No, ni antes ni después

Carlos García de Andoin
Delegado diocesano de formación de laicos. Bilbao
No a esta guerra porque es inmoral. La amenaza de destrucción masiva del régimen de Saddam no era grave ni cierta. La inspección de la ONU no ha sido apurada hasta el final. El empleo de la fuerza militar ha causado ya males mayores ciertos, una profunda crisis de Naciones Unidas como autoridad política internacional y es previsible que lejos de atajar, multiplique la plausibilidad del crecimiento del fundamentalismo islamista violento contra occidente.
No a esta guerra… también después. No, aunque haya sido corta. No, aun cuando la embriaguez de una victoria aplastante haga a muchos sumarse a caballo ganador. No aunque haya iraquíes alegres que saltan satisfechos sobre las estatuas derribadas de Saddam. Tampoco el día que la guerra comience a dejar de ser actualidad. No aunque el protectorado americano sea corto, que no lo será. Nunca ni cuando la memoria llegue a olvidar los horrores y las víctimas de la guerra. Miles de vidas truncadas y familias rotas, de modo irreversible.
Si a la paz que apuesta por el diálogo entre civilizaciones, tejida sobre el diálogo paciente y multilateral entre las naciones. Si al papel central de la ONU, al presto cumplimiento de todas las resoluciones, a la paz israelo-​palestina. No a la pax americana, prepotente, unilateral, insultante, incoherente. Si a la paz cimentada sobre la cooperación y el desarrollo de los pueblos. Si también a la una paz, nacida de la conciencia del peligro real. El terrorismo global es una potente amenaza, más aún en aquella medida que tenga complicidad o convergencia con Estados y en cuanto sea capaz de alterar el precario orden en Oriente medio. Si a la paz reivindicada por una ciudadanía exigente, por una juventud que renace al compromiso. Si a la paz de Dios, de una Iglesia unida, de religiones en diálogo.

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