Unos baches en el camino

Irak sigue revuelto. Estados Unidos persiste en su esfuerzo de normalizar el país y los militantes radicales islámicos persisten en impedírselo. La conclusión de Paul Bremer, el administrador civil del país, es la siguiente: “Habrá baches en el camino. Pero creo que es importante, para los que de entre vosotros cubre a diario la noticia –se refiere, claro, a los periodistas – , que lo pongáis en perspectiva, porque la situación es mucho mejor de lo que era”. Y seguramente Bremer tiene razón. 88 comités ciudadanos en distritos de Bagdad han sido formados democráticamente y entre todos han elegido un gobierno para la ciudad. Algo que sucede también en otras ciudades. Las mujeres se oyen cada vez más. Y otras cosas habrá que hacen de Irak un país mejor hoy que ayer.
Pero están también esos baches en el camino. Esos baches, lógicamente, son atentados con seres humanos asesinados. Iraquíes y soldados van muriendo. El artillero Juan Castillo ha vuelto quince días de vacaciones a su casa, en Florida. Allí se ha encontrado a los suyos, a quienes ha explicado la “locura” a la cual tiene que volver: “Al principio yo estaba en esto; todos lo estábamos. Pero ahora, ahora no hemos encontrado nada, ninguna arma de destrucción masiva, ningún Saddam, nada. Y la gente allí nos odia. Si paseáramos por la ciudad y nos felicitaran, demonios sí, eso sí que haría que nos sintiéramos mejor. Pero cuando no están cooperando y nos tiran piedras y nos lanzan miradas de odio, no queremos estar ahí. Somos conquistadores para ellos. Se suponía que no iba a ser así”. Son baches profundos.

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