Como quien espera el alba
Poemas sobre el insomnio.

Vicente Luis Mora
Por la noche, tendido en la cama, Törless no lograba
conciliar el sueño. El tiempo se deslizaba como
las enfermeras pasan ante el lecho de un enfermo.
Robert Musil, Las tribulaciones del estudiantes Törless, 1906


‘Entregado a un suavísimo sueño dormía el Nestórida, /​mas Telémaco en claro pasaba las horas y estaba /​desvelado en la noche inmortal sin saber de su padre”, dice Homero (Odisea, XV). Después será Ulises quien reconozca haber “pasado las noches en blanco”. Tema borgiano por excelencia (y por ello bonillesco: “escucho derretirse el porvenir. /​El insomnio es una pesadilla”, J. Bonilla, Partes de guerra, 1994), el insomnio es un tema recurrente en la obra del argentino, autor de la que quizá es la mejor aproximación al mismo: el relato “Funes el memorioso” (Ficciones, 1944). Hay muchas formas de leer ese cuento, de inagotable simbolismo, pero la conexión con nuestro tema, si alguna duda había, se refuerza por la mención borgiana en otro poema: “Insomnio” (El otro, el mismo, 1964): “las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto, /​las duras cosas que insoportablemente la pueblan”, lo que configura la vigilia nocturna como una especie de sesión continua de cine donde la película es siempre la misma, y pertenece al género de terror. Es ahí donde aparece la “información”. ¿Cuál? La expuesta por Vila-​Matas en una genialoide crítica de La información de Martin Amis: la de que vamos a morir, la de nuestra condición perecedera: “la obsesión de la muerte (…) nos acomete a solas, en silencio, y a veces, en completa seguridad: antes de quedarse uno dormido, cuando la habitación pierde sus dimensiones” (Saramago, Manual de caligrafía y pintura, 1983). Para Adorno, “en las impacientes noches de insomnio la duración origina un horror insoportable (…) la angustia de sabe que los días están contados y la duración de la propia vida establecida en las estadísticas” (Mínima moralia, 1951). Otra vía de relación entre la muerte y el insomnio es más escabrosa: “El insomne es, por necesidad, un teórico del suicidio”, escribía Cioran en sus Cuadernos 19571972, antes de que supiéramos que iba a ser especialista en el tema.
Sin embargo, no cedamos al dramatismo. No todos los insomnios son terribles. Dos de ellos suponen la cima vital del hombre, al menos del hombre literario: los insomnios de amor y de escritura. El amor nos mantiene en un estado de tensión insoportable, al menos las dos primeras horas, quiero decir semanas. Sostiene Concha García en verso memorable que “el amor endereza los cabellos”, y por culpa de ese estrés pretraumático “el enamorado no duerme, está como vigilante de su valioso y amenazado tesoro. Se hace constantes preguntas, deambula por la casa como alma en pena, aún teniendo la prueba de que el otro está allí a su lado. (…) En trance de celos el insomnio es el rasgo más acusado. Uno se ve como en la obligación de vigilar (…) Es frecuente querer también prolongar este estado de insomnio durante el día y el enamorado guarda cama en la vigilia como en una enfermedad” (Isabel Escudero, Digo yo. Ensayos y cavilaciones, 1997). Afortunadamente, es episodio morboso que dura poco. El insomnio, quiero decir, supongo.
Y luego el literario, el insomnio que provoca quedarse levantado escribiendo, cuando la idea es tan buena que hay que dejar el lecho de lado y tomar las otras sábanas blancas para escribir en ellas, ese que tuvo Kafka siempre y que uno lleva ya tiempo sin coger. En el poema de Felipe Benítez Reyes, “Balada del insomne”, no antologado por su extensión, amén del hallazgo de los tres primeros versos, que reproducen en su sincopación el ritmo trocaico del pensamiento nocturno, es reseñable el final: “cuando el día se abra en su blancura, /​los ojos crearán ese otro sueño /​que soñaré despierto y que, a lo sumo, /​tendrá la realidad que tiene el humo” (Escaparate de venenos, 2000). Al menos eso; bien.



Vincenzo Cardarelli (18871959)

INSOMNIO

A veces me parece ver al Sueño,
monstruo impalpable, enorme,
sobre mí, a punto ya de devorarme
y soy su presa en ese mismo instante.
Como tremenda y desgraciada guerra
es lo que las más veces
con él voy sosteniendo.
Con el Sueño decía. Y delirando
me evado de las horas que son suyas.
Larva inquieta, durmiente que camina
y va soñando y cree que está despierto.

De Poesías, 1949, traducción de Ángel Crespo

Gerardo Diego (18961987)
INSOMNIO

Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño y por el mar las naves.

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.

Saber que duermes tú, cierta, segura
–cauce fiel de abandono, línea pura – ,
tan cerca de mis brazos maniatados.

Qué pavorosa esclavitud de isleño,
yo insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por el sueño.

De Alondra de verdad, 1941

Jorge Luis Borges (18991986)

DOS FORMAS DEL INSOMNIO

¿Qué es el insomnio?
La pregunta es retórica: sé demasiado bien la respuesta.
Es temer y contar en la alta noche las duras campanadas fatales, en ensayar con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años, es saberse culpable de velar cuando los otros duermen, es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa.
¿Qué es la longevidad?
Es el horror de ser en un cuerpo humano cuyas facultades declinan, es un insomnio que se mide por décadas y no con agujas de acero, es el peso de mares y de pirámides, de antiguas bibliotecas y dinastías, de las auroras que vio Adán, es no ignorar que estoy condenado a mi carne, a mi detestada voz, a mi nombre, a una rutina de recuerdos, al castellano, que no sé manejar, a la nostalgia del latín, que no sé, a querer hundirme en la muerte y no poder hundirme en la muerte, a ser y seguir siendo.

