No se puede ser esclavo

Issa Cissé (Senegal)
Dejé mi país porque la vida allí era infernal para mí. Todo lo bueno que tenía fue vendido y se sumó a la ayuda de mis padres para realizar el «gran viaje hacia la riqueza» y el fin del sufrimiento: Europa.
Había a priori obstáculos que franquear. Debía antes ir a Marruecos andando como primera etapa, una aventura que era muy dura. Allí trabajé como vendedor ambulante para financiar la segunda parte del viaje, que fue ir a Portugal por avión. Llegado al destino, obtuve un visado de tránsito para España de tres días e inmediatamente después de la obtención me puse en marcha hacia el objetivo final de mi viaje: Francia.
Un objetivo que no fue nunca alcanzado, ya que para la policía francesa era necesario, evidentemente, algo más que un visado de tres días para poder traspasar la frontera, debía entonces dar marcha atrás en mi camino.
En España la situación era parecida, o casi peor. Se expulsa a todos los extranjeros sin residencia aún manteniendo el pasaporte, lo que me obligó a esconder mi pasaporte y comenzar a vivir en la ilegalidad bajo un nombre falso. Con mi nueva identidad todo fue difícil y fue también la causa principal de los 14 años de prisión que pasé en total.
Ahora después de un año, intento comenzar de cero. Lo que más daño me ha hecho en estos 18 largos años en Europa es que no he tenido contacto con mi familia. La única vía que existe es la del correo que no siempre llega.
Yo volvería a mi país natal donde continuaría mi camino hacia Francia, si no obtuviera residencia aquí en España, a pesar de los 18 años perdidos. Debo afrontar la realidad solo, no tengo ganas de hacer sufrir a mi familia conmigo.
Para mí la droga fue un refugio tras el cual se puede esconder el sufrimiento. Es esta vida drogado la que margina más aún a la persona que intenta sobrevivir, superar el día a día a la búsqueda de la dosis cotidiana. Aunque no se puede ser un esclavo ya sea dependiente de la droga o para cubrir las necesidades básicas cotidianas.
Tras dos años he dejado la droga, gracias a la fuerza de la voluntad y a la ayuda de la Cruz Roja. No canto victoria, aún sufro, como he sufrido en prisión entre los dolores del síndrome de abstinencia y el comportamiento racista de algunas personas.
Cissé se encuentra desde hace algunas semanas de nuevo en prisión.

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