Un muerto muy sano

Este será pronto el caso de Charles Laverne Singleton, un ciudadano afroamericano que ha pasado 23 de sus 43 años en el corredor de la muerte. Los episodios psicóticos que padece le habían salvado hasta ahora de la pena capital. Ya no más. Si el Tribunal Supremo no lo impide, Singleton será ejecutado. Pero, como la ley prohíbe aplicar la pena de muerte a personas con enfermedades que les impidan comprenderla, primero el reo deberá ser tratado de su psicosis. Por seis votos contra cinco, un tribunal federal de Missouri ha decidido que era mejor una medicación forzada seguida de una ejecución a ninguna medicación seguida de psicosis y cárcel. Estiman que el tratamiento “beneficia al prisionero” independientemente de lo que luego pueda ocurrir. Y añaden: “ser elegible para una ejecución es la única consecuencia indeseable de la medicación”. La única.
De qué hablamos, de justicia o de venganza.

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