Frei Betto: “Dios habla por varios teléfonos»

El dominico Frei Betto simboliza para muchos el papel de la teología de la liberación hoy. En esta conversación cuenta sus puntos de vista.

Hernán Ingelmo: ¿Cuál es el papel de las religiones hoy?

Frei Betto: La religión es algo que puede servir para liberar o para oprimir, como la política. Yo considero la religiosidad una dimensión esencial del ser humano, como la sexualidad. Y cuando uno no trata de elaborar su religiosidad tiene el riesgo de que le salga por vías que no debe. Por ejemplo el fundamentalismo político o el dogmatismo científico son formas equivocadas de religiosidad. La religiosidad es una búsqueda de comprender las realidades que la razón no puede explicar. Eso no significa que sea un sucedáneo, algo que sirva para ocupar o justificar la ignorancia. Yo me quedo con Santo Tomás de Aquino que dijo que la razón es la imperfección de la inteligencia. Y la fe es una virtud de la inteligencia. Nosotros no tenemos como manera de conocimiento solamente la razón. Por ejemplo, en la experiencia más fundamental del ser humano –la experiencia amorosa – , la razón cuenta muy poco. Uno no se vincula a otra persona a partir de motivos racionales sino por motivos de inteligencia, de intuición. Las dos palabras tienen la misma raíz: intuición e inteligencia. Inteligencia en latín significa intus legere, ser capaz de leer por dentro. Hay personas que son analfabetas y son sumamente inteligentes. Creo que la religiosidad se pone en este ámbito de la inteligencia. Ahora, desde su utilización racional, por ejemplo, elaboración de doctrina, poder religioso, se puede utilizar para liberar o para oprimir.

H. Ingelmo: ¿Cómo se vive el diálogo interreligioso en Brasil?

F. Betto: En Brasil no tenemos ninguna dificultad en cuanto al diálogo con las tradiciones africanas, europeas, orientales o de Oriente Medio, como judíos y musulmanes. Por increíble que parezca las dificultades que tenemos están dentro de las propias tradiciones cristianas, sobre todo con los pentecostales y no pentecostales. Ahí es mucho más difícil el diálogo porque es como si ellos hubieran establecido con nosotros, católicos, que somos la mayoría, una especie de competición, vamos a decirlo así. Ahí es más difícil. Pero con las religiones no cristianas va muy bien el diálogo. No se trata de estar junto a una mesa debatiendo en qué punto nuestras doctrinas coinciden o no. Se trata de estar juntos en las prácticas sociales políticas, en la luchas por los derechos humanos, las luchas para mejorar la democracia, y ahí estamos juntos.

H. Ingelmo: El sincretismo se plantea como una situación negativa desde la perspectiva católica. ¿Cree que hay algún punto positivo en el sincretismo?

F. Betto: Yo me pregunto si hay alguna manifestación religiosa que no sea sincretista. Para mí es una tontería ese prejuicio y la utilización de esta palabra. Porque desde el catolicismo del Vaticano que tiene elementos romanos, griegos, judíos y de la nobleza europea, hasta cualquier otra manifestación religiosa, todas son sincretistas. No existe religiosidad pura, químicamente pura. Son tonterías. Creo que uno de los elementos buenos para el diálogo interreligioso es partir de este hecho: que toda manifestación religiosa es también una manifestación cultural y toda manifestación cultural es como una sopa que viene con mucho ingredientes de muchas tradiciones. Uno puede no percibir qué contiene la sopa, uno prueba la sopa, y no percibe que hay un poquito más de chile, que hay una verdura, que hay una zanahoria, no importa. Lo que importa es que efectivamente el sincretismo es una característica intrínseca a toda manifestación religiosa y justamente el fundamentalismo aparece cuando uno piensa que su manifestación es la única pura.

LA PRIMERA RELIGIÓN GLOBALIZADA
H. Ingelmo: ¿Cuál cree que es la aportación que hace el cristianismo al mundo de las religiones?

F. Betto: El cristianismo desde sus fundamentos tiene una cosa muy revolucionaria. Ha sido la primera religión que ha superado las fronteras étnicas, las fronteras nacionales. Ha sido la primera religión globalizada. De ahí viene la palabra católica, que significa “universal”, hoy la traducción más actual sería globalizada. Es la primera vez que una religión ha extrapolado las fronteras de una etnia, de una nación para proponerse a todos los pueblos, sin riesgo de que estos pueblos deban dejar sus propias culturas y raíces. Esa es la gran novedad del cristianismo. O sea, está basada en valores, no tanto en la fe en Jesús. Es mucho más importante para el evangelio que uno sea capaz de amar, de practicar la justicia, de estar al lado de los pobres, aunque no tenga fe, y eso es lo más revolucionario, lo más avanzado del cristianismo. O sea, uno puede tener mucha fe pero como dice la carta de San Juan: “si das la espalda al pobre” no has entendido nada. Otro criterio de fe como dice el capitulo 25 de Mateo: “Tuve hambre tú me has dado de comer. ¿Cuándo Señor? Cada vez que hiciste a uno de estos pequeños a mi me lo hiciste”. O sea, lo más importante en la práctica cristiana es la lucha por la justicia, es la entrega de amor.

