Los ministros no obedecen

El primer ministro francés, Jean-​Pierre Raffarin, cree que la política debe estar basada en la proximidad, en escuchar los problemas de la “gente de verdad” y traten de convencerles. Para ello apuesta por trasladar su oficina durante una semana al mes a las provincias, lejos de París. Ya cuando era ministro de comercio, en 1996, cada mes se iba unos días de viaje por la Francia profunda. Chirac quedó encantado entonces con su actitud y ahora le ha concedido la jefatura del gobierno. Desde su cargo, Raffarin intenta que sus ministros hagan como él, que vayan a ver al pueblo, “porque es la emanación del voto popular, el gobierno debe estar cerca de los franceses”.
Pero los ministros no están por la labor. A ellos les gusta París, la alta política, los juegos de intereses, qué es eso de ir a hablar con la gente por ahí. Nicolas Sarkozy, ministro del Interior y número dos del gobierno, enrabietado porque Chirac escogió a Raffarin como primer ministro, político especulador, es el gran ejemplo de los anti Raffarin. Entre sus ayudantes, se preguntan con ironía: “Ah, ¿pero es que ha habido alguna propuesta para que salgamos de París?” Menudo arte, la política.

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