Un momento histórico para Cataluña

Toni Comín
Cataluña vive estos días un acontecimiento histórico: la izquierda, representada por la coalición entre PSC-​CpC, ERC e ICV-​EUiA, llega al gobierno por primera vez desde hace 64 años. Si tenemos en cuenta que los gobiernos catalanes de la República ejercieron su mandato en un contexto político convulso, en España y en Europa, no es exagerado decir que por primera vez en todo el siglo xx la izquierda gobernará de manera estable este país.
El cambio se notará en la sociedad catalana de manera profunda. Por ejemplo en las políticas sociales: Cataluña puede ser un referente de cómo hacer un Estado del bienestar sólido y desarrollado en la Europa del Sur, porque por sus condiciones culturales y su estructura social, la sociedad catalana tiene elementos que la permitan convertirse en una “Suecia mediterránea”, en lo que al modelo social se refiere.
Se notará, sobre todo, en lo que se refiere a la “unidad civil” de la sociedad catalana. Hasta hoy los catalanes de origen y los de la inmigración de los 60 han convivido en un estado de mutuo respeto, más allá de la simple tolerancia. Pero las políticas sociales y culturales paternalistas del nacionalismo conservador de CiU para con los “otros catalanes” había impedido hasta hoy una real equiparación de las “condiciones simbólicas” de la ciudadanía. El “abrazo” entre las dos Cataluñas era, todavía, una tarea inacabada. ERC al apostar por hacer un gobierno con el PSC, que es el partido mayoritario de los catalanes castellanohablantes, ha dado un paso histórico: ha entendido que los “otros catalanes” sólo podían adentrarse de una manera sincera y definitiva en el catalanismo en la medida en que se encontraran ellos mismos con la responsabilidad de gobernar el país. Sabe que la culminación de la “unidad civil” era la única forma de reforzar la “nación”, no la nación ideal sino la real.

AVANCE FEDERAL
La voluntad de reforzar la nación, por parte de ERC, y la voluntad de avanzar hacia un federalismo de la plurinacionalidad para España, por parte del PSC, explica que en el corto plazo –una generación, al menos diez años– sus caminos sean coincidentes, por más que en el largo plazo puede que algún día dejen de serlo. Así, el pacto en Cataluña tiene como condición sine qua non que el PSOE avance de manera efectiva en su actual línea federal. La Constitución dejó abierto, demasiado abierto, el modelo territorial de España, porque las condiciones políticas de entonces, con los poderes fácticos del franquismo vigilando a los constituyentes, no permitían otra cosa. Hoy el PSOE, inspirado por el PSC, propone que el modelo territorial se cierre con lógica federal (Santillana). Esto exige un cambio en la mentalidad dominante de la sociedad española, para que la hegemonía ideológica natural esté del lado del federalismo, y no del centralismo como sucede hoy. En Alemania, la mayoría social es hoy federalista de manera espontánea, independientemente de su adscripción socialdemócrata o democristiana. Si un partido en Alemania hiciera un discurso centralista, perdería las elecciones.
El escollo más difícil de salvar para consolidar la lógica federal entre los sectores progresistas de la sociedad española, a corto plazo, es el asunto de la solidaridad interregional. El federalismo fiscal debe basarse en un criterio igual para todos, que trate igual lo que es igual y distinto lo que es distinto. Las regiones de España son distintas en riqueza e iguales en necesidades sociales. Por eso, el criterio justo es pagar por renta y cobrar por población, es decir, “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. De acuerdo con este criterio, el asumido en Europa, Cataluña debería tener un déficit fiscal (anual) de cerca de un 5 por ciento de su PIB. Los últimos años el déficit ha sido del 10 por ciento. Ahí está servido el problema: en nombre de la solidaridad entre regiones ricas y pobres, Cataluña a partir de mañana reclamará pagar menos o, mejor dicho, cobrar más.
Sabemos, sin embargo, que la España progresista nos entenderá. Por un motivo: porque la corrección de este déficit fiscal es la condición necesaria para dar el salto adelante en políticas sociales. Cataluña pudiendo tener unos indicadores sociales nórdicos tiene hoy uno de los Estados del bienestar más precarios del Estado. Y los más perjudicados por ello son, precisamente, los catalanes de la inmigración. Así, los máximos beneficiarios de la corrección del “déficit catalán” serán “los primos y los sobrinos” de los españoles de Extremadura, Murcia o Andalucía. Puesto que son ellos los que reclaman el federalismo, creemos que los españoles progresistas no lo impedirán.

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