Un paseo por el Vaticano

Josep M. Margenat
Jesuita y profesor de Filosofía Social en ETEA
Para muchos la curia es un edificio, para otros un organigrama, o un mundo. El nombre viene del latín. Así eran llamadas las subdivisiones de cada una de las tres tribus patricias en la Roma antigua. Las salas de reunión del Senado también se llamaban curias. Desde el siglo xi existe una Curia del Papa para asistirle en el gobierno de la Iglesia. En este diccionario nos proponemos conocerla mejor, con algo de “humorismo transcendental”. A la Curia le hace falta.

Acta Apostolicae Sedis (AAS). Es el boletín oficial de la Santa Sede. Tiene casi 100 años, se edita en latín (casi todo) y, como sucede con las ediciones vaticanas, goza de estética y tipografía únicas.

Annuario Pontificio. Comenzó a editarse en 1716. Es algo muy importante en la Roma pontificia saber si una publicación es oficial, oficiosa o sólo autorizada; prácticamente nadie puede aclararlo,. Desde 1924 tiene su actual título y no se llama publicación oficial (lo que no quiere decir que no lo sea). Se encuaderna en tela roja y en su edición de 2003 tiene 2.274 páginas. Es la fuente de muchas de las noticias de este diccionario. Los errores son míos, pues los del Annuario, si existiesen, serían intencionados, nunca casuales.

Archivo Secreto Vaticano. Paulo V, el que encargó la fachada de san Pedro a Maderno, creó en 1611 el Archivo Secreto que conservaba, sobre todo, documentos desde el siglo xii. Está al servicio del Papa “y de su Curia” según León XIII (1884). Hoy está abierto a los estudiosos (teóricamente hasta 1939).

Biblioteca Apostólica Vaticana. En el siglo iv había ya un depósito de libros. A finales del siglo xvi se construyó el edificio actual. Paulo III nombró al primer cardenal bibliotecario. Pío XI, que lo fue antes que Papa, llamó un día al padre Anselm Albareda, monje de Montserrat, y le dijo que quería que fuese su sucesor. Albareda se sorprendió. Pero no se trataba de ser Papa, sino simplemente sucederle como bibliotecario pontificio. Fue un gran bibliotecario y uno de los más influyentes eclesiásticos catalanes en la Roma del Concilio.

Cardenales. Los cardenales son consejeros y cooperadores del papa. Desde 1150 forman un colegio cardenalicio. La institución garantizó una reforma democrática de la Iglesia para resistir a las presiones de las familias ricas de Roma y de los poderes imperiales, por medio de la participación del clero romano en la elección del Papa. Hasta el siglo xv los cardenales fueron unos 30, desde 1586 hasta 1967 fueron unos 70.
Hay cardenales in curia (por ejemplo los prefectos de las Congregaciones* o presidentes de los Consejos* pontificios) y cardenales in sede, como los primados, los presidentes de conferencias episcopales o algunos arzobispos. Cuando hacen cardenal a alguien cuyo nombre debe permanecer secreto (por estar perseguido en su país, por ejemplo) se habla de cardenal in pectore, pues sólo lo sabe el Papa en su corazón. Hay un cardenal decano que preside el colegio, el obispo de Ostia, y un cardenal camarlengo, que hace de administrador de la Santa Sede (ministro de Hacienda), pero sobre todo es muy importante porque es el primus inter pares durante la sede vacante y el único que no cesa en su cargo al morir el Papa. Cuando les convoca el Papa se reúnen en consistorio, secreto o no, y cuando muere un Papa se reúnen en cónclave para elegir a uno nuevo.
Actualmente hay 171 cardenales: el más antiguo lo “creó” Juan XXIII (el cardenal es una criatura del Papa): el que fue padre conciliar y arzobispo de Viena, Franz König; a éste le siguen los veinte “creados” por Pablo VI. Los restantes 150 son “criaturas” wojtilianas. Son la elite de la Iglesia católica, visten de rojo (porque se supone que están dispuestos a dar su sangre por el Evangelio) y tienen pasaporte diplomático. Hay teólogos a quienes hacen cardenales como premio de jubilación. Conocí a uno que, cuando hicieron cardenales a otros dos de su generación, me dijo: “¿Por qué aspirar a ser criatura del papa siendo ya criatura de Dios?”. Algunos creen que una pequeña reforma bastaría para que en el colegio cardenalicio pudiese haber mujeres. Si no se exigiese la ordenación, como era hasta hace cuarenta años, podría irse pasando a un colegio con seglares y mujeres.

