A pan y yoghurt

Sacha Ivanov (Rusia)
Dejé mi país, Rusia, para poner fin al uso de drogas. Una terapia que era aconsejada por un doctor especialista en Moscú. Los gastos del viaje, 1.500 dólares, terapia incluida, han sido sufragados por mi familia. Pero el choque se produjo el primer día de mi llegada a España. Me encontré en un centro de terapia de inspiración religiosa en el que se me se decía todos los días que era necesario trabajar mucho en la vida y orar a su dios. Trabajaba mucho, desde que abría los ojos por la mañana hasta que se me cerraban por la noche, por un poco de pan y un yoghurt. Este fue el ritmo cotidiano durante seis meses hasta el día de mi evasión.
Sin papeles, sin dinero, sin esperanza. Mi familia no sabe nada de la historia. Me hallo en España como drogodependiente. ¿Cómo financiar esta dependencia? ¿Cómo tener esperanzas tras haber sido traicionado y decepcionado? Me hallo otra vez en un círculo vicioso después de haberlo vivido en mi país. He sido condenado por robos y otros actos, algo que puede considerarse como consecuencia de unas circunstancias imperdonables.

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