“Soy musulmán y catalán»

Mohammed Chaib (Diputado)
Mohammed Chaib habla perfectamente castellano y catalán. Esta charla la hemos hecho en castellano. Gracias a su formación en Marruecos desde los siete a los dieciocho años, Chaib domina también el árabe y francés.
Lorenzo Gomis: Tu padre fue uno de los primeros inmigrantes en llegar a España.
Mohammed Chaib: Sí, fue uno de los primeros marroquíes que llegó en 1965 a Sant Boi del Llobregat (Cataluña). Después de haber pasado por Holanda y Francia alguien le habló de que en España, tendría más posibilidades porque no había muchos inmigrantes. Pasados unos años de trabajo como vigilante aquí, vinimos mi madre y nosotros. Yo tenía entonces siete años. Estudié hasta quinto de EGB y luego nos marchamos nuevamente a Marruecos, a Tánger, en 1975. Una vez allí no nos dejaron entrar en el colegio árabe porque con once años éramos demasiado mayores para empezar primero. Mi padre compró una cafetería en un barrio popular y yo me quedé trabajando con él, con lo que abandoné los estudios. Después de cuatro meses en la cafetería, apareció una persona hablando en castellano que había estudiado en el colegio español de Tánger. Fue él quien me echó una mano para entrar en la escuela española. Allí terminé mis estudios hasta los 18 años. Mi familia por entonces ya había empezado a regresar a España. Ahora somos 55 familiares en España.
Jordi Pérez: ¿Por qué volvieron a Marruecos en el 75?
M. Chaib: El año 1975 fue el de la Marcha Verde en Marruecos. Mi padre no sabía nada de eso. Y para que el resto de la familia pudiera bajar cada verano, iba él de vez en cuando a Tánger para construir una casita –no teníamos nada allí. En uno de esos viajes, en 1975, en la aduana de Algeciras le advirtieron de los problemas entre Marruecos y España acerca del Sáhara y le avisaron de que no podría regresar. Así, ya en Tánger llamó a mi madre y le dijo que fuéramos porque no podía volver. Eso supuso un verdadero drama económico para mi familia. Por eso todos hemos vuelto, ya no sabíamos vivir allí. En mi caso, al acabar la secundaria nos enviaron a la Universidad de Granada, donde empecé Farmacia, y dado que mi familia estaba en Barcelona, pedí el traslado y acabé la carrera aquí.

La gente no es racista
J. Pérez: En una entrevista reciente dijo que la gente no es racista, sino que no entiende la diferencia.
M. Chaib: Claro. El problema es el desconocimiento que hay entre unos y otros. Estoy seguro de que no habrá convivencia si no hay acercamiento. El modelo de que cada cual se mantenga en su lado y vayan pasando los días sin que haya interrelación no nos interesa. Sería un modelo parecido al francés, conocido como asimilación, que consiste en que hay ciudadanos que tienen unos derechos y deberes y la nacionalidad francesa, y ya está. Lo cual sobre el papel queda muy bien. Pero ahora vemos cómo cuartas y quintas generaciones de jóvenes se dan cuenta de que por mucho que Francia diga que son franceses después de tantos años continúan siendo inmigrantes.
J. Pérez: Pero quizá ya es más un problema social, no cultural.
M. Chaib: Sí, pero también es cultural, de adaptación. Porque a pesar de que a los jóvenes les están diciendo que son franceses, a la hora de la verdad no están adaptados. Y se acaban rebelando. Ese es el error que podría producirse aquí. Yo siempre digo que en 15 o 20 años los jóvenes que están subiendo serán un indicador del sentimiento que tienen hacia este país. Dependerá de si la cultura de origen de sus padres es valorada por esta sociedad.
J. Pérez: ¿Y hoy es valorada?
M. Chaib: Yo quiero ser optimista. Aunque dependerá de las políticas de inmigración que se definan.
J. Pérez: Pero no estamos hablando de políticas de inmigración, sino del trato que recibe el inmigrante una vez aquí.
M. Chaib: Eso también tiene que ver con adecuadas políticas de inmigración, por ejemplo encaminadas hacia la educación, para que esos jóvenes acaben realmente los estudios. Yo puedo poner ejemplos de muchos municipios del área metropolitana de Barcelona donde hay 60 o 70 jóvenes inmigrantes y sólo uno ha acabado los estudios. De los 55 de mi familia ni uno ha acabado los estudios.
L. Gomis: ¿Por qué no?
M. Chaib: Porque no han recibido apoyo ni desde la familia ni desde la escuela, no ha habido un seguimiento. Uno puede pensar que esa no es tarea de los profesores, que bastante trabajo tienen. Pero precisamente por eso creo que habrá que diseñar políticas para que no se produzca.
J. Pérez: ¿El porcentaje de población inmigrante que no ha acabado sus estudios es mayor que entre autóctonos?
M. Chaib: Sí, es mucho mayor. No es un problema sólo de estatus social.
L. Gomis: ¿Y qué hacen los que no han acabado los estudios?
M. Chaib: Muchos de ellos son fuente de conflictos. Aunque es cierto que eso tiene que ver con el estatus social, no debemos caer en el error de pensar que inmigrante es igual a pobre. Cuando un inmigrante llega es necesario prepararle un buen proceso de acogida: que conozca cuáles son sus derechos y deberes, que tenga la oportunidad de obtener una vivienda, de poder reagrupar a su familia, que sus hijos vayan a la escuela. Pero después, una vez que esa persona se haya estabilizado, hay que dejarla que funcione como cualquier otro ciudadano y si eso fracasa ya no tiene que ver con el estatus social.

