Sólo valoro la originalidad del qe no se cree Adán pisando por primera vez el mundo

Alejandro Duque Amusco
¿Cuándo, cómo y por qué escribe poesía?
Escribo siempre a mano. Necesito el contacto con el papel, el poder tachar y releer bajo la tachadura. Como el impulso que me lleva a escribir suele ser repentino, aunque obedezca a un proceso más o menos largo de cristalización interior, la “visita” del poema me ha llegado en los sitios y momentos más diversos.
He escrito más en bares que en bibliotecas, el ruido me sirve de matriz aislante. He escrito paseando por la calle y también, a veces, en mitad de la noche tirándome de la cama, como respondiendo a una llamada impostergable. Acaso como todo poeta, uno escribe, entre otros motivos, para explicarse el mundo y explicarse uno mismo.
En mi caso, añadiré que fue fundamental para mi nacimiento a la poesía el haber pasado largas temporadas de la niñez en el campo (hasta los catorce años), en plena libertad y en contacto maravillado con la luz, el agua, los animales, las noches rutilantes… Puede decirse que en el lenguaje de la tierra aprendí el lenguaje de la poesía.
¿Qué nota cuando escribe versos?
Sé bien lo que es el “sufrimiento de la escritura”. Escribir me produce una desazón profunda, por más que hacerlo se me presente como una necesidad liberadora. La escritura me quema. Pero escribiendo consigo dejar atrás las llamas. Me identifico enteramente con Blas de Otero cuando dijo que escribir era para él “una de las mayores calamidades de su vida”.
¿Cree usted que la perla no se explica por la ostra (Proust)? ¿Cómo ve la relación entre su obra y usted? ¿Cree en la inspiración?
La poesía no equivale, como propone el símil proustiano, a la paciente segregación de perla alguna, ni tampoco pretende directamente la belleza de la joya perfecta. Es más bien –puestos a buscarle un justo término comparativo– una descarga eléctrica, una iluminación intensa y repentina (no importa lo que la tormenta haya tardado en formarse), que alumbra hasta los sustratos más hondos de la conciencia del hombre.
Aunque en el momento de escribir uno tenga todos los sentidos puestos en la materia e intención del poema, he de reconocer que no sé mucho, apenas nada, de mi propia poesía, ganado por la idea de que racionalizar, teorizar sobre la obra creativa es sofocarla y tal vez torcer su natural línea de desarrollo. Desde esta “cultivada” ignorancia, creo poder decir que los poemas que he escrito saben más de mí, de mi vida profunda, que yo de ellos.
Se puede hablar de inspiración. Pero va unida a causas físicas y psicológicas, como el haber dormido bien o sentir que se tiene (otra cosa será la realidad) todo el tiempo del mundo por delante. La inspiración comienza con el trabajo tenaz y se sostiene por la exigencia autocrítica.
¿Qué piensa usted de la métrica, de la rima (consonante y asonante)? ¿Y del verso libre?
El bricolaje poético es fascinante. No es posible hablar de verso (sea métrico o libre) si éste carece de una flexión melódica. La musicalidad en poesía es una exigencia. Esto no significa que se tenga que recurrir a los mismos sistemas armónicos –ni a los mismos patrones de rima– que ya probaron su eficacia en manos de otros poetas. También en esto la poesía es sensible a la indagación y la novedad.
¿Cuál es la función de la metáfora en su poesía? ¿Puede citarnos algunas que le parezcan características o de las que esté satisfecho? La metáfora hace a la poesía. ¿Hay quien lo dude?
Toda metáfora es una máscara que a nadie engaña. Conocemos el rostro de la realidad por más que ella se nos oculte y disfrace. En el fondo, no hay “ocultación” en la buena metáfora, sino, por el contrario, énfasis, subrayado, revelación de un nuevo sentido que yacía en penumbra y queda iluminado de pronto por ese acierto expresivo del poeta. O del filósofo, que también los ha habido tocados por la gracia para crear metáforas: “Llama verde” llamó Ortega y Gasset al ciprés con sustitución memorable.
¿Valora la originalidad? ¿Por qué? ¿En qué tradición se coloca?
Sólo valoro la originalidad del que no se cree Adán pisando por primera vez el mundo. No le está permitido al poeta repetir invariablemente lo que sus predecesores consiguieron (sería atentar contra la historicidad del fenómeno poético). Pero tampoco olvidarse radicalmente —si es que esto fuera posible— del camino que otros recorrieron antes. La poesía es, como se sabe, historia y memoria a la vez. La antorcha de la poesía ha de cambiar de mano, con cada generación, pero para alumbrar regiones nuevas.
¿Qué le gusta de lo que han dicho los críticos (cítelos) de su poesía? ¿Tiene idea de su público? Alguna anécdota relacionada con su poesía.
He oído siempre con respeto y gratitud las palabras que mi poesía ha podido suscitar entre la crítica, pero no me he sentido nunca en situación de poder refrendar o rechazar sus aseveraciones, ya que, según lo apuntado más arriba, yo puedo responder de lo que he hecho, no de lo obtenido, que para mí seguirá siendo una sombra en la caverna.
En un sentido radical, nadie lee su propia obra. Faltan los ojos inocentes que asisten a cualquier lector que se acerque por primera vez a ella. Cada poeta, no obstante, casi sin darse cuenta y como si fuera un pequeño dios, define un tipo de lector a su imagen y semejanza. De ese modo, cada poeta podría con igual justicia exclamar: “Mi público soy yo”.
Una anécdota, como se me pide, para terminar. Fui invitado a Lituania, en 1994, para participar al lado de otros poetas venidos de distintas partes de Europa en el Festival de la Poesía que ese país celebra cada año. Mi mérito para tal invitación, a ojos del Gobierno lituano, era que había ayudado a la publicación de Las voces del silencio, la primera antología de poetas lituanos que aparecía en lengua castellana, traducidos con gran acierto por mi buena amiga la profesora Biruté Ciplijauskaité. Yo he aprendido mucho de la poesía lituana contemporánea, que por fuerza tenía que gustarme porque está entrañablemente ligada al paisaje y los elementos naturales. Me considero de los pocos afortunados que conocen y han frecuentado la lectura de los poetas lituanos de hoy. Cuando llegué a Vilnius, enseguida comprendí que ser poeta en aquel país era cosa muy distinta de aquí, en el Occidente europeo. Ser poeta en Lituania es una dignidad. Los diez o doce poetas venidos de fuera fuimos recibidos con todos los honores por el Presidente. Nos llevaron, trajeron; nos agasajaron. Y nos impusieron una insignia de recuerdo. Los poetas occidentales nos mirábamos con asombro e incredulidad.



