Mi tradición es la utopía como destino y el trabajo como método

Jesús Hilario Tundidor
¿Cuándo y cómo escribe poesía?
La poesía, realmente, se escribe a sí misma. Nace de un impulso volitivo, el poeta es sólo su conceptualizador y su manipulador.
Del otro lado, yo escribo poesía cuando lo vivido existencialmente, es decir, vital, emocional e intelectualmente, se revuelve en el estómago de la subconsciencia y surge la necesidad del vómito. Aparecen, entonces, en la operatividad fundadora las exigencias de expresión, de comunicación y organización en ese objeto peculiar que denominamos poema. Por eso éste no es sino el resultado de un acto selectivo de interpretar y organizar el caos de lo real como conciencia y como fenómeno. En el poema está atrapada la vida, y allí vibra, y en él se representa el acontecimiento poético como configuración de una experiencia total y de una intimidad imaginativa formadora de imágenes.
Mi manera de escribir poesía es, casi siempre, dejándome llevar por el estímulo del lenguaje vivo, actuar, desde la inteligencia de la emoción del conocimiento, sobre el latido consciente que protagoniza la culpabilidad de las imágenes; éstas se estratifican en la dialéctica del poema oponiendo, al subconsciente colectivo, la objetividad real del hombre como interioridad, existencia y personalidad creativa, que presenta de este modo, nuestra emoción frente al mundo y frente a las cosas en el receptáculo de la forma donde la palabra habita.
¿Y por qué escribe poesía?
Porque no me queda otra elección ante la llamada del poema.
¿Qué nota cuando escribe versos?
Nada en especial que no sea al cumplimiento de una obligación amada y la responsabilización de un deber. Sí me sucede que, en el acto de escribir, siento que estoy salvando mi identidad y el tiempo y el espacio, fuera de la geografía corporal de la escritura, carecen de sentido para mí en esos momentos. Así puede ocurrirme que me pase una noche entera trabajando, o un día entero, y no haya tenido conciencia alguna de ello.
¿Cómo ve la relación entre su obra y usted?
Con lo que acabo de exponer considero la pregunta contestada. Por lo demás en toda obra humana está implícita la personalidad de quien la ejecuta. Aunque sea una creación matemática o un proceso cuántico.
¿Cree usted que la perla no se explica por la ostra (Proust)?
Creo que sin la ostra no puede existir la perla natural. Las perlas artificiales pueden explicarse con los argumentos que se quiera. Todos tendrán razón.
¿Cree en la inspiración?
En poesía el trabajo es la consecuencia de una inauguración de posibilidad. La posibilidad es el fundamento de la lucidez. Si entiendo por inspiración la lucidez máxima con que se realiza la inauguración de posibilidad en un poema, creo, absolutamente, en lo que llamamos “inspiración”. Lamentablemente, se malentiende considerándola como un soplo arcangélico en las orejas del escribidor, lo que es un absurdo.
¿Cuál es la función de la metáfora en su poesía?
Desde el principio: comunicar lo incomunicable, aquello que nos acerca a la realidad desde la intuición, tan importante en los verdaderos hallazgos de la expresión poética. En este aspecto la metáfora, al igual que la analogía o el símbolo, cobra una importancia de primer orden gracias a la manipulación, emocional e inteligente, realizada por el poeta sobre el lenguaje, al romper códigos de la lengua por medio de transgresiones lingüísticas significativas que la producen; muy especialmente, cuando estas transgresiones se cargan de significados múltiples, abiertos, con posibilidades de selección, trascendencia y adecuación a los planos emotivos del subconsciente.
Entonces, ¿la metáfora hace la poesía?
La verdadera poesía crea la verdadera metáfora, ésta es como una gran muleta que le ayuda en el difícil camino de la comunicación.
¿Qué piensa usted de la métrica, de la rima (consonante y asonante)?