Políticas de inmigración
J. Pérez: Antes decía que una de las claves para integrar a los musulmanes eran las políticas de inmigración. ¿Cómo son ahora o cómo debieran ser si no son las correctas?
M. Chaib: Hay dos tipos de políticas de inmigración. Unas que están dirigidas desde la administración central –como es el caso de la famosa Ley de extranjería– y otras que se llevan a cabo desde las Autonomías y Ayuntamientos.
J. Pérez: Empecemos por las del Gobierno central.
M. Chaib: Ahora tenemos una situación complicada, con miles de personas trabajando en situación irregular. Si están trabajando es porque el mercado laboral las necesita, y no es aceptable que los empresarios no puedan regularizarlas. Estamos creando unas bolsas de marginación y explotación tremendas y unas diferencias enormes con los autóctonos o inmigrantes con papeles, porque unos cotizan en la Seguridad social, pagan sus impuestos y otros no. Así que creo que el Gobierno debe tomarse muy en serio esta cuestión, y no mirar a otra parte. Y no digo “papeles para todos” porque no es bueno para nadie.
J. Pérez: ¿Tampoco es bueno para los que ya están trabajando en situación irregular?
M. Chaib: Sí, para estos papeles, para estos ya no hay vuelta de hoja. Hay que regularizarlos inmediatamente, dándoles un permiso de trabajo y de residencia.
J. Pérez: Lo que significa seguridad social, educación para sus hijos.
M. Chaib: Sí, ya es un ciudadano.
J. Pérez: ¿Qué es un inmigrante ilegal?
M. Chaib: Yo no digo inmigrante ilegal, sino inmigrante en situación irregular.
J. Pérez: ¿Qué es pues un inmigrante en situación irregular?
M. Chaib: Son los que han llegado y no tienen ningún permiso de residencia. Ni lo han solicitado en su país ni aquí.
J. Pérez: Pero están trabajando y son miles.
M. Chaib: Sí. Cada organismo da unas cifras. No hace mucho, el sindicato UGT habló de 200.000 personas en situación irregular en Cataluña y en España se habla de un millón. Y por ejemplo de las 200.000 de Cataluña pongamos que el 50 por ciento esté trabajando: ya son muchas personas.
L. Gomis: ¿Y qué habría que hacer?
M. Chaib: Que se cumpla lo de los contingentes –los famosos cupos– que cada año crea el Gobierno. Así se contratan a inmigrantes en origen ya con un permiso de residencia y trabajo, pero eso ha sido también un fracaso debido a la lentitud burocrática con que se ha llevado el proceso.
J. Pérez: ¿Los cupos han funcionado en algún país?
M. Chaib: El problema es que aquí si en el 2002 y 2003 los empresarios habían solicitado 30.000 personas para que se contrataran en los diferentes países con los que España había llegado a un acuerdo, al final sólo se consiguieron 2.000. Eso significa que el proceso ha sido muy negativo. ¿Y por qué? Porque cuando un empresario solicita a una persona inmigrante, el Gobierno tarda, como media, seis meses en contestarle y claro, entonces el empresario ya no lo necesita.
L. Gomis: ¿El que pierde el trabajo pierde también el permiso de residencia?
M. Chaib: Sí, aunque puede acceder al paro y desde ahí tramitar un permiso de residencia. Ahora ya son muchos los inmigrantes que tienen el permiso de residencia permanente de cinco años. El primer año te dan un permiso de residencia de un año, entonces debes buscar un contrato u oferta de trabajo para poder renovarlo, pero una vez que lo renuevas ya es de tres años y después de cinco. El de cinco ya es permanente y aunque te quedes sin trabajo nadie te puede expulsar.
L. Gomis: ¿Y del permiso de residencia permanente a la nacionalidad?
M. Chaib: Son cinco años más. Para obtener la nacionalidad española son diez. Y no es automático, hay que solicitarla y en principio con diez años de residencia no te la deberían denegar, pero el proceso es muy lento, tarda una media de dos o tres años.
J. Pérez: ¿Cuántos inmigrantes regularizados hay?
M. Chaib: Cerca de 1.700.000 en toda España. Pero los últimos datos que han salido de personas empadronadas en España es de 2,2 millones. O sea que empadronadas –lo que permite la atención sanitaria– pero sin permiso de residencia tenemos a medio millón más. Y habría unas quinientas mil más que ni siquiera están empadronadas, que no tienen ni derecho a la sanidad.
L. Gomis: ¿El empadronamiento no implica permiso de residencia?
