La sabiduría

En Haryana, región al oeste de Nueva Delhi (India), los padres quieren tener hijos masculinos. Un hijo es seguridad en la vejez, compañía, mientras que una hija se va a convivir con la familia de su marido y a trabajar para ellos. Hasta ahora las familias lógicamente no podían elegir. Salía lo que salía. Sin embargo, los avances científicos han traído la posibilidad de elegir el sexo de los retoños. Así que aquellos que lo pueden pagar tienen seguro un hijo varón. Esto ha llevado a que en Haryana haya sólo 820 niñas mayores de seis años por cada 1.000 niños. Es un gran desequilibrio. La técnica y la testadurez humanas se han unido para desbaratar el equilibrio natural. Pues no. La solución ha resultado ser la siguiente. Veamos. Para que una sociedad sea patriarcal, el patriarca necesita una familia. Para ello, necesitará una mujer. ¿Qué sucede? Que las novias van tan buscadas que las familias ricas pagan por hacerse con una de ellas, lo que alegra a los padres y a la chica, que antes debía hacer lo mismo sin sacar beneficio alguno para sus padres. “Incluso si la niña es tuerta, quiero ver a mi hijo casado”, cree el padre Jai Pahrwal.
Pero hay más. Según un psicólogo, la actitud de la gente ahora se basa en el siguiente pensamiento: “De acuerdo, hay que tener niñas, pues que las tengan los demás”. Es aquí donde entra en juego la verdadera providencia. Antes, las niñas no deseadas eran asesinadas. Tanto es así que según el equilibro natural entre hombres y mujeres, en la India “faltan” 51 millones de mujeres. En cambio, gracias a la selección de sexo se evitarán todas estas muertes. Los testarudos que quieran tener hijos, que los tengan y que luego paguen por la novia. Y además, como hay tan pocas, muchos obviarán la sacrosanta distinción por castas y esposarán a una chica inferior. Resultado: ambas familias contentas. Una jugada maestra.

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