De La cifra, 1981

Marina Tsvietáieva (18921941)

¡En la noche de hoy estoy sola en la noche
como una monja insomne, de negro, sin hogar!
¡Conmigo tengo todas las llaves esta noche
de todas las puertas de la ciudad singular!

El insomnio a los caminos me ha hecho
–¡Oh mi bello Kremlin en la luz austera!–
En la noche de hoy beso en el pecho
–¡a toda la tierra redonda y guerrera!

Las pieles se erizan –no se me eriza el pelo,
el viento sofocante por el alma atraviesa.
En la noche de hoy de todos tengo duelo–
de los compadecidos y de los que besan.

De Viersti, 1916; traducción de José Luis Reina Palazón

Luis Alberto de Cuenca (1950)

INSOMNIO

La vida dura demasiado poco.
No da tiempo a hacer nada. No hay manera
de reunir los suficientes días
para enterarte de algo. Te levantas,
abrazas a tu novia, desayunas,
trabajas, comes, duermes, vas al cine,
y ni siquiera tienes un momento
para leer a Séneca y creerte
que todo tiene arreglo en este mundo.
La vida es un instante. No me explico
por qué esta noche no se acaba nunca.

De El hacha y la rosa, 1993

Sam Shepard (1943)

El insomnio es una cadena
El insomnio es un lazo
El insomnio es un círculo vicioso

Ahora mismo
Dentro de mi cabeza
Dentro de mis huesos

Gira mi cuello
Se mueve el cartílago
Me gusta el ruido de mis huesos

En medio de esta emergencia
Pienso en ti
Y sólo en ti

En medio de esta sangre insomne
Tus labios rosados
Tus brazos extendidos hacia arriba

No puedo respirar sin ti
Pero este círculo de costillas
Sigue funcionando por su cuenta

17/​5/​82. Lancaster, Ca.

De Crónicas de motel, 1982. Traducción de Enrique Murillo

Alexander S. Pushkin (17991837)

EL RECUERDO

Cuando para el mortal cesa el día bullicioso
y encima de las mudas rúas de la ciudad
se abaten la translúcida sombra de la noche
y el sueño, recompensa al cotidiano afán,
es para mí el momento en que el silencio arrastra
las horas de vigilia y su tormento,
y en la inacción nocturna me quema el corazón
la serpiente de los remordimientos.
Los sueños hierven; la angustiada mente
presa es de mil aciagos pensamientos.
El recuerdo despliega su rollo interminable
delante de mis ojos, en silencio.
Y al leer mi vida en él con repugnancia
me estremezco y empiezo a maldecir,
me quejo amargamente y vierto amargas lágrimas,
pero las tristes líneas no puedo suprimir.

De Antología lírica. Traducción de Eduardo Alonso Luengo, 1999

Luis Muñoz (1966)

INSOMNIO

El pensamiento suena como una grifería
cuando se acerca a un punto
en que duele seguir.

Si la presión es mucha,
si toca los recuerdos que se pasan,
si combate en un codo de la infelicidad.

De Correspondencias, 2001

Manuel Neila (1950)

INSOMNIO

Llega la noche: arrullo de motores.
Detrás de los cristales, mar de piedra,
extensión fragmentada por aristas
y luces de colores,
el viento serpentea entre volúmenes grises,
avanza, se descresta, retrocede.

Campo de asfalto,
semillero de espectros,
ciudad de enredaderas luminosas
donde la noche incuba
sus sueños de ceniza, indiferente.

Noche que viene a tientas
con su séquito mudo
de islas y baldíos donde buscamos
y el logaritmo irresoluble del deseo
o el dolor que destilan nuestros cuerpos
al hundirse en las sombras de otro cuerpo
–seres multiplicados por su ansia,
ansia que se consume al consumarse,
amor que se consuma al consumirse.

Tomado de Las voces y los ecos (1980), de J. L. García Martín

Javier Cánaves (1973)

INSOMNIO

La noche es infinita,
como tu voz en la cabina pública
cuando me concluiste,
un veinticuatro de diciembre gris.

Aún me duelen las lágrimas de entonces.
Su ácido envenena estos minutos
poblados por el canto de los grillos,
por el zumbido lóbrego de todas
las abejas del mundo, agazapadas
al otro lado de la puerta
que conduce al espanto de los sueños.

Que tu noche se vea despoblada
de los monstruos terribles del pasado,
que los dioses te salven de sus garras
inmundas, y que un ángel
te lleve de la mano hacia el jardín
donde planta el olvido sus almendros.

Dulces sueños, mi amor.

De Al sur de todo mapa, 2001

Víctor Botas (19451994)

INSOMNIO

La noche y sus perfiles.
Crecen formas sin forma.
Largos dedos de frío.
Caras que se resuelven en sonrisas
que emergen de lo oscuro,
hasta desvanecerse en multitudes.

Con el alba,
la espera de esa tarde
en que acaso he de verte
me traerá sosiego.

De Las cosas que me acechan, 1979

Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) estudió Derecho y se está doctorando en Filosofía. Mediante premios publicó sus primeros libros, Texto Refundido de la Ley del Sueño (1999) y Mester de cibervía (Pre-​Textos, 2000, premio Arcipreste de Hita). Ha publicado este año el libro de cuentos Circular (Plurabelle, 2003) y el poemario Nova (Pre-​Textos, 2003).

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