Civiltà Cattolica. Es una prestigiosa revista cultural de los jesuitas italianos, fundada en 1850. Sólo escriben en ella jesuitas. Cuando algún cardenal, obispo o gran intelectual no jesuita escribe en ella, se quiere subrayar algo muy importante. Es órgano oficioso de la Santa Sede. El número, quincenal, va en galeradas a la Secretaría de Estado* y normalmente lo ve el Papa antes de que se edite. Un antiguo director me dijo que los papas del último medio siglo se han reservado el derecho de revisar el número compuesto; todos menos Juan XXIII. Cuando Civiltà publica algo no se sabe si es la opinión oficiosa o cuasioficiosa de la Santa Sede, pero se sabe, al menos, que la Santa Sede no es contraria a que difunda esa opinión como aceptable por ella. Un pequeño lío sólo apto para vaticanistas*. En Civiltà nada se publica por casualidad; ¿por qué el Annuario* no dice nada de ella?

Congregaciones. Forman la estructura central de la Curia. La primera, ¡triste honor!, fue la de la Santa Inquisición (Paulo III, 1542). El Papa Sixto V ordenó la Curia en 1588, y así permaneció hasta principios del siglo xx. En 1967 (Regimini Ecclesiae Universae) Pablo VI hizo la gran reforma de la Curia que había querido el Concilio, el nuevo Código de Derecho Canónico (1983) y la constitución apostólica Pastor bonus* de Juan Pablo II (1988) lo han vuelto a intentar. Parece que no es fácil.
Las congregaciones hasta 1983 eran llamadas Sagradas Congregaciones (fue bueno desacralizar el ejercicio del poder). Son como un ministerio o departamento ejecutivo para el gobierno de la Iglesia universal. También son conocidas como dicasterios. Actualmente hay nueve: Doctrina de la Fe*, Iglesias Católicas Orientales, Liturgia y Sacramentos, Beatificaciones (con una grande actividad últimamente), Evangelización de los pueblos (antigua De Propaganda Fide*), Obispos (ésta es un importante lugar de poder, pues fabrica los nombramientos episcopales, organiza las visitas ad limina* y de ella depende “la” prelatura personal (de momento sólo hay una, la del Opus Dei), Clérigos y Religiosos (hoy tiene un nombre más largo y técnico); por último hay un “ministerio” de Educación. Cada Congregación tiene al frente un cardenal prefecto y un monseñor secretario.

Consejo Pontificio. Después del Concilio (siempre el Vaticano II) se fueron creando otras estructuras en la Curia más ágiles que las Congregaciones. Entre ellas los consejos: hay consejos para los seglares, para la comunicación social, para la familia, para la caridad, para los inmigrados y los itinerantes, etc; en total, doce.

Guardia Suiza Pontificia. Desde el siglo xiv está documentada esta cooperación defensiva. En 1505 Pietro von Hertenstein llevó a Roma 150 soldados de algunos cantones suizos para custodia de los palacios pontificios. El traje fue diseñado por Miguel Ángel (se dice). Hasta hace poco todos debían ser suizos, varones, católicos, célibes y tener una estatura determinada. Creo que esto ha cambiado; aún no he visto guardias mujeres, pero sí, hace poco, un guardia negro que no parecía originario de Suiza, ¿quién sabe?

De Propaganda Fide. Hoy se llama Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Desde ahí se ha dirigido la acción misionera de la Iglesia católica. Su importancia radica en tres aspectos: territorial (todo el mundo que no está eclesiásticamente estructurado en diócesis); personal (los miles de misioneros religiosos y seglares esparcidos por todo el mundo), y económico, gracias al apoyo de la comunidad católica internacional, con campañas como el Domund.

Doctrina de la Fe. Es la Congregación más importante. La preside el cardenal Ratzinger, pero durante mucho tiempo estuvo confiada al desconfiado y todopoderoso cardenal Ottaviani. Éste era miembro del Partito Romano de la Curia, la extrema derecha eclesiástica que durante años, y especialmente en los últimos de Pío XII, controló la Curia. El Partito Romano no sólo se oponía a Jacques Maritain o censuraba a Teilhard de Chardin sino que intentaba excomulgar (sic) a Unamuno, a Ortega y Gasset (el padre Batllori hizo algo para evitarlo) y a Pérez Galdós. Desde el Santo Oficio se pretendía bloquear el desarrollo del Concilio y después su aplicación por las Iglesias locales. Hoy ha cambiado mucho. Lo que no han cambiado son sus procedimientos, que no parecen acordes con nuestra conciencia histórica de los derechos humanos. Hay mucho secretismo en ellos y poco garantismo.

