Es patético

Algunos políticos españoles se han acusado de hacer cosas “patéticas”. Es una acusación dura, que parece esconder disgusto y hasta insulto. Pero aquí nos parece que el mérito de “patético” es más de la fonética que de la voluntad del político.
La primera ventaja de “patético” para la oratoria es que es palabra esdrújula. Uno puede hincar las cuerdas vocales en la sílaba tónica “te” y aún le quedarán dos sílabas para frenar. Esta elasticidad gusta a los que peroran.
Pero lo realmente meritorio de tal vocablo son sus consonantes. Patético reúne las tres oclusivas sordas de nuestro alfabeto. Las oclusivas son las consonantes que se emiten mediante una explosión en la boca del aire que sale de las cuerdas vocales. Pruebe a pronunciar el lector: “pa-​té-​ti-​co”. Primero explotan los labios, después por dos veces la lengua contra los alvéolos y luego contra el fondo del paladar. Son cuatro golpes contundentes: ta-​ta-​ta-​ta. Algo que a nuestros portavoces les gusta todavía más.
Es “patético” una de esas palabras que cuando uno las pronuncia se le queda un gustito en las tripas. Ha sido claro y conciso, piensa. Y contundente. El político de turno se ha escuchado y ha sido categórico. ¿Qué más se puede pedir?
Sólo le queda preceder al adjetivo con la fricativa del verbo obligado: “Esssssss pa-​té-​ti-​co”, se oye. Da aún más seguridad y confianza al emisor. Uno se siente en fin convencido de lo que dice, aunque sea un tremendo mal educado.
Así que, no nos engañemos, la culpa la tiene la fonética.

Revistas del grupo

Nuestra redacción

Publicidad