La escritura de poesía sostiene un proceso de exigencias propias y leyes particulares, distintas a la prosa narrativa, que la condicionan. La métrica y la rima no crean por sí solas el mundo de lo poético. A lo más, cuando se establecen correctamente y de una forma no forzada en el poema, lo adornan. Considero que la preceptiva debe ser conocida y ensayada por el poeta, a la manera que un pintor debe conocer la escala de colores y sus transferencias, por muy abstractas que sean sus composiciones. Y las debe conocer, aunque sea para ser olvidadas. Siempre estarán detrás de sus ejecuciones entregándoles lo que realmente conforman las unidades estróficas: la musicalidad o la opacidad, el ritmo formal y el ritmo conceptual, la linealidad o la antilinealidad argumental emocional, la fluencia y la selección lingüísticas y el desarrollo general poemático…, en fin, todos aquellos aspectos mágicos y formales que nos entregan la sensibilidad subconsciente, el trabajo consecuente y la prodigalidad argumental… Lo que de ningún modo puede admitirse es la rima chatarrera y el forzamiento de la medida silábica, sin acentuación ni rítmica interior y constructiva. O lo contario, escribir fragmentaciones prosaicas puestas en renglones y renglones consecutivos.
¿Y del verso libre?
Dejando al maestro don Antonio, yo pienso que el verso libre, bien construido, es un acto de libertad en la expresión de la poesía y que funda al hallazgo y lo dilata. No obstante, la transmisión poética en el verso libre, forma una unidad que abarca un conjunto matérico que produce la emoción lectora, únicamente, cuando toda ella ha sido convertida en un acto absoluto de sensibilidad. Por eso, no todos estamos dotados para realizarla, y escribir poesía no es darse un garbeo por los alrededores del lenguaje o las cercanías de los lloriqueos.
¿Valora la originalidad? ¿En qué tradición se coloca?
Todos sabemos que el valor de la originalidad, como tal valor, toma un primer plano desde hace tiempos no muy lejanos. Cuando aparece la individualidad. Aristóteles habla del mimetismo como valor capital. Yo considero que aunque la obra humana se funde en premisas y aportaciones del pasado, hoy el verdadero artista no puede carecer de ideas y creaciones originales. Hasta en la vida misma privada y común, se buscan aportaciones culturales que superen la tradición para avanzar en la ciencia, la cultura, la sociedad misma. Por ejemplo: ¿cómo escribir la historia actual bajo un punto de estructuración griega o escolástica o nominalista? Pienso que todo fenómeno de ruptura, cuando es necesaria, es una conquista en el discurso del devenir humano y toda aportación de originalidad, cuando no es una mera moda, sin fundamento sustancial, hace dilatar el espacio ingénito del la sabiduría y el progreso.
Mi posición, referida al último apartado de la pregunta, es clara: la utopía como destino y el trabajo como método.
¿Qué le gusta de lo que han dicho los críticos (cítelos) de su poesía? ¿Tiene idea de su público?
Que “era generosamente humana, como el poeta mismo”. Son palabras de la italiana Giuliana Baita, que acaba de publicar un esnayo sobre mis libros de poesía: La pasión por reconocerse, cuyo texto ha sido conformado desde su tesis defendida en la Universidad de Milán y publicado por la Academia de la Poesía castellano leonesa.
Por otra parte, nunca pienso en el público que pueda leer “mis cosas”. Escribo lo que me exige mi propia determinación y el compromiso de mi propio significado.
¿Puede decirnos alguna anécdota relacionada con su poesía?
Siendo muy joven gané el Premio Adonáis. Yo era absolutamente desconocido y tardé en enterarme ocho o nueve días, pues ni siquiera sabía que estaba el libro presentado al premio, ya que lo había enviado mi mujer porque cuando alguien me dijo que en Madrid sonaba el nombre de cierto poeta como ganador, lo arrojé, desesperado, para no saber nada más de la poesía. El Adonáis se fallaba por la Purísima y unos amigos fueron al pueblo donde daba clases para felicitarme y preocupados porque no me había presentado ni en Zamora, mi capital, ni en Madrid. Así fue como supe que me lo habían concedido, aunque al principio ni me lo creía y les dije a mis amigos que se dejaran de bromas, creyendo que era el día de los Santos Inocentes. Sólo lo acepté al enseñarme el recorte de ABC donde se expresaba la concesión, que por cierto fue por unanimidad. La carta de su anuncio estaba en casa de mi padre, la dirección que había puesto mi mujer y mi madrina, y allí, por aquellos días, no habia nadie ya que mi padre se había ido a vivir con mi hermana, habiendo muerto mi madre.
Aún recuerdo la cara de sorpresa que puso José Luis Cano, cuando aparecí por Madrid y presentándome a él le conté todo lo sucedido. Hay que pensar que por aquellos tiempos el Adonáis era importantísimo y que de aquella época primera han salido muchos de los grandes poetas que ahora leemos.