Estado de la Ciudad del Vaticano. Es la estructura civil y política de la Santa Sede que goza de reconocimiento internacional. El Annuario, en letra muy pequeña, lo estructura en tres poderes (sic): legislativo, ejecutivo y judicial, introduciendo a Montesquieu de facto en la cultura eclesiástica. En el ejecutivo está el gobernador de la Ciudad del Vaticano. Tiene sellos propios, muy apreciados filatélicamente, matrícula de coches y la gasolina más barata de Roma, estación de tren, radio* y un observatorio.

Nuncio apostólico. Representa al Papa ante los Estados, pero también ante las jerarquías eclesiásticas nacionales. Esta confusión no es buena ni fácil para los nuncios, porque mezcla lo político-​diplomático con lo pastoral-​fraternal. El Congreso de Viena de 1815 les reconoció el puesto de iure de Decanos del Cuerpo Diplomático acreditado ante los Estados (muchos los siguen aceptando aún así).

Osservatore Romano. Nació en 1861 por voluntad de Pío IX. Hay una edición diaria en italiano y desde 1949 hay ediciones semanales en francés y en otras lenguas (en castellano desde 1969). Está al servicio de la Santa Sede y de la Curia, pero no es órgano oficioso. Sus silencios o comentarios no siempre coinciden con la Secretaría. La Civiltà afina más.

Sala de prensa. Surgió como oficina del Osservatore en 1939. Tiene a su frente a un ilustre médico seglar español, Joaquín Navarro-​Valls, y expresa la opinión oficiosa de la Santa Sede. Hay un Vatican Information Service creado en 1990 del que depende la información en Internet. Merece la pena utilizar la página web vat​i​can​.it. Es casi perfecta.

Pastor Bonus. Es el último documento importante que ha servido para organizar y reformar la Curia romana. Lo firmó Juan Pablo II el 28 de junio de 1988. En él se definen la noción de la curia y la estructura de los dicasterios.

Radio Vaticana. La inauguró Pío XI con un mensaje en 1931. La instaló el premio Nobel de Física Marconi y está confiada a los jesuitas. Emite 438 horas a la semana en 39 lenguas.

Secretaría de Estado. Es el órgano del poder político y eclesiástico más importante para los Papas, por encima de las Congregaciones. Es equivalente al primer ministro del Papa y al ministro de Exteriores. En los últimos años han cambiado los nombres, pero no mucho las realidades. De Secretaría (basta decir eso) depende el control del Osservatore*, la televisión, la sala de prensa*, la radio*, las estadísticas, etc. Del estilo de gobierno de Pío XII basta decir que cuando murió su primer Secretario de Estado, el cardenal Maglione, no nombró suplente pues él quería ser su propio Secretario de Estado.

Universidades Pontificias. En Roma hay seis. La primera Universidad del Papa y la más antigua de Roma es La Sapienza que, después de la unificación de 1870, es una de las tres universidades estatales romanas. En 1553 san Ignacio y san Francisco de Borja fundaron el Collegio Romano. Éste más tarde fue la famosa y universal Universidad Gregoriana, confiada a los jesuitas. Es una de las misiones más importantes que el Papa encarga a la Compañía de Jesús.

Vaticanista. Es un género de periodista, generalmente culto, que tienen todos los grandes diarios italianos. Son expertos en la cultura y en la política de la Santa Sede e informan con conocimiento y con calidad interpretativa de lo que les concierne. En los diarios españoles no tenemos esa figura y se nota. Nuestra proverbial incultura religiosa como “opinión pública” tiene algo que ver. Hay excepciones. Pero la clave no es sólo cultural, hace falta también haber nacido en Roma o cerca y tener ese agudo sentido de la ironía, la implicación, el cariño al Papa y la distancia crítica. Todo al mismo tiempo. Ya lo dijo Andreotti a propósito de otro caso: “Manca finezza”.

Visita ad limina. Cada cinco años, si eres obispo y vives en Europa, y cada diez, si eres extraeuropeo, tienes garantizada una visita al Papa. En ella los obispos departen en la Curia; algunos se dedican a sus negocios: promocionar obispos, aumentar su poder clerical, denunciar a teólogos incómodos. Pero la mayoría cumple con devoción este gesto de comunión con el sucesor de Pedro, para hacer état de la question, y oran ante la tumba del primer apóstol, donde se asienta la basílica de San Pedro.

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