Catalán, jesuita, americanista, europeo y hombre de su tiempo

Josep M. Margenat
Jesuita y profesor de Filosofía Social en ETEA
Batllori fue un príncipe de la historia, acaba de escribir José E. Ruiz-​Doménec, cima de la prosa catalana, afirma Pere Gimferrer. Parece acertado para definirle en pocas palabras. Para la historia hispánica su nombre figura con el de su amigo y condiscípulo Jaume Vicens entre los que han marcado líneas abiertas para el futuro. Batllori fue, como catalán, medievalista; como jesuita, modernista; como español, americanista y gracianista; como europeo, historiador de la Ilustración, y como hombre de su tiempo, contemporanista. Aunque también podríamos decir “catalán como Llull, jesuita como Gracián, europeo como Croce y hombre de su tiempo como Vidal i Barraquer”. En sus años de estudio en Italia, tras la disolución de la Compañía en España (1932), comenzó a trabajar en archivos italianos y, más tarde, centroeuropeos, buscando los rastros medievales de Llull y otros. En ese tiempo conoció a Benedetto Croce con quien compartió su vocación por la historia de la cultura europea. La muerte del padre Ignasi Casanovas le llevó a interesarse por la Universidad de Cervera. El destierro (19411947) en su amada Mallorca le volvió a acercar a Llull, quien le acompañó a lo largo de su vida.
Las tres atalayas romanas, la cátedra de la Universidad Gregoriana, la dirección del Istituto Storico de los jesuitas y la de su revista Archivum Historicum Societatis Iesu, le abrieron a toda la problemática americanista, sin dejar de trabajar en los jesuitas expulsos, en el siglo xviii, de los Reinos de la Monarquía hispánica de Europa y de ultramar, y en figuras intelectuales del Barroco, en primer lugar Baltasar Gracián, con quien Batllori tanto se identificaba. Los Borja y san Ignacio y la primera Compañía de Jesús estuvieron entre sus más constantes intereses como historiador. La independencia de los países americanos y algunas figuras del siglo xix, como Balmes, le hicieron llegar a su siglo al que casi dio la vuelta y del que dejó unos deliciosos “Recuerdos”.
Como contemporanista editó, en colaboración con Víctor M. Arbeloa, los años correspondientes a la Segunda República española anteriores a la “guerra incivil”, del Arxiu del Cardenal Vidal i Barraquer. Los diecinueve tomos de su Obra completa, que comenzaron a aparecer en 1993, editados en catalán por Eliseu Climent (Tres i Quatre) abarcan ocho siglos de la cultura europea y americana. La edición ha sido apoyada económicamente, con fluctuaciones, por los Gobiernos de las Comunidades históricas de la Corona de Aragón. Recientemente fue presentado el tomo primero del Diplomatari Borja, del que Batllori había sido primer inspirador.

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