H. Ingelmo: ¿Cómo ves la Iglesia Católica en los próximos años?

F. Betto: Desde el punto de vista institucional veo que va a pasar por una crisis muy grave porque no está sabiendo adaptarse a la posmodernidad. Todavía es una Iglesia pretenciosa, muy institucionalizada y no ha lanzado mano de las vías más posibles de una renovación, como es el caso de las comunidades eclesiales de base, que posibilitarían a la Iglesia estar organizada en diferentes sectores de la sociedad y no esta cosa medieval, de pensar que la gente todavía es vecina porque vive en la misma área territorial como es la división de las parroquias. Eso es una cosa premoderna que ya no tiene sentido. Nadie va a la parroquia porque convive con sus vecinos. Tu mejor amigo está al otro lado de la ciudad, entonces deberemos pensar otra estructura pastoral para la iglesia católica.

H. Ingelmo: ¿Las comunidades de base han experimentado un retroceso?

F. Betto: Sí, un retroceso por falta de apoyo desde Roma. También porque muchos militantes con la apertura política se fueron a los movimientos políticos. En el caso de Brasil todavía siguen. Ahora estamos preparando el décimoprimer encuentro de las comunidades de base que va a ser en julio del próximo año, vamos a reunir más o menos unos tres mil representantes. Sigue pero ya no tiene el impacto social político que tenía en los años 70 y 80.

H. Ingelmo: ¿No es contradictorio que desde la jerarquía de la Iglesia se promueva la democracia y tenga una estructura tan vertical?

F. Betto: Sí. Es una contradicción porque la Iglesia siempre ha luchado por la democracia pero yo diría que, a pesar de la estructura vertical, la Iglesia tiene una ventaja, un punto positivo: acepta mejor la crítica interna que muchas otras instituciones verticalistas. Entonces por eso un Leonardo Boff y un cardenal Sodano pueden convivir en la misma Iglesia, la teología de la liberación y el Opus Dei pueden convivir en la misma institución. Esta es una ventaja desde el punto de vista de la tolerancia que hay hoy en el interior de la Iglesia.

H. Ingelmo: ¿Tuviste algún vínculo con alguna otra tradición religiosa que sientas que te haya hecho bien?

F. Betto: Muchas tradiciones. Desde el candomblé, las religiones de tradición africana que hay en el Brasil, que tienen una liturgia muy integral, muy holística, muy participativa. O sea, cada vez que uno va a su culto es como una experiencia mística. Hasta la influencia del budismo en la meditación. Yo creo que el budismo en ese punto nos ayuda muchísimo a aprender a orar mejor. Hay muchas tradiciones con puntos positivos. Siempre que uno toma contacto con la religiosidad hay algo que aprender. Yo pienso que es el mismo Dios que habla por diferentes teléfonos. No debemos pensar que Dios tiene un solo número de teléfono. Dios tiene muchos.

H. Ingelmo: Entonces ¿hay distintos caminos de salvación?

F. Betto: Sí. Eso es totalmente conocido. Y el camino número uno y principal es el amor, que no depende de religiones. Las religiones quieren imponer el amor pero una persona que no tiene ninguna religión, por ejemplo, puede ser más santo, para utilizar una categoría tradicional, que aquel que puede ser un Papa pero puede ser un egoísta. Esta es la novedad.

H. Ingelmo: ¿Qué significa para Frei Betto ser discípulo de Jesús?

F. Betto: Una cuestión de amor. Jesús ha dado la dirección, el sentido de mi vida y es mi parámetro. Yo soy muy dostoievskiano en mi fe cristiana. Dostoievski decía que aunque le probasen que Jesús no estaba en la verdad él permanecería con Jesús. Yo estoy un poco por ahí.

H. Ingelmo: ¿Lo mismo le va a pasar con Lula?

F. Betto: No, con Lula somos amigos. Y pase lo que pase en sus caminos políticos yo no voy a confundir jamás la amistad personal que tenemos con el proyecto político que muchas veces acepto y otras veces soy crítico.