M. Chaib: No, en absoluto. Simplemente uno llega a un municipio con el pasaporte o con el DNI del país de origen y dice que vive en ese municipio en tal calle. Y desde el día que solicita el empadronamiento si pasa tres años empadronado la Ley de extranjería le permite pedir un permiso de trabajo y residencia siempre y cuando aporte una oferta de trabajo (ya que no puede estar trabajando porque no tiene permiso) y tenga algún familiar.
J. Pérez: ¿Y cómo puede haber estado tres años empadronado sin haber estado trabajando?
M. Chaib: Él puede estar empadronado pero puede haber estado trabajando o no, depende.
J. Pérez: ¿Y para el Gobierno qué está haciendo?
M. Chaib: Para el Gobierno está en situación irregular, con lo cual lo que tiene que hacer es regularizarse después de tres años. Es decir, que le permite que esté tres años haciendo lo que quiera. J. Pérez: Pero si le pillan le expulsan.
M. Chaib: Sí, claro. Le aplican la Ley de extranjería, que dice que todo aquel que esté en situación irregular debe abandonar el país.
J. Pérez: ¿Y cómo han entrado? M. Chaib: Pues cada cual como ha podido, unos a través de las pateras, que no es lo mayoritario, aunque sea lo que más se ve. La mayoría viene con un visado de turista concedido por embajadas españolas y cuando caduca se quedan aquí.
J. Pérez: ¿Y lo conceden con facilidad?
M. Chaib: No, pero si estás trabajando allí puedes conseguir un certificado para pasar unos días en España. Tampoco debemos olvidar las mafias y los pasaportes falsos. Muchos han venido incluso con visados falsos. Pero una vez dentro ya nadie les pregunta cómo han llegado. El objetivo es empadronarse, encontrar trabajo e intentar aguantar tres años y que un empresario les haga una oferta.
L. Gomis: ¿Y el siguiente paso es reagrupar a la familia?
M. Chaib: Sí, tradicionalmente primero viene el hombre. Aunque cada vez hay más mujeres que llegan primero y luego reagrupan al marido y a los hijos.
J. Pérez: ¿Los cupos van a parar la inmigración irregular?
M. Chaib: Los cupos son muy importantes. Es importante que los empresarios se pronuncien en relación a la cantidad de personas que deben venir de fuera según el sector. Esta es una vía, y si los inmigrantes en el país de origen perciben que sólo hay un camino –la contratación en origen– para que vengan de la manera más digna posible, sin arriesgar sus vidas en el mar, pues la considero una alternativa positiva.
J. Pérez: ¿Qué se puede hacer desde los países de origen?
M. Chaib: Los cupos deben combinarse con un desarrollo económico y social de los países de origen. Es importante que exista una cooperación de la Unión Europea con estos países. En cuanto a los que ya están aquí hay que trabajar para su integración. Desde el Gobierno sólo se oye Ley de extranjería, medidas policiales, pero nadie habla de integración. Y es enormemente importante considerarlos ciudadanos como cualquier otro. Además hoy vemos cómo personas que llevan muchos años aquí se levantan por la mañana y piensan que los servicios sociales les van a solucionar todo. Eso no es ninguna integración. Un inmigrante debe ser un ciudadano más. Los servicios sociales juegan un papel importantísimo en el momento de acogida, pero después hay que dejar que los ciudadanos se desarrollen.

Biografía de tánger a diputado
Mohamed Chaib Akhdim nació en Tánger en 1962. En 1968 llegó a Sant Boi de Llobregat. Cursa sus estudios entre Tánger y Barcelona, a la que regresa en 1975. Comienza sus estudios superiores de Farmacia en Granada y los termina en Barcelona en 1991. En 1994 funda la Asociación Socio-​Cultural Ibn Batuta, que presta ayuda humana, social y cultural a los inmigrantes residentes en Cataluña, y que trabaja en pro de la integración y la convivencia. Actualmente es el presidente de dicha entidad, que forma parte del Consejo asesor de inmigración de la Generalitat, de la vicepresidencia del Consejo asesor de inmigración del Ayuntamiento de Barcelona, y ocupa la vicepresidencia del Foro para la integración de los inmigrantes en todo el Estado. Desde 1995 milita en el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) y entra a formar parte de Ciutadans pel Canvi (CpC), un movimiento cívico-​político nacido en 1999. Actualmente es diputado del Parlamento de Cataluña por el PSC-​CpC.

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