El precio de un problema

Ruth Lilly es una poeta aficionada. Hace años que intenta publicar su poesía en una revista norteamericana de prestigio –Poetry– sin conseguirlo. Lilly, que tiene 87 años y está un poco pachucha, es nieta de la fundadora de una enorme compañía farmacéutica estadounidense. Así, visto que con su poesía no conseguía entrar en el limbo poético de la posteridad ha optado por premiar la honestidad de Poetry –que sabían que trataban con una millonaria– y les ha entregado un cheque de 100 millones de dólares (16.000 millones de pesetas). Cuidado: no es un donativo cualquiera; es mucho dinero.
El New York Times le dedica incluso un editorial a la donación. En él, se comenta con una exquisita ecuanimidad lo que Poetry pagaba a sus colaboradores: “Si usted es lo bastante bueno como para que le acepten un soneto en Poetry, le darán dos dólares por verso, 28 en total. Hacer un soneto no es una casualidad, y hacer uno para Poetry requiere el esfuerzo de toda una vida, aunque 28 dólares sea la mitad de lo que gana en una hora un mecánico decente.” Perfecta metáfora norteamericana de la justicia del dinero.

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