Dos reuniones en Sarh

Marc Niñerola
Cooperante en Chad de Intermón Oxfam
Las mujeres de la Celiaf nos esperan el sábado desde antes de las ocho de la mañana sentadas sobre la gran estera delante de su almacén de grano, bastante lleno. Son unas quince, no paran de hablar y reír todas a la vez. A la algarabía general se añade el intenso colorido de sus vestidos típicamente africanos, lo que genera un ambiente animoso e informal que contrasta con el motivo de la reunión: la planificación de actividades de la Celiaf –la confederación de organizaciones femeninas del Chad. Es decir, según los objetivos de la organización, quién va a hacer qué, cuando y con qué medios. Estamos en Sarh, una pequeña ciudad cerca de la frontera con República Centroafricana a unos 700 kilómetros en línea recta de camino de tierra de la capital N’Djamena.
Renodji, quien me ha traído con su moto, es un joven geógrafo coordinador de una plataforma de organizaciones de derechos humanos, ONG y sindicatos que reclaman una explotación justa del petróleo en el Chad. Me acompaña en la reunión para promocionar la participación de las mujeres en la plataforma civil sobre el petróleo. Se nos ha hecho tarde por culpa de un típico imprevisto, nos han robado la gasolina. Digo típico, no por el robo, sino porque siempre ocurren pequeños imprevistos, averías o contratiempos. O se va la luz, o se avería algo, o cualquier otra cosa. Aquí se improvisa y uno procura adaptarse a las circunstancias tal como vienen. Así que hemos empezado la mañana empujando la moto por el barrio de frágiles casas de adobe y techado de lámina de cinc hasta llegar a un puesto de venta callejera donde unas botellas de cristal llenas de gasolina a 1,5 euros el litro se alinean ordenadas sobre un tablón.
Después de las risas por la anécdota, empezamos la sesión de trabajo. Las activistas de la Celiaf presentes en la reunión son en su mayoría maestras, funcionarias del Ministerio de Educación, prácticamente paralizado. Son señoras con muchas ganas de participar, pero con poca experiencia en las organizaciones. En el Chad, las organizaciones sociales tienen poca trayectoria, no ha habido movimientos civiles urbanos ni campesinos, tampoco ha habido democracia después de dos decenios de guerras civiles posteriores a la independencia de 1960. En Intermón Oxfam hemos decidido centrar el programa de apoyo en el refuerzo de las organizaciones de la sociedad civil, como pretexto por la reciente explotación petrolera en el Chad. En algunas de las reuniones de organizaciones sociales en las que participo, mi función es la de facilitador. En otros casos hacemos un trabajo más técnico, como el análisis y la formulación de proyectos o el apoyo en la programación de actividades.
Hoy trabajamos sobre grandes papelógrafos colgados sobre la pared. Las mujeres debaten y escriben sobre las hojas mientras conduzco la dinámica. Usamos el francés, que curiosamente no es el idioma de nadie aquí. Entre ellas hablan la lengua Sará. El trabajo discurre de forma relajada porque ellas mismas hacen avanzar el programa de la reunión, confiesan que mi presencia les permite organizarse las ideas y discutir mejor. Me admira observar cómo son capaces de aguantar horas sobre una enorme estera con la espalda erguida y las piernas perfectamente estiradas, formando un ángulo recto. A Renodji y a mí nos han ofrecido sendas sillas.
Al final de varias horas de sesión me sorprenden con una petición: si en el próximo viaje les puedo traer agendas, como la mía. Respondo que no tenemos una papelería en Intermón Oxfam, ríen a carcajadas. Todavía hay que luchar contra la mala costumbre de pedir frente a la mala costumbre de donar. Las organizaciones sociales del sur se ponen frecuentemente en desventaja frente a las organizaciones del norte cuando se discute sobre dinero o apoyo material. Si trabajamos sobre ideas, contenidos y políticas, compartimos el mismo espacio, el debate es entre iguales.
Se acaba la sesión. Estoy cansado pero satisfecho. Dentro de un mes nos volveremos a ver. Me quedan pocos días en Sarh y todavía hay trabajo pendiente con otras organizaciones con las que colaboramos.
Seguimos la jornada con Renodji. Después de una comida rápida en un puesto árabe del mercado vamos a la oficina de una cooperativa de pescadores en un viejo almacén de granos reconvertido, junto al río Chari. El señor Kosmallah es un técnico especializado en recursos acuícolas. Vamos a discutir con él sobre un estudio sobre la pesca en los ríos, lagunas y zonas pantanosas de la región. Renodji y yo no tenemos conocimiento específico del tema, pero trabajamos para integrar los colectivos de pescadores en los debates de las organizaciones sociales sobre el impacto de las actividades petroleras. Renodji le habla de la experiencia desastrosa de los pescadores del delta del Níger, en Nigeria, que han sufrido graves pérdidas por efecto de la contaminación del crudo. Reforzar la idea de sinergia entre las organizaciones es clave, frecuentemente los proyectos no tienen en cuenta el potencial de apoyo mutuo. Esta cooperativa de pescadores no podría actuar sola frente a un problema de contaminación de las aguas, ni frente a las compensaciones injustas de las petroleras, ni realizar sola el monitoreo social del impacto. Kosmallah mira preocupado las hojas desordenadas y polvorientas repartidas sobre su mesa. Renodji le ofrece el apoyo de la plataforma y expresa la necesidad de discutir el estudio con los demás.
Anochece ya, no hay suministro eléctrico todavía. Finalizamos la charla en el exterior, mientras el sol desaparece proyectando los últimos destellos sobre las tranquilas aguas del gran Chari. La visión a contraluz de dos pescadores lanzando una pequeña red al agua desde su estrecha canoa de madera nos brinda un poético epílogo a la charla.
Otro día ha pasado. Para mí, intenso y rápido, como toda la vivencia en el Chad. Para muchos chadianos has sido una jornada más en su lucha diaria por sobrevivir. ¿Dónde andará a estas horas el ladronzuelo de gasolina de nuestra moto? ¿Habrá podido obtener con ella su cuota de menos de un euro diario (según las estadísticas) con la que los chadianos se tienen que apañar? Lo que es casi seguro es que para ellos la gasolina seguirá siendo cara, lo que representa un buen botín para ladrones de todo tipo de alcurnia y en cualquier parte del globo, ¿no es cierto?

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