La neumonía

Frederic Bobin, corresponsal de Le Monde en China, va a la provincia de Shanxi a 800 kilómetros de Pekín para preparar una crónica sobre la neumonía atípica. Shanxi es la tercera provincia en casos de Sars. Para ilustrar mejor el sentir de la población, Bobin va a una aldea y entra en una cabaña mísera escarpada en una roca. Allí viven el joven Deng Haiyan, su padre y un asno en condiciones muy duras. Sin otro recurso más allá de algún pequeño cultivo, explica Deng. A su lado, su padre no para de toser y toser, incluso llega a escupir sangre. El visitante se interesa por su salud. “Tiene neumonía”, responde Deng. El corresponsal retrocede desconcertado: “¿Neumonía!” “La neumonía típica”, le tranquiliza Deng. Su padre no tiene recursos suficientes para curarse; hace un año que no visita el hospital a causa del precio.
¿Pero China no era un país socialista? Lo era. Desde principios de los ochenta, la consigna es crecimiento por encima de desarrollo. Así, el Estado ha bajado sus presupuestos y el país se ha quedado sin recursos. El resultado ha sido un hueco enorme entre la nueva clase media y la inmensa mayoría del país, que es mucho más pobre que antes. Según el profesor en temas asiáticos Joshua Muldavin, “muchos citan el éxito de la transición china hacia una economía de mercado, pero el frágil sistema sanitario que ha destapado la neumonía atípica pone en cuestión el modelo de desarrollo basado en el mercado proveerá los bienes sociales necesarios para la mayoría”. Quién sabe lo que pasará en el futuro. Lo que es seguro es que el padre de Deng no necesitará la nueva neumonía para morir. Con la vieja le sobra.

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