El egoísmo glosado

Cuando decimos…
Qué le vamos a hacer
Queremos decir…
No podemos hacer nada, nos desentendemos, pasamos, nos resignamos. Una manera de quitarse el muerto de encima. Y a veces somos capaces de decirlo en un tono de conmiseración.

Cuando decimos…
Es su problema. ¿Y a mí qué?
Queremos decir…
Le dejamos a él sólo. Que se las componga. Nosotros no tenemos nada que ver; que él cargue con sus preocupaciones. La frase se repite con frecuencia, «es su problema», y dice mucho de la sociedad. Cada uno a lo suyo. Y que nos dejen en paz.

Cuando decimos…
Todos queremos la paz
Queremos decir…
¿Está usted seguro? ¿Entonces porque insulta cuando le pasa un coche? ¿Por qué no se habla con su compañero? ¿Por qué con sus argumentos no deja hablar al otro? ¿Por qué cuando hay represalias de unos asesinatos piensa que se lo han merecido? ¿Por qué le parece absolutamente ridículo poner la otra mejilla? ¿Por qué cuando va al fútbol insulta a su contrincante a grito pelado? ¿Por qué en la cola del súper se enfada tanto si le pasan delante? ¿Está usted seguro de que quiere la paz?

Cuando decimos…
Estoy muy ocupado y no tengo tiempo para nada
Queremos decir…
Es la eterna cantinela. Y si te descuidas te sueltan el rollo de todo lo que tienen que hacer, y te dan ganas de decir lo que tienes que hacer tú. Hay prioridades en el trabajo. Y en catalán hay un refrán que dice que el trabajo lo hacen los cansados.

Cuando decimos…
Toda persona tiene un precio
Queremos decir…
Suena a un sobre dado bajo mano. A una comisión por un trabajo si te lo encargan, a reducir la persona a unos baremos económicos. También, en el mejor de los casos podría ser elogioso: Hay personas –no muchas– que tienen un precio tan alto que no se las puede pagar (comprar) nunca.

Cuando decimos…
No es nada personal
Queremos decir…
¡Ay, ay, ay! Si nos empiezan con este preámbulo seguro que van a lo más directo, donde más nos duele. Lo único que nos piden es que hagamos ver que nos lo creemos. Después de estas palabras vendrá un alud de razones para decirnos lo que no les gusta de nosotros o que nos sacan del trabajo. Todo son causas ajenas a nosotros mismos. Pero es un disparo directo.

Cuando decimos…
Voy a por ti, te machacaré
Queremos decir…
Esto sí que es claro. Sale de dentro. Suena a ultras futbolísticos. O de tiempos atrás, a patio del instituto. Si se guarda el odio dentro, un día aparece más, mucho más violento de lo que se esperaba. Y luego pasa lo que pasa. Me gustaría machacarle yo, pero me verían. Tú en cambio tienes razones sobradas para corresponder a sus prepotencias ahora que tienes ocasión. Todo el mundo lo comprenderá.

Cuando decimos…
Te vas a enterar de lo que vale un peine
Queremos decir…
No me hagas cosquillas, no me provoques. Lo vas a pagar caro. (Por lo visto viene de cuando los peines eran de marfil). Es agresivo y provocador. Tiene la gracia de que es castizo…

Cuando decimos…
Mi vida es mía
Queremos decir…
Este es el dogma, la barrera, la afirmación absoluta. Que nadie me toque, ni me pida, ni me moleste, ni se meta conmigo. La frase tiene dos posesivos: mi y mía. Y es la frase más falsa . Porque luego resulta que nada de nada.

Cuando decimos…
Si no trabaja es porque no quiere
Queremos decir…
No me tengo que preocupar por encontrarle un empleo, ni menos en mi oficina. Lástima no me da. Y tú no te preocupes tampoco.

Cuando decimos…
Todos queremos la paz
Queremos decir…
«Si vis pacem para bellum», decían los antiguos. A veces hay que hacer la guerra para asegurar la paz. No hubiéramos podido capturar a Sadam sin invadir a Irak. Ahora habrá que reconstruir el país. Si se dejan, claro.

Cuando decimos…
No sé qué le ves. Yo no le encuentro nada
Queremos decir…
Todo el mundo habla de él. Pontifica en todas las tertulias. Es famoso. Pero mira: no es capaz de sacar el crucigrama de La Vanguardia. Y de esto yo entiendo un rato.

Cuando decimos…
No tiene ni idea y mira dónde está
Queremos decir…
No hay relación entre lo que sabes y lo que brillas. Será cuestión de nepotismo o de lo que sea. Sólo te diré una cosa: estábamos en la misma clase y tenía peores notas que yo. ¿Qué te parece?

Cuando decimos…
Ponte más que es gratis.
Queremos decir…
Esto hay que aprovecharlo. Es gratis, nadie ha pagado, no importa quién haya pagado. O, mejor, si han pagado por algo será, algo querrán. Yo me pongo más, eso está claro, estoy a punto de reventar, pero es que es gratis. Hay que reventar.

Cuando decimos…
Nos están robando el pan de nuestros hijos
Queremos decir…
¿De quién es el pan de nuestros hijos? ¿Existe ya el pan de nuestros hijos? ¿Quiénes son los ladrones? ¿Cómo nos lo roban? ¿A mano armada? Y sobre todo ¿quiénes son nuestros hijos? ¿Sólo unos cuantos?

Cuando decimos…
Mi plaza de párking
Queremos decir…
Este coche pisa la raya de mi plaza. No puede ser. He tenido que maniobrar más. A ver qué matricula tiene. No se ha enterado que no se puede salir de la plaza el tío, dónde va con ese cochecillo. Como me lo encuentre se lo digo. Como vuelva a pasar hablo con el administrador.

Cuando decimos…
Le han puesto más que a mí
Queremos decir…
A ese le han puesto más. Es un pelota. Seguro que se ha quejado. Aquí quien no se queja no mama. Es que es increíble.

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