H. Ingelmo: ¿Cómo es eso de que el hombre nuevo nacerá del matrimonio entre Teresa de Ávila y el Che Guevara?

F. Betto: Yo pienso que Santa Teresa de Ávila, de la gente que conozco bien, es la persona que mejor reúne las condiciones subjetivas del cambio que debemos producir en nuestras vidas. El Che Guevara reúne en cambio las condiciones objetivas del cambio. Porque el Che Guevara para mí es en la política lo que Francisco de Asís ha sido en la religión. O sea, un hombre que tenía todo, que una vez llegado al poder estaba muy bien con sus compañeros cubanos y en paz con la historia, y sin embargo se despojó de todos los honores del poder para dedicarse anónimamente a liberar otros pueblos. Para mí esas dos dimensiones reunidas son las que van a generar el hombre y la mujer nuevos.

H. Ingelmo: ¿Cree que en los 70 faltó esa capacidad mística en los grupos revolucionarios?

F. Betto: No, no creo que faltara. Es muy difícil pasada la experiencia defender cosas que no eran propias de la época. Diría que faltó trabajar mejor la subjetividad. Nosotros éramos un poco mecanicistas, dogmáticos. No nos dábamos cuenta de las dimensiones de la subjetividad humana. Por ejemplo, en aquel tiempo, no vi nunca a la izquierda debatir la cuestión de la afectividad, de la sexualidad. De la religiosidad se hablaba porque los cristianos se acercaban a la lucha revolucionaria, pero no se profundizaba mucho. Nosotros nos dejamos llevar por una crisis de pensamiento muy dogmático. Por ejemplo, teníamos coraje, teníamos dinero de las expropiaciones bancarias, teníamos armas, teníamos ideología, pero no teníamos lo esencial que era el apoyo del pueblo. Porque no teníamos esta claridad de que debíamos ser retaguardia del pueblo, que debíamos estar junto al pueblo, y por eso montamos toda una estructura muy artificial, que nos costó todo el sacrificio de la derrota. Porque si uno tiene el pueblo no necesita alquilar apartamentos, no necesita hacer expropiaciones bancarias, porque con el pueblo usted está como pez en el agua, y eso nos faltó.

H. Ingelmo: ¿Cómo ve la juventud de hoy?

F. Betto: Yo agradezco a Dios haber sido joven en los años 60. Yo pienso que la juventud está muy desmovilizada. Le falta utopía en las venas. Y cuanto menos utopía mayor es riesgo de droga. Pienso que la juventud está muy impactada por toda la presión del consumismo neoliberal. A la juventud no le gusta ese sistema pero no tiene claridad por dónde ir. Por ejemplo, la juventud ya no acepta los parámetros de la moda, pero se cambia a sí misma cuando debería estar preocupada por cambiar la realidad. Entonces tienen un piercing en la oreja, otro en la lengua, un tatuaje en la piel, pero no cambia la realidad.

LA DEMOCRACIA NO MOVILIZA TANTO
H. Ingelmo: ¿Se han perdido las condiciones de los 70?

F. Betto: Sí, las condiciones objetivas sí, porque hoy no vivimos en dictadura. Ahora tenemos una democracia burguesa que es mejor que vivir una dictadura pero que no moviliza tanto. Porque en una dictadura el enemigo está ahí visible, inmediato, entonces la gente reacciona. Ahora tenemos que crear nuevos movimientos que empiecen a crear las condiciones subjetivas porque las condiciones objetivas no pueden ser bien aprovechadas si antes no se han creado las condiciones subjetivas. Esta es nuestra tarea ahora.

H. Ingelmo: ¿Cuáles son las dificultades de las democracias de Brasil y Argentina?

F. Betto: La dificultad es encontrar una alternativa propia de desarrollo. Primero no pueden aislarse del conjunto internacional. El mundo está demasiado globalizado, interrelacionado para pensar que Brasil solito puede salir adelante. Es impensable. Pero eso no signifique sujeción al imperio. Ese es el desafío. O sea, cómo rescatar nuestra soberanía y tener un desarrollo propio que no dependa de las presiones del imperio. Tener relaciones, sí, pero no tan sujetas a las conjunciones del imperio. Creo que es el desafío encontrar un camino, quizás con la unidad de América del Sur, Mercosur, como la Unión Europea, que va ayudando a los europeos a estar un paso atrás del imperio, quizás por ahí podemos lograr alguna cosa.

H. Ingelmo: Ha crecido mucho el Mercosur en este último tiempo.

F. Betto: Sí, ha crecido mucho el Mercosur, se ha reforzado mucho. Lula ha hecho una inversión fuerte ahí para rescatar el Mercosur. Y ahora conviene acercar más al grupo andino. Las relaciones entre Brasil y Argentina están muy bien en este momento.

Revistas del grupo

Publicidad