EL INSTRUMENTO HUMANO

¿Oís? Desde el dolor, milagro es la palabra.
Unidad inconsútil la del hombre y el tiempo.
Vibra la luz en mí y hermoso es su sonido.
¿No sentís el arpegio? Venid. Podéis tañerme.

De Esencias de los días, 19721975

RELOJ DE AGUA

En la gota de agua
parpadea
la aguja inmutable
del tiempo
y del no tiempo.

Como el hueso en la carne,
el sol está dentro de la gota suspensa.

Interior insolación del tiempo.

LEJANAS ESTELAS DE JUNIO

Desciende de la mañana abierta
un ala gritadora.

Los manzanos
maduran
los zumos ácidos del sol.

Al mediodía, los animales
corren inquietos.
Rumores y latidos.
Oíd la profunda respiración
de la tierra.
Viene de más allá,
del otro lado de la luz,
como oleaje
entre sueños.

Mirad las lumbres vivas.

Libélulas llameantes,
rayos rizados de color.

Nupcial derramamiento en el atrio del verano.

Del libro Del agua, del fuego y otras purificaciones, 1983

ACORDES

Universo, latido de lumbre prodigioso:
el gran corazón que nadie oye
golpea el espacio.
Oh música infinita que mantienes suspensa de la soberbia altura
la llamarada del compás y lo eterno.
La mente prende en ti. El nervio se hace oído.
En la creciente orquesta una fuga es la vida.

De Sueño en el fuego, 1989

TRAMPAS

Aquello que posees
se revuelve contra ti,
uña venenosa que su abundancia
clava en propia carne,
aquello que tienes
excava dentro de ti un pozo de penuria
y te desata de lo que más amaste.

Lo que tienes
te hace ser prisionero de tu posesión,
engendra
cieno y ruptura,
te divide y aparta,
porque la gran riqueza es el anhelo.

