracias] por haber tenido con nosotros a Eduardo, su honradez, su ética, su equidad, su ternura, no sólo cuando escuchaba a los nietos llamarle ¡Aitona! [abuelo] y le asomaban las lágrimas…, su mano generosa a los vulnerables, las víctimas, los aterrorizados, los que sufren, los pobres, como proclaman las Bienaventuranzas.
Bihotz bihotzez [Muy cordialmente].
Antonio Beristain

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