Miniaturas aladas

Josep M. Rodríguez
Desde la antigüedad, los mitos han servido al hombre para explicarse el mundo, pero también para afirmar su belleza y, en cierta medida, para combatir el paso del tiempo y la brevedad de nuestra propia existencia. Por todo ello, quizá, nos hemos sentido atraídos, desde siempre, por el pájaro y su vuelo: hermoso, fugaz, inexplicable también. Ícaro y sus alas de cera o el mismísimo Superman, pueden servir de ejemplo. El 17 de diciembre de 1903 (hace escasamente un siglo), los hermanos Orville y Wilbur Wright se lanzaban a la conquista del aire con un biplano de 274 kilogramos de peso y que estaba equipado con un motor de 4 cilindros y de 12 caballos de potencia. La hazaña duró sólo 12 segundos y 70 metros, pero fueron suficientes para cambiar el curso de la historia. “Los aviones tienen siempre /​desplegadas las alas” escribió Rafael Lasso de la Vega parafraseando a Paul Valéry. Unos versos que nos recuerdan aquel otro poema de Rafael Pérez Estrada: “Muere el pájaro en la prisión /​de sus alas, /​en su propia ficción”. Nada mejor, pues, que la ficción poética para dar cuenta de dichos animales.
La relación entre aves y poesía es constante: el ruiseñor de Keats, la paloma de Alberti, el pinzón del padre Hopkins, el albatros de Baudelaire (también el de Coleridge), las golondrinas de Bécquer, el cuervo de Poe o, incluso, el de Matsuo Bashoo: “Sobre la rama seca /​un cuervo se ha posado; /​tarde de otoño”. El poeta japonés nos dejó también otra referencia a las aves, dentro del que es, sin duda, uno de los mejores haikus que han llegado a escribirse nunca: “La primavera pasa; /​lloran los pájaros /​y son lágrimas los ojos de los peces”. Un poema que no se queda en la contemplación de la naturaleza, sino que nos acerca a lo que los japoneses denominan aware: la transitoriedad de la belleza y la sensación de que todo está relacionado. Una concepción de lo hermoso como algo efímero que ha estado presente en nuestra tradición desde el horaciano carpe diem o desde el collige virgo rosa de Ausonio. También en Sócrates, para quien “la belleza es un reino muy corto”.
Tal vez por ello, una de las características de la poesía moderna sea la brevedad. Poe fue el primer poeta moderno (otros como Petrarca, Quevedo o Gracián ya lo habían hecho antes) en atentar contra la idea de que un gran poema no debía ser, necesariamente, un poema grande: “Un poema sólo lo es realmente si la excitación que produce es capaz de elevar el alma, y toda excitación es, por mera necesidad física, breve”. Bécquer encontró en los lieder alemanes el punto de partida de sus Rimas, en las que lo importante, como dejó anotado su autor, no es el tiempo que uno tarda en leer cada poema (su extensión), sino lo que su “efecto” dura en nosotros. Una idea que ha recuperado Lorenzo Oliván para uno de sus aforismos: “Una hermosa frase breve será siempre en la memoria mucho más larga que cualquier frase larguísima”.
Así, no debería extrañarnos la proliferación de metros y estrofas que a lo largo del siglo xx han apostado por la esencialidad de la palabra poética: tankas, greguerías, aforismos, epigramas, canciones, anaglifos, haikus…, el poema breve en todas sus formas. “Hay que dar la breve periodicidad de la vida, su instantaneidad, su simple autenticidad –escribió Ramón Gómez de la Serna. Antes se hacía un discurso vano con ocasión de cualquier cosa, se hacía una moral, una hilada de conceptos; ahora solo basta con una frase para revelar que se está más allá de los horizontes pasados”. Prueba de ello son las tres greguerías del propio don Ramón que reproducimos en este catálogo de miniaturas aladas. “Todo en el aire es pájaro”, escribió Jorge Guillén. Disfruten de su vuelo.

Rafael Pérez Estrada

El pájaro es un estado de necesidad,
el principio de toda creencia.

