A LOS MÉDICOS NO SE LES ENTIENDE
Tenía preparadas dos o tres preguntas

Máximo
Dibujante
Para ser justos hay que decir que algunos médicos, quizá muchos, escuchan y hasta nos salvan la vida si es menester. Escuchan sobre todo si son amigos o si la relación médico-​enfermo se desarrolla en la esfera privada. En la pública es difícil que un médico escuche más de cinco minutos salvo que lo que vean en el enfermo sea de pronóstico grave. Si escuchase seis minutos la cola de los pacientes se colapsaría más de lo que normalmente está.
Una vez estuve seis días en un gran hospital por una infección urinaria. Ingresé por urgencias, donde no cruzaría con el médico de guardia más de veinte palabras. Durante la semana me visitaron seis urólogos distintos, en esa visita mañanera que con razón cronológica se llama “la visita del médico”. Yo siempre tenía preparadas dos o tres preguntas para hacer al facultativo veloz que pasase por allí. Le hacía una mientras él hablaba con la enfermera, me respondía que “no me preocupase” y cuando iba a hacerle la segunda pregunta, ya estaba el doctor saliendo por la puerta con un semblante científico pero impenetrable.
Seguramente es el tiempo de que disponen los doctores para cada consulta o acto médico lo que les lleva a sobrevalorar la incoherente perorata del enfermo mientras el médico extiende las recetas y pasa “el siguiente”. Pero en muchos casos también actúa un estupor que acomete a ciertos médicos ante la pretensión absurda del paciente de saber qué le pasa. Para este tipo de médicos herméticos el paciente debería circunscribirse a su condición de pieza anatomopatológica y dejarse de preguntas cuya respuesta lo más probable es que no lograse entender.
En resumen, ¿podrían los médicos (bastantes médicos, no todos) considerar que lo que tienen delante es una persona cuya curiosidad por lo que ocurre en su cuerpo mortal no tiene por qué considerarse obstrucción al ritmo sanitario y excentricidad indagatoria?

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