Qué me molesta

Rosario Bofill, Mª Eugenia de Andrés, Miquel Delás, Toni Delás, Pere Escorsa, Lorenzo Gomis, Soledad Gomis, J. A. González Casanova, Carlos M. Moreno, Jordi Pérez Colomé y Eulàlia Tort Bodro
Perdercosas.
Perder cosas y tener que volver sobre mis pasos.
Las cenas en que todo el mundo dice lo previsible.
Que hablen mal de mis compañeros del colegio.
Los dedos inquietos que aguardan ansiosos que el semáforo se ponga verde para dedicar un solo de bocina al coche de delante.
La gente que siempre se queja.
Los vigías de Occidente.
Los bienintencionados que hacen cruzar la calle a viejecitas, aunque éstas no quieran.
Los que ellos ya lo han hecho antes.
Los intolerantes.
Los que nunca tienen tiempo.
Los que siempre están reunidos.
Los que no se ponen al teléfono.
Los que se cuelan en las colas y presumen luego de ello.
Los que piensan que el mundo es una selva.
Los que dicen que la juventud no es como la de antes.
Los que creen que nunca se deprimirán.
Quienes echan balones fuera.

La puertaabierta del baño.
La tapa abierta del WC.
El olor a cebolla.
Que los camareros te sirvan de mal humor.
Que se deje la silla de cualquier manera al levantarse de la mesa.
El olor a ajo.
El fútbol en la tele.
La música a tope.

Que vendan el pancongelado como “hecho a la leña”.
Que los diputados dejen el hemiciclo para ver un partido de la selección.
Que Barcelona sea una ciudad antitaurina.
Los libros con títulos tipo Ser feliz en 24 horas.
Decir que soy vegetariana y, acto seguido, me pregunten si como jamón.
Pedir sacarina con el café después de dos platos y postre.

Me molesta el egoísmo indiscriminado. En la medida de lo posible, ya me aparto de los egoístas, pero los peores son los que no están relacionados con uno y no puedes evitar. En general están relacionados con los siguientes actos:
Los que en la calle aparcan encima de la acera impidiendo el paso.
Los que se saltan los semáforos: ¿sólo ellos tienen prisa?
Los ruidos: ¿ha pensado el que lleva una moto sin tubo de escape a cuántas personas despierta en su recorrido?; la música de coches a todo volumen; los gritos en la noche de juerguistas pasados de copas.
Los que no reciclan. No soporto ver como dejan montones de periódicos para que los recoja el portero. Sobre todo porque tenemos un punto de recogida a 20 pasos.
Los que son cortos intransigentes. Estos más que molestarme, me alteran.
¡Ah! Y los que te hablan como si fueras tonto (pasa a veces con algunos médicos). Y los dependientes/​as para los que eres transparente, entretenidos charlando con sus amistades.

La prepotencia.
La ironía cruel.
Las conversaciones cruzadas.
Las personas que hablan “chillando”.

Las averíasinformáticas.
Las personas que no son fieles.
Los bancos (hipotecas…).
La telebasura (corazón, famosos…).
La gente poco amable, que no trata bien al público (funcionarios, taxistas…).
Los “trepadores” en las empresas.
Las personas que pasean a sus perros para que hagan sus necesidades en la calle.
Ciertos anuncios publicitarios.
Las personas que sólo hablan de ellas.

La gentea la que le molestan muchas cosas.
Pedir un café corto y que me traigan un pozal donde puedo bañarme.
Los e-​mails que me reenvían.
Los que se creen que son alguien.
Los sosos.
Las sosas.
La velocidad.
Que el azúcar sea malo para la salud.
La gomina.
Los portazos.
Los anuncios de coches en carreteras solitarias.
Que el camarero te saque un refresco en una terraza para que o tomes otro o te vayas.
La humedad que lleva dos años en la pared de mi casa, y que va creciendo.

La luz cuando duermo.
Las aspiradoras matutinas.
Los conductores agresivos.
La televisión encendida a todas horas.
Mi jefe.
La arrogancia.

La ley del embudo(ancha para ti, estrecha para mí).
Las propuestas sin respuesta.
Los interlocutores que dan por sentado que pensamos como ellos.
Los salvadores de la patria.
Los que olvidan que nacer aquí o allí es un accidente.
El clasismo.
La gente pija que habla como si tuviera una manzana en la boca.

No saberde un amigo.
Perder incluso a las canicas.
Perder por culpa del árbitro.
Salir de casa y que aún sea de noche.
Los que ya te llamarán.
Los que no escuchan porque ya lo saben.
Los que hablan sin mirarte a la cara.
Los que callan porque opinan diferente.
Comer solo.
Que me cuenten el final de una película.
Oír hablar a los adultos como jóvenes.
La canción del verano.
Las conversaciones metereológicas del ascensor.
Los que gritan para ser escuchados.
Oír siempre el mismo chiste.

Que llames a Telefónica y te digan que te atiende la posición 13.723.
Los cambios de dependientas en las tiendas a causa de los contratos temporales.
Que los jefes abronquen a los empleados en público.
Que me apriete el zapato.
Que llame a un sitio y me digan: “Las líneas están ocupadas, le atenderemos en breves instantes, no cuelgue por favor”.
Los cines en los que hay dos colas y la gente que viene y te pregunta si esa cola es para entrar o comprar la entrada.
No saber a qué hora acaba una película a causa de los anuncios.

Las músicas de los bares.
La música de las esperas telefónicas.
Los cajeros que sólo dan billetes grandes.
Las declaraciones de la Conferencia Episcopal, sean las que sean.
Los resfriados.
La puerta del ascensor que alguien dejó abierta.
Los desdenes de los políticos a sus colegas.
Las motos que pasan por la derecha.
Las prisas.
Decir constantemente “entre comillas”.
Los best-​sellers.
Los escupitajos.
Las risas enlatadas de la tele.

Revistas del grupo

Publicidad