Para mí lo soy mucho

Miquel Siguan
Catedrático de Psicología
No sé si todavía ahora, pero cuando yo era joven cuando una mujer decía de un hombre que era muy interesante significaba que aun sin ser de buena presencia tenía algo de misterioso que lo hacía particularmente atractivo. Aclaración que sirve para hacer caer en la cuenta de que a la pregunta sobre si alguien es interesante hay que añadirle ¿interesante para quién? Y obviamente este quién puede ser en primer lugar uno mismo. Para mí, como para cualquier hijo de vecino, la persona que tengo más a mano, que me interesa y preocupa y no deja de sorprenderme y que a menudo me aburre o me decepciona soy yo mismo. O sea, que para mí debo ser muy interesante. En el extremo opuesto están los que mi existencia no les importa en absoluto, que según las estadistas son algo así como seis mil millones, que no saben que yo exista ni les importa. A los que hay que añadir los centenares o miles que me han visto fugazmente pasar la calle o acercarme a un mostrador y me han olvidado inmediatamente. Y entre estos dos extremos están las personas con las que, en alguna medida, comparto mi vida, de las que algunas es seguro que sienten un gran interés por mí mientras a otras les tiene sin cuidado lo que yo diga o piense. De manera que mi respuesta es completamente ambigua, sé que soy interesante para alguien y para algunos pero ignoro si esto es mucho o poco. Me vería en cambio muy capaz de contestar si la pregunta se formulase al revés: si considero muy interesantes a los demás y en este caso mi respuesta sería claramente afirmativa, desde pequeño he sentido una curiosidad inagotable por las existencias ajenas y por los aspectos humanos de los acontecimientos colectivos. E incluso diría que en conjunto me interesan más que yo mismo. No es por azar si me he dedicado a la psicología.

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