Una ovación en pie

Tras un espectáculo teatral, una larga ovación en pie es el mayor de los delirios para intérpretes, director y demás. Al público le ha gustado lo que ha visto. Todos salen satisfechos.
Pero ahora, en Broadway, una de las mecas teatrales del mundo, críticos y actores no dan crédito a sus ojos: cada sesión en cada teatro concluye con una standing ovation, una ovación en pie. ¿Qué ha pasado?
Chita Rivera, actriz que se estrenó en Broadway en 1955, está sorprendida: “Esto se ha salido de madre. Se ha convertido en una participación del público en el espectáculo. ¿Qué puede ser sino?”
El dramaturgo Arthur Miller tiene una explicación más ácida: “Creo que el público siente que ya que ha pagado 75 dólares (unos 90 euros) para sentarse, al final es momento de levantarse”. Ya que se ha pagado tanto, qué menos que aplaudir con entusiasmo.
John Lahr, el crítico del New Yorker, da un pasito más: “Es un intento del público de autohipnotizarse. Creen que si van a un espectáculo y se levantan al final, se lo han pasado bien. Intentan darse a sí mismos la experiencia que piensan que deberían haber tenido”. Curioso.
Pero no hay que preocuparse porque nos hayamos convertido en un público histriónico y simplón. Los actores, aburridos de tanta standing ovation han buscado nuevas formas de homenajes. Así, la actriz Tovah Feldshuh: “Yo prefiero lo que llamo una ovación desconcertada. La otra noche, conté hasta 14 segundos antes del primer aplauso”. ¿Para cuándo la ovación en silencio?

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