Al Qaeda es una expresión de una tradición musulmana

Olivier Roy
Olivier Roy es de esos intelectuales franceses que habla rapidísimo y que presume de ideas claras y muy sugestivas. El tono de sus respuestas era el de una contundente convicción.
¿Dónde está Bin Laden?
–Si sigue vivo, probablemente está en la frontera entre Pakistán y Afganistán, en el lado paquistaní.
¿Y sigue vivo?
–No tengo ni idea. Pero parece que sí; todo lo que tenemos es el análisis de los vídeos de los servicios norteamericanos.
¿Por qué no lo han encontrado aún?
–Es complejo. Primero porque sería necesario que los americanos intervinieran en territorio paquistaní, algo imposible. No creo que los americanos hagan adrede lo de no encontrarlo. Para ellos sería una enorme victoria capturar o matar a Bin Laden. Pero no están dispuestos a pagar el precio, sí el precio en dinero, pero no en hombres. En esa zona Bin Laden tiene una protección local muy importante en los medios tribales. Allí es popular. Lo que es muy explosivo en aquella región es la mezcla de identidad pastún y fundamentalismo islámico. Eso le da una base social al movimiento que no encontramos en ninguna otra parte.
¿Qué quiere conseguir Bin Laden? ¿Por qué hizo saltar las torres gemelas?
–Bin Laden no tiene ningún proyecto político. Al Qaeda tiene sólo un programa negativo: la destrucción del imperialismo americano y de Occidente. Yo comparo un poco a Bin Laden con los socialistas revolucionarios de finales del siglo xix o con los anarquistas. Para ellos el sistema dominante está podrido, está al borde del hundimiento, pero nadie lo sabe. Así que para concienciar al pueblo, para demostrarle que el sistema es frágil, hay que pegarle en su corazón.
¿Por qué Al Qaeda ha aparecido en estos últimos diez años?
–Hay dos razones. Una, la caída de la Unión Soviética ha dejado el espacio vacío para los americanos. Ahora hay una sola hegemonía: los americanos están por todas partes; aunque no sea una estrategia americana el estar por todas partes, pero de hecho lo están: Kosovo, Irak, Afganistán, Tayikistán, etc. Y dos, para mí es un error pensar que la gente de Bin Laden fuera anticomunista en los 80 y ahora antioccidental. Cuando se peleaban en Afganistán ya eran tanto anticomunistas como antioccidentales. Lo que ocurría es que la yihad más importante estaba en Afganistán contra la Unión Soviética, pero habría una segunda etapa.
¿Contra Occidente?
–Sí. Y de hecho ellos creen que jugaron un rol importante en la derrota del imperio soviético. En su mitología ganaron la primera batalla y ahora pasan a la segunda, más dura, pero que ganarán.
¿Y si ganan esta segunda batalla?
–Su idea, y eso es lo curioso y que comparo con anarquistas, es que si ganan es porque son puros y mejores, y que han conseguido crear una categoría de hombre sano, con lo que automáticamente esos hombres crearán el mejor sistema posible. Pero al mismo tiempo no hay nada, es un movimiento profundamente negativista. No por casualidad se suicidan.
Quizá por eso dice usted que Bin Laden no es la expresión de una tradición musulmana.
–No. Primero en cuanto al combate, ya sea el atentado suicida o los ataques a símbolos de poder: no tenemos ejemplos históricos. Los métodos que Bin Laden ha desarrollado fueron puestos en práctica en los años 70 y 80 por movimientos que no eran islámicos: el desvío simultáneo de aviones es propio de la antigua izquierda; los atentados suicidas los iniciaron los tigres tamiles en los 80.
También ha escrito que le llamó la atención que los pilotos del 11 de septiembre procedieran de países europeos.
–Aparte de los saudíes de Al Qaeda, el resto –egipcios, marroquíes, argelinos– proceden de una trayectoria occidental. Algunos han nacido en Occidente. Otros han estudiado o han hecho los cursos de aptitudes aquí. Y muchos de los born again muslim [musulmanes convertidos] han pasado por Occidente. Todo esto explica para mí que Bin Laden no sea una consecuencia del conflicto de Oriente Medio. No creo que Bin Laden se explique por el empeoramiento de ese conflicto. Al contrario, no tiene mucho que ver con Oriente Medio, no le interesa. Es una consecuencia de la deculturación del mundo musulmán. Bin Laden no es la expresión de una cultura musulmana dominada por Occidente, sino que es el resultado de una occidentalización del Islam. Para mí, estas personas se radicalizan porque se encuentran sin raíces.
¿Han olvidado sus países de origen?
–Sí. No tienen ninguna estima por los países musulmanes. Se ven como la vanguardia de un mundo nuevo. No se ven como la expresión de una cultura musulmana tradicional que se defiende contra las agresiones. La mayoría de los dirigentes de Al Qaeda –excepto su líder– provienen de una ruptura, han roto por ejemplo con su familia. Es algo impactante.
No estamos pues ante una tradición musulmana.
–No. Su islam es lo que yo llamo el neofundamentalismo: una reinvención del fundamentalismo en Occidente.
¿Qué es el fundamentalismo?
–Se da cuando uno decide que toda su vida será organizada únicamente sobre normas religiosas.
¿Y por qué neofundamentalismo?
–“Neo” porque no son la expresión del islam tradicional. Siempre ha habido fundamentalistas en el islam. Pero ahora nos encontramos con gente que llega al fundamentalismo por la deculturación; en ningún caso por la expresión de una cultura tradicional. No es la reacción de una cultura importada, sino una adaptación, una occidentalización. Hablan por ejemplo mucho de la fe. Esa es una cuestión que para los musulmanes tradicionales tiene muy poco valor, pero que –como la salvación– han sido adquiridas por el fundamentalismo por su contacto con el mundo católico. En los terroristas por ejemplo la cuestión de la salvación es fundamental.
¿El problema de los musulmanes aquí no es religioso, sino social?
–Al principio no era un problema religioso. El problema de los jóvenes negros norteamericanos en los barrios difíciles de Estados Unidos no es un problema religioso. Sabemos que los problemas de los barrios marginales son los mismos cuando las religiones son distintas. No es esa la cuestión. Por el contrario, lo que sí vemos luego es una lectura religiosa de los conflictos, una utilización de la religión para crear nuevas identidades. Los jóvenes reencuentran la religión para darse una identidad positiva, pero también de contestación. El fundamentalismo funciona por eso, porque es más útil que la religión tradicional, porque es un código y no una cultura. Así, la gente que está desenraizada encuentra en el rigor y la simplicidad del fundamentalismo algo que les permite crearse una identidad inmediatamente. Esto es verdad para todas las religiones hoy. Vemos por ejemplo a jóvenes judíos convertirse en ortodoxos sin haber hecho ningún estudio religioso ni tan sólo saber hebreo.

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