* * * *

En el eclipse el pájaro
intuye la muerte.


Octavio Paz

EN UXMAL

2

MEDIODÍA

La luz no parpadea,
el tiempo se vacía de minutos,
se ha detenido un pájaro en el aire.


José Ángel Cilleruelo

JAICU DEL CORCOVADO

Altas alas, alas
negras;
sombra que no tiñe lagunas.


Florencio Carrillo Álvarez

COLIBRÍ

Compendio de galas
¡trocito de arco-​iris
entre dos alas!


Antonio Machado

La cigüeña absorta,
sobre su nido de ramas,
mirando la tarde roja.


Antonio Cabrera

CIGÜEÑA COMÚN

Nadie en la calle.
Llanura amanecida.
Campana y vuelo.

* * * *

GARZA REAL

Puñal inmóvil.
Un instante de hielo.
Seda del agua.


José Umaña Bernal

—(LA GARZA):

Abriendo su primavera
en tallo de coral vivo,
la garza juega a ser flor
en un jardín cristalino.


Josefina Esparza Soriano

CANARIO

Espiga en la jaula,
vuelca granos de trinos
por las mañanas.


Ramón Gómez de la Serna

El canario está recordando siempre la yema de huevo de que salió.

* * * *

El poeta puede decir: el pájaro que canta quisiera saber de quién es el cielo.

* * * *

Los gansos andan en zapatillas.


José Juan Tablada

LOS GANSOS

Por nada los gansos
tocan alarma
en sus trompetas de barro.

* * * *

6 P.M.

La golondrina con su breve grito
traza en el cielo signos de infinito.


Jorge Carrera Andrade

GOLONDRINA

Ancla de plumas,
por los mares del cielo
la tierra busca.


Flavio Herrera LA GOLONDRINA

¿Quién le puso alas al suspiro?

* * * *

EL PAPAGAYO

Una antorcha que canta.


Lorenzo Oliván

El cisne mete siempre su cabeza en el agua como lo haría la más hermosa pierna de mujer.


Rafael Lozano

El cisne
se muere de nostalgia,
sin lanzar una queja.


Armando Duvalier

CISNES

No se han disuelto en el agua
algunos copos de nieve
que cayeron en el alba.


Carlos Rodríguez Cruz

PELÍCANO

Cafetera de porcelana
que va flotando por el agua.


Francisco Monterde

GAVIOTAS

Choca el mar en las rocas
y de cada girón de espuma
nace una gaviota.


José Mateos

VERANO

La gaviota,
libro abierto que vuela.
¿Quién lo habrá escrito?


José Luis Hidalgo

PALOMA

La gracia está en que no sabe
ser, sin saberlo, paloma.


José Villalobos Ortiz

UNA PALOMA

¿A qué niña el viento
arrebató de la mano el pañuelo?…


Alberto Guillén

Un gorrión,
como un chico en su silabario,
le repite a un árbol su lección.


José Cereijo

X

El ruiseñor
no conoce su nombre:
tan sólo canta.


Jorge Luis Borges

16

Lejos un trino.
El ruiseñor no sabe
que te consuela.


Lara Cantizani

HAIKÚ SUBBÉTICO DE LOS OJOS VERDES

(…) una de las cosas que me ha enseñado a escribir poesía es saber cómo se caza una perdiz (…) estoy más orgulloso de algunas perdices que he cazado que de la mayoría de mis poemas.
PERE ROVIRA

Perdida la perdiz y su plumaje,
nada casi volaba en el paisaje.
Llovió aceitunas negras arrepentidas
la tarde verde y la tarde era yo.


NOTA Dada la compleja localización de algunos de los textos (opúsculos, plaquettes, revistas, antologías…) y teniendo en cuenta las características de los mismos, su brevedad, hemos optado por no incluir las notas biobliográficas para no entorpecer la lectura. Sólo apuntar que la mayoría de los poemas fueron publicados en el siglo XX, excepto los de Lara Cantizani y Antonio Cabrera (2001), así como los de José Cereijo y José Mateos (2003).

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