Un virus en mi ordenador

Miquel Siguan
En mi ordenador ha entrado un virus. El programa antivirus que tengo instalado me avisa y dado que se trata de un virus nuevo me recomienda que descargue desde internet una actualización del programa. Aunque, para decirlo de una manera amable, hace tiempo que peino canas, en cuanto aparecieron en el mercado los ordenadores jubilé la máquina de escribir, pero esto no quiere decir que sea un experto en informática sino mas bien al revés, de manera que me quedo insatisfecho con el resultado. Consulto a un amigo, versado en el tema, y quiere saber las características de mi ordenador y la fecha de mi Windows, pues parece que sólo si uno está a la última estas cosas funcionan. Reconozco mi ignorancia y me quedo todavía más preocupado. Claro que hace tiempo que sé que hay virus pero antes había virus entrometidos y liantes que solo pretendían demostrar su habilidad y los peores eran los que borraban el disco duro y con ello todo lo archivado, lo que era terrible para quien no había tenido la precaución de hacerse copias de lo escrito cada día y guardarlas en lugar seguro. Pero los virus de ahora son mucho más sofisticados y temibles. El que se ha introducido en mi ordenador a lo mejor ha copiado datos míos y quién sabe cómo va a utilizarlos. O quizá desde ahora todos los mensajes que yo mande estarán infestados y se dedicarán a robar datos de mis corresponsales. O quizás incluso ha conectado indefinidamente mi módem a uno de estos teléfonos 900 que engordan las cuentas de las operadoras y dentro de unos meses recibiré una factura de teléfono por varios miles de euros. Y sin posibilidad de protestar.
Cuando hace unos años los ordenadores permitieron la aparición del correo electrónico y de internet se nos dijo que así nuestras posibilidades de información se harían ilimitadas con lo que nuestras capacidades de actuación aumentarían también hasta límites inimaginables mientras que, al mismo tiempo, la red sería el reino de la libertad absoluta.
Desde entonces hemos tenido ocasión de comprobar que en este mundo no dan nada de balde y que cada progreso técnico al lado de sus ventajas implica pesadas servidumbres. Y cuanto mayores son las nuevas posibilidades mayor es la sensación de impotencia y de dependencia cuando fallan. He leído que cada vez es más frecuente que cuando un ordenador se bloquea o se niega a obedecernos no sólo se le grite sino que se le agreda físicamente. Por mi parte me limito a acordarme de Bill Gates o, en el caso de un virus, de la madre de quien lo inventó que a lo mejor era una santa. Y poco más puedo hacer pues el reino de la total libertad es tambien el reino de la total irresponsabilidad. De manera que procuro repetirme que todo progreso requiere pagar un precio, que lógicamente cada vez será mas alto. Ignoro cómo serán los ordenadores dentro de veinte años, ni qué maravillas harán posibles, lo único que sé con toda seguridad es que dentro de veinte años los virus informáticos serán mucho peores que el que hoy se ha introducido en mi ordenador.

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