Un hotel de muchas estrellas

Raúl Guerra Garrido (Escritor)
El lugar es como un hotel de muchas estrellas y, lógicamente, no sé por qué me parece lógico pero me lo parece, está pintado de azul. El vestíbulo es amplísimo y no obstante acogedor. El recepcionista es un joven chino, un tanto hierático, que viste un impecable frac gris perla y me recibe junto a los tres únicos objetos que amueblan tan vasto espacio: un contenedor, una papelera y un olvido. No habla mi idioma pero su pálida voz es la de la telepatía, nos entendemos sin necesidad de intérprete. Me saluda por mi nombre de pila y me va indicando el protocolo a seguir.
En el contenedor he de depositar la chatarra: reloj, móvil, llaves, calculadora, magnum, prótesis… En la papelera lo obvio: deneí, tarjeta de crédito, tarjetas de visita, billetes, bonobús, foto de la novia… En el olvido los números que me configuraban: teléfono, matrícula del coche, documento de identidad, fecha de nacimiento, acceso al domicilio, veinte dígitos de una cuenta corriente… Lo hago con sumo gusto.
Ahora cruza esa puerta. Desnúdate, introdúcete en el baño, date un baño con agua calentita, relájate y aguarda.
Escribo desde la bañera, esto va muy bien.

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