POÉTICA

Miro el espacio azul. Me crecen alas
de oro. Paz de oro, espuma silenciosa
viene hasta el corazón. En la espaciosa
inmensidad, en las enormes salas

del aire crece, extiende ya sus galas
el sueño. No es sueño ¿Ser? No es ser. ¿Fosa
será de mi deseo? No, no hay cosa
más lejos de la muerte que estas alas.

Hálito del albor que se origina
desde un dentro de sol y permanencia
como los robles, más, como la encina.

Es un instante ¿Suficiente? Anhelo,
ya hermandad absoluta, la existencia.
Todo es un vuelo y más, es más que un vuelo.

De En voz baja, 1969

CONFIGURACIÓN

COMO quien bajo un árbol se guarece
de la lluvia. Y se cala. Y así la lluvia entra
lloviendo en el paisaje de su espíritu
y hace su carne lo existente: el mundo.
Luego, al lucir del sol, su pensamiento
en íntimo arcoiris lo deslumbra
más poderoso que la luz de fuera,
y translúcido siente que le acosa
la realidad y la pasión, la vida.
Y él es feliz, pues sabe que aquel orbe
en la movilidad del tiempo esquivo
jamás enfriará la luz de invierno.

De Las llaves del reino, 2000

CANTAR PARA ESTRELLAS

Antiguamente, en los días furtivos,
sin lenguaje, una adivinación: luminosos
sépalos. Lo que está señalado,
hermosura. Y más lejos. En la sorpresa
de los equinoccios.

En la sorpresa de los equinoccios
salidas cercan aquello que no es dicho.
Que no es posible decir. Mejor tú,
inteligencia. Tú, pensamiento.
O la perpleja
imaginación.

Del ojo aquel inútil con que ve el alcohólico
los sueños, el coñac, las bodegas, el aire.
Tanto espacio para tan corto
tiempo, tanta repetida
desvalidez. En los días furtivos…

Sobre la esfera última
del cántico horademos la piel en que yace
el vacío, la brasa
de la verdad. O estrellas que resisten
el temblor, la belleza y el desconocimiento.

De Las llaves del reino, 2000

CUERPO DESNUDO AL SOL

Aurora donde pronto
caerá mi atardecida.

Llévate el beso, amor,
tu verdad es la mía.

Qué aliento prodigioso
remueve la ceniza.

Amor, llévate el beso.
Llévate, amor, la vida.

Inédito en libro

DESDE LAS ÚRSULAS

Con un amor que nunca
he besado en los pechos, ni besaré, recorro
Salamanca. Blanca, blanca, blanca
es la tarde blanca, ligeramente
tiempo la piedra, conocimiento, ¿eternidad
el hombre? Voy escuchando
signos, palabras
megalíticas: no sonidos, no muerte, resonancia
que ha sido acontecer, que allá
por Clerecía augura y yace y posa
y callejea. Topo
con Dios junto a un zaguán
y conchas. Dios está atado y es mendigo, pasa
sobre la brisa la memoria
de Gredos, la cumbre, el águila, Unamuno
agonizando en nieve pura, sueño
de su verdad. Poco después, ya bronce
en enseñanza, hénoslo aquí, corvo
de duda en duda, de muerte en muerte suya
y enquistada.

