Ningún lugar exclusivo

Norbert Bilbeny (Catedrático de Ética de la Universitat de Barcelona)
‘Si no te portas bien, no irás al cielo”. Toda mi niñez oyendo eso. No me porto bien, y aún espero ir al cielo. Pero ya no lo imagino alto, ancho y azul, con un Dios barbiblanco abrazándome, más parecido al rey Gaspar que al Baltasar.
Lo único que puedo imaginar es que el cielo no cabe en ninguna imaginación. Además, lo prefiero así. O ya no sería el cielo.
Pero lo poco que consigo visualizar, y con gran, gran esfuerzo, son imágenes de mis deseos. Espero, y así lo imagino, que en el cielo estén todos los buenos y ninguno de los malos. Espero que estén las personas que amé antes de morirme. Espero estar yo mismo, sin riesgo de expulsión.
Espero no ver sufrir a nadie de los que están todavía en la tierra: en primer lugar a los míos, después a los buenos en general, e incluso a los malos, porque ya se quedarán sin cielo. Y espero ver de una vez a Jesús de Nazaret.
Si el cielo no tiene todo eso, por muy celestial que sea, paso de cielo. Pero, si además de lo esperado, el cielo me permitiera viajar desnudo con mi mujer, ambos en pie a la proa de un barco de vela, cruzándonos alguna vez con un Ulises rapsoda o cantor, atleta o príncipe, el cielo sería el no va más de perfecto.
Bueno, un poco imperfecto, porque está claro que no me lo habría merecido.

Revistas del grupo

Publicidad