Un lunes en la embajada

Juan Francisco Montalbán
Embajador de España en El Salvador
Las vacaciones de Navidad, recién acabadas, ya parecen lejanas. Tras el regreso de España, el nuevo año y la reanudación del trabajo en la embajada, la abundancia de temas pendientes, nos hacen zambullirnos a todos en los proyectos en curso y retomarlos con ánimo: el 2003 será, todo apunta a ello, un buen año para las relaciones hispano-​salvadoreñas. Los intercambios de todo tipo no han hecho sino crecer y sofisticarse, y el papel de España en el desarrollo de El Salvador se deja ver crecientemente a través del compromiso que nuestras autoridades y la sociedad española nos han marcado.
Intento que los lunes sean días de pocas citas y salidas, que me permitan la planificación adecuada de la semana. Voy despachando asuntos, primero en sesiones por separado con todos mis colaboradores, los responsables de las secciones diplomática y política, comercial, consular, cultural y de cooperación, y luego, tras el almuerzo, en la reunión semanal de coordinación, a la que concurre todo el equipo directivo de la representación. Se consigue así repasar las iniciativas en curso, revisar adecuadamente las últimas instrucciones, normativa e informaciones que nos llegan desde España, preparar las gestiones pendientes ante estas autoridades (siempre frecuentes: el año pasado, por nuestra presidencia de turno de la Unión Europea; éste, por nuestra incorporación al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas), ordenar la agenda y la responsabilidad de cada quién en los diversos ámbitos y, lo que es esencial, establecer de forma conjunta los objetivos que esta embajada debe cumplir (nuestro plan de acción), acompasando y dando coherencia a todos los instrumentos de trabajo con que se cuenta, sean éstos créditos, programas de cooperación, visitas o apoyos políticos concretos.
A primerísima hora de la mañana (los horarios centroamericanos son tempraneros), había desayunado en la residencia con dos periodistas salvadoreños que han pasado diez días en España, dentro del programa de visitantes de la Fundación Carolina, lo que les ha permitido conocer la realidad de nuestro país y nuestros medios de comunicación, además de establecer contactos que mejoren mutuamente la cobertura y los flujos informativos. Era la primera vez que se utilizaba este programa, creado recientemente, y en nuestra reunión de coordinación haremos una puesta en común de opiniones respecto a la utilidad de la iniciativa y los criterios con los que en su caso continuaremos activándola en próximos meses.
Hoy tan sólo había tenido otra cita por la mañana. Una empresa química española desea invertir en el país por considerar que se dan las condiciones institucionales y comerciales favorables. Les recibo, intento suministrarles la información y los contactos que precisan; para acabar de perfilar su decisión les aconsejo que pasen por la Cámara Española de Comercio.
Me telefonea la ministra salvadoreña de Relaciones Exteriores para empezar a perfilar la agenda de un próximo viaje del presidente Flores a España; inmediatamente, traslado a Exteriores en Madrid sus ideas con mis comentarios, para que sean estudiadas.
Antes de comer encuentro un rato para dar una llamada a Madrid y preguntar a mis hijas cómo ha ido el primer día de colegio. Como era previsible, emociones encontradas.
Algunos presidentes autonómicos anunciaron en meses pasados su visita; ante la probabilidad de que ésta se concrete próximamente, empezaremos a analizar, y será tema central de la reunión de coordinación, sugerencias de agenda y entrevistas, posibles recorridos por los proyectos de cooperación, muy abundantes, que estos años de reconstrucción posterremotos financia la cooperación descentralizada… Habrá que hablar también sobre la entrada en vigor de la nueva ley de nacionalidad, y las exigencias que su puesta en vigor generará en nuestra sección consular.
A las seis levantamos la reunión para poder asistir a un acto previsto un poco más tarde en nuestro centro cultural: una exposición de acuarelas que mezcla la calidad artística de sus imágenes sobre la vida rural en El Salvador y en toda la región centroamericana con el objetivo de la sensibilización a favor de la cooperación para el desarrollo. Como es habitual, el centro registra lleno casi absoluto: el mundo de la vanguardia artística local, gente de la colonia española, trabajadores de organizaciones no gubernamentales nos suelen acompañar en estos encuentros culturales y de amistad que ya han sentado una tradición en la capital.
No puedo quedarme mucho tiempo. El cuerpo diplomático despide con un cóctel a un colega embajador que abandona el país después de varios años de trabajo brillante y dedicado, y no quiero dejar de darle un abrazo de despedida y de enhorabuena por su labor. Veré allí a los líderes de los partidos políticos de centro que intentan estos días poner a punto una coalición de cara a las elecciones municipales y legislativas de marzo; tal vez puedan confirmarme si van avanzando a buen ritmo.
La jornada ha sido larga. No creo que llegue a tiempo a la sesión deportiva que un grupo de forofos de la embajada monta casi a diario, ya a última hora, en las instalaciones del centro español, un poco de squash, unos largos en la piscina, un partido de futbito. En fin, mañana será otro día.

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