Y otra vez en las Úrsulas
que es plaza de memoria, esquina
de intimidad: ¡Pobre
semilla!, digo
como quien habla a la ternura, al aire
que la transporta, pienso
en ovarios, en úteros, en creación
y en alas. Y España, que ha arrimado
su hombro, su carne pura de mujer decente,
se sonríe y con Dios. Y que así sea.

De En voz baja, 1969

REPASO DE UN TIEMPO INÚTIL

Déjame que repose la tristeza
(sigo solo, no hay nadie, miro el día amarillo,
su ruina ) sobre la inmensa
corola de tu cuerpo. Estoy cansado, vivo
de sombras y ceniza, déjame, aprieta
me –te quiero– escribo
entre la oscuridad nublada y lenta
que cruza por la calle de los pinos
del alma. No hay nadie, callejas y callejas
y callejas vacías, rostros muertos, hilos
de lana fugitiva, envejecida. Y dolor. Seca
corcovada ternura de infinito
sobre las ramas cuelga,
huele a río y no hay río,
huele a amor y no hay amor, guedejas
y jirones, ruidos
muriendo, huellas sombrías bajo huellas
sombrías. Es todo. Pasa un aire marchito
sobre las horas –es inútil la vida – , espera
me, escúchame, estoy roto, áspero estío,
nadas…
Te amo.
Mientras
vibra el dolor por tanto sueño herido
por el ceremonial de la materia,
tú abrázame, escóndeme, arrópame,
callado hijo de nada en la ribera.

De Repaso de un tiempo inmóvil, 1982

CAMINOS DE ÁVILA

De roca, musgo y ánima
este duro paisaje. Y la encina,
a la que abrazo y siento
su vibración.
Esta tierra
que piso me estremece, esta mirada
entre sierra y baldío…
Y un poco más, llanura.
Y un poco más, azul. Azul
que es cuerpo y mano y amenaza
hasta que el sol revienta en el espíritu
y la tierra no es tierra, ni lo azul
es azul. Y el hombre sabe
que está en aquello mismo que contempla.

De Las llaves del reino, 2000





EL POETA Y SU OBRA
Jesús Hilario Tundidor (Zamora, 1935) divide su quehacer poético en dos etapas. La primera incluye los libros Junto a mi silencio, editado por Rialp en 1963 y premio Adonáis 1962. Otros poemarios de esta primera etapa son Las hoces y los días, En voz baja, Pasiono y Tetraedro. Según Giuliana Baita, autora de la tesis La poesía de Jesús Hilario Tundidor, “cada una de las obras que componen esta primera época no responden a una verdadera unidad temática definida; dicha unidad se logra a través de un tono general específico”. La segunda etapa se inicia en 1980 con Libro de amor para Salónica, que da paso a Repaso de un tiempo inmóvil, Mausoleo, Construcción de la rosa y Tejedora de azar hasta su último libro, Las llaves del reino, publicado por Hiperión en 2000. En palabras del propio poeta, en esta segunda época, “mi cosmovisión va haciéndose cada vez más compleja y los temas que incitan mi reflexión poética se ampliarán –la cultura, la historia, la metapoesía…” Para Pedro Hilario Silva, la poesía de Hilario Tundidor “se debate en un primer momento dentro de una preocupación existencialista, social, para, más adelante, centrarse en la reflexión sobre el conocimiento, en una epistemología que se realiza siempre dentro de la más honda emoción”. La obra de Hilario Tundidor ha sido traducida al francés, inglés, italiano y rumano. Los poemas publicados en estas páginas están ordenados según la voluntad del poeta.

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