Lo que anhelas con fe
es tuyo, y nadie te lo arrebatará.
Sólo lo que anhelas con fe es tuyo
y será tuyo siempre,
mientras tengas la fuerza
de apartarlo si llega.

DESPOBLADO

Crece
la marejada negra
del olvido. Sus aguas
llevan del ayer
al nunca.

El nunca
es el lugar
más habitado.

PALABRA

Celada hermosa,
detrás de cuya estela
se me fueron
los ojos deslumbrados;
viví para ahuyentar
la muerte y su cara empolvada
con tu gracia
de frágil danzarina.

Para esperarte
bajo la luna negra del deseo,
como sumiso amante,
por si acaso venías.
Pero tal vez
no eres más que eso: una espera
en la noche,
la espera que se cumple
en otra espera,
la promesa
por siempre demorada.
La cita de una ausencia.
¿Cómo tenerte, hechizo delicado,
si sé que las palabras
más amadas son esas
que nadie oye,
las más ansiadas son
las que nos cuestan
al final
la vida?

De Donde rompe la noche, 1994

PROMETEO EN LA TIERRA

Desciende torva
la noche
a los umbrales
donde anudan el cuerpo
y desnudo lo exponen
a las garras hambrientas
de las águilas.

Los verdugos
ofician
el ritual
con lentitud de sueños
estancados; entre antorchados

pasadizos, como dioses
terribles, abandonan
la víctima
indefensa.
Los ojos del dolor
estremecen la noche.

Se adivinan las alas
en el aire sangriento.

Inmensas y voraces, las águilas de luz.

ARCA DE LA ALIANZA
(CRIPTA GÜELL: GAUDÍ)

Santa Coloma de Cervelló, marzo de 1998

Una mano de luz sostiene esta estructura
que levita entre el aire y lo invisible.

Navega la sublime crestería.
Arca del bien. Cripta de la alianza.

Solo llueve una danza de rocío
y no cae: a la deriva asciende

por un cielo de piedras de color.
Espirales enérgicas, equilibrios de humo.

Las palmas suaves de los querubines
de la gracia se posan en la tierra

y elevan con su sueño, en tensión
indecible, este edificio ingrávido.

Arboleda de alas. Mariposas de luz.
Abovedada música celeste.

Llega a la almohada pura de la tierra
el gemido más bello del amor.

¡Plegarias! Este es el punto sacro
donde la realidad es ya toda irreal.

Silencios circulan en ojivas,
galerías, vitrales. Multicolor murmullo.

Se abren las puertas al coro de la gloria.
¡Toma asiento bajo tu techo, Dios!

Inédito. Del libro en preparación
A la ilusión final





El poeta y su obra
Alejandro Duque Amusco nació en 1949. Infancia sevillana; veranos en Zufre, en la Serranía de Aracena (Huelva). Durante diez años, de 1984 a 1994, dirigió los “Pliegos de poesía” de El Ciervo. En 1976 se dio a conocer con Esencias de los días, libro en la línea de una poesía hecha de pureza y sensualidad traspasada por una tensión reflexiva y filosófica de impronta metafísica. En 1983 aparece Del agua, del fuego y otras purificaciones (El Bardo), cuya complejidad se basa en el choque entre una poesía amplia, de verso largo y meditativo, y la depuración última de las Tankas, breves composiciones de ascendencia oriental. En Renacimiento publica, en 1989, Sueño en el fuego. En 1994, con Donde rompe la noche (Visor), obtiene el prestigioso premio internacional de poesía Fundación Loewe, presidido por Octavio Paz. Paralelamente a la escritura poética cabe señalar la importante tarea crítica sobre poesía moderna que ha desarrollado Duque Amusco, con la realización de ensayos de particular relieve sobre Juan Ramón Jiménez, Aleixandre, Bousoño, Brines, entre otros. Nada probablemente expresa mejor el sentido de la poesía de Amusco que este fragmento suyo de poética: “La verdadera poesía a lo que más se asemeja es a una palabra tachada, debajo de cuya tachadura no estamos muy seguros de lo que leemos”. (nota de Giuseppe Gentile aparecida en Diversi racconti, Salerno (